El Comercio
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Fecha: febrero, 2015
¿Qué pasará en Oviedo?
Luis Arias Argüelles-Meres 28-02-2015 | 11:06 | 2

En el homenaje que recientemente se le rindió a resultas de haber sido reconocido como “ovetense del año”, el actual Alcalde carbayón no desaprovechó la oportunidad  de alertar acerca de los riesgos que pudieran derivarse de la más que previsible mudanza en el mapa político general, así como en el de Oviedo en particular.  Es la historia que tantas y tantas veces se repite, reserva ante lo nuevo, reticencia a dar la bienvenida a los cambios,  indisposición a concederles tan siquiera el beneficio de la duda. Y, en el caso que nos ocupa, don Pero Grullo nos diría que nadie puede estar más interesado que el propio Alcalde en que se mantenga la actual situación, incluso sin mayoría absoluta, pero ejerciendo de primer edil. Y, allí, frente al Oviedo oficial, estaba el Oviedo del descontento, descontento ante la vieja política en Vetusta y en Asturias. ¿Habrán tomado nota los principales implicados?

FAC tendrá que reinventarse tras el fracaso estrepitoso de la anterior candidatura, rota por los transfuguismos,  descabezada por el abandono de Arturo González de Mesa, desprestigiada por episodios que también llevaron a dimisiones. Más allá del proceso de

primarias en el que ahora se encuentra, la formación casquista tiene muy difícil recuperar la confianza electoral de 2011, que, no lo olvidemos, despojó al gabinismo de una mayoría absoluta que llevaba demasiado tiempo paralizando la vida pública capitalina.

Por su lado, no es pequeño el cambio en la candidatura socialista. Wenceslao López es un político con trayectoria y con discurso, que nada tiene que ver con la persona que le antecedió encabezando la lista de su partido. No tiene problemas con el idioma y en su discurso va más allá de las consignas descafeinadas.

En cuanto al PP, no le resultará fácil a Iglesias Caunedo dejar atrás la resaca de un posgabinismo cuyos grandonismos y excesos continúan pasando factura a una ciudad que no puede seguir estando feliz y confiada en los tiempos que corren.

En lo concerniente a IU, no es novedosa la continuidad de un incombustible ‘Rivi’ que esta vez no cambiará de siglas para comparecer ante el electorado, aunque no es en absoluto descartable que pierda peso en las urnas a resultas de la irrupción de Podemos.

Por su parte, otro partido emergente según las encuestas, Ciudadanos, parece que se enfrenta a serias dificultades para elaborar candidaturas en nuestra tierra.

No sólo no parece previsible que no habrá mayorías absolutas, sino que ni siquiera se puede hablar con seguridad de pactos para formar un equipo de gobierno que cuente con el respaldo suficiente para llevar a cabo sus proyectos.

No sólo se acabó aquel gabinismo zafio y estancado en el que el primer edil se permitía no acudir a la mayor parte de los Plenos, sino que además no resulta fácil prever posibles pactos o coaliciones entre formaciones políticas supuestamente afines, entre otras cosas, porque no está nada claro que la aritmética electoral llegue a permitirlos.

También está por ver por dónde se decantará la formación de Pablo Iglesias si, como parece previsible, llega a tener presencia en el Ayuntamiento de Oviedo.

Sospecho que el cambio llama a la puerta y que la invocación a la continuidad hecha por el actual alcalde de Oviedo no pasará de ser un cumplimiento del guión por su parte.

Por lo demás, habrá que ver, al margen de consignas y topicazos, qué proyectos de ciudad se ponen sobre la mesa y qué grado de confianza obtendrán del electorado quienes los propugnen.

Y, por encima de todo, la vieja política no podrá evitar la decadencia, sin que eso garantice que los que emergen den la talla y estén a la altura. Pero, en todo caso, es más que probable que vayamos a tener ocasión de comprobarlo.

La política, también en Oviedo, dejará de ser aburrida, lo que no deja de ser un logro. Al menos, de entrada.

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Tras el el triunfalismo y la furia
Luis Arias Argüelles-Meres 27-02-2015 | 10:53 | 2

A Rajoy, el debate sobre el Estado de la Nación le sirvió como pretexto para exhibir su cuarto año triunfal, es decir, un discurso que fue, más que ninguna otra cosa, un repertorio de supuestos logros que resultan –qué casualidad– coincidentes con el año electoral por excelencia. A don Pedro Sánchez le supuso su oportunidad de mostrarse digno e indignado con y contra el actual presidente.

Así pues, triunfalismo del primero. Puesta en escena ruidosa del segundo. Ninguna sorpresa, desde luego, pues ambas cosas iban en el guión. No iba a desperdiciar don Mariano la gran ocasión que se le brindaba de erigirse en el gran salvador de la crisis, en artífice máximo de una no tan evidente recuperación que nos abrirá, según él, las puertas a la prosperidad.

Por su lado, don Pedro sabía muy bien que no tocaba mostrarse blando ni comprensivo, sino irritado y acusador. Lo que sucede, al margen de la mayor o menor credibilidad que tal actitud pueda suscitar, es que ese papel no le va bien, lo que influyó en dar la impresión, me atrevería a decir que generalizada, de que se sentía incómodo en ese papel tan severo.

De todos modos, tengo para mí que, a la hora de hacer balance del debate sobre el estado de la nación, pesa mucho más lo que por ambas partes se desaprovechó.

Por parte de Rajoy, don Mariano dejó escapar una ocasión pintiparada para mostrar un mínimo de sensibilidad por las consecuencias de una crisis que sigue acarreando tantos sufrimientos. Vale aparentar ser el hombre tranquilo. Pero es muy perjudicial comparecer como un gobernante insensible. Y, en lo que respecta al señor Sánchez, además de su ruido y su furia, no tendría que haber desperdiciado la ocasión de, al menos, perfilar un proyecto de país, un proyecto claramente distinto al de su teórico antagonista político. Si hubiera que decirlo al orteguiano modo, la España real no puedo verse reflejada en ninguno de los dos discursos de los que venimos hablando. Rajoy vino a escenificar una pantomima estomagante, la de comparecer como el impecable castigador a quien no le tembló el pulso a la hora de exigir sacrificios que, llegado el momento de este debate, prometió un rácano reparto de golosinas.

Y, con respecto al señor Sánchez, hay que decir que, a día de hoy, ni él ni su partido tienen credibilidad a la hora de presentarse como adalides contra la corrupción, como los portadores de un proyecto que apueste en serio por combatir la desigualdad. Fue el Gobierno de Zapatero el primero en inaugurar las políticas de recortes, y no vale atacar esas mismas políticas si las puso en práctica otro partido. Lo dicho: sin proyecto y sin marcar claramente lo que debería ser un antes y un después en el ideario de un partido que en sus siglas se reclama de izquierdas. Y también sin mostrar la contundencia que cabría esperar ante la corrupción si ésta anida en el propio partido.

Rajoy, el salvador de la crisis. Rajoy soslayando, de forma escandalosa, los episodios de corrupción en su partido que siguen salpicando la vida pública e indignando a la sociedad. Indigerible el triunfalismo de uno. Insuficiente y poco creíble la furia del otro. Insuficiente porque hay que señalar el proyecto propio, si lo hubiere. Poco creíble por la razones que acabamos de apuntar.

La muy verosímil despedida del bipartidismo fue una ceremonia que añadió aún mayor decepción a la realmente existente.

Ya es decir.

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Carta abierta a la secretaria de Estado de Educación
Luis Arias Argüelles-Meres 25-02-2015 | 10:54 | 0

Doña Montserrat Gomendio:

Según declara usted, tenemos un sistema universitario insostenible, sobre todo por los gastos que acarrea. Según se explicó, las tasas de matriculación son demasiado bajas y el número de universitarios resulta excesivo. Añade además que se pretende mantener lo existente con bajos impuestos.

Muy señora mía, no se puede figurar usted lo desolador que resulta que, justamente en el centenario de la muerte de Giner de los Ríos, la segunda autoridad española es materia educativa, es decir, usted, se despache de esta guisa. Alguien podrá recordarle, señora secretaria de Estado, que el impulso de la ILE fundada por Giner fue decisivo y determinante para que un país que había vivido siglos de aislamiento emergiese en las primeras décadas del siglo XX con un periodo como la Edad de Plata o Segunda Edad de Oro, según don Juan Marichal. Y aquello, hecho al margen de la España oficial de entonces, no tuvo como principal base el dinero, sino un proyecto de país y un afán de modernización.

A nadie se le escapa que las Universidades públicas suponen importantes gastos económicos. Pero eso no puede servir de pretexto para encarecer las matriculaciones favoreciendo la desigualdad. Y, sobre todo, verá usted, hay una verdad de Pero Grullo que se niega a ver: con el mismo dinero, según los criterios que se sigan, la Universidad actual es manifiestamente mejorable. ¿Necesito hablarle de reinos taifas y endogamias? ¿Necesito hablarle de la práctica imposibilidad en los traslados? ¿Necesito hablarle de las muchas veces escasa meritocracia?

¿No le parece, señora Gormendio, que la Universidad española sería mucho mejor con un sistema educativo que apostase por el conocimiento desde los niveles anteriores de enseñanza? ¿No le parece, señora Gormendio, que en un país como éste, ahogado por los recortes e indignado por tanta corrupción, supone toda una desfachatez cualquier discurso que añore los tiempos, no tan lejanos históricamente, en los que el índice de analfabetismo en España fue escandaloso? ¿No le parece, señora Gormendio, que lo insostenible en un momento como éste sería que se le transmitiese a la ciudadanía que, además de otras privaciones y sacrificios, la Universidad debería ser un lujo sólo alcance de quienes puedan pagarla?

¿Se da cuenta, señora Gormendio, que usted no habla de apoyar el talento, ni de la apuesta de futuro que siempre puede garantizar una buena Universidad? ¿Se da cuenta de que su discurso es reaccionario y es pura contrarreforma, en la línea del discurso del ministro del ramo?

Lo insostenible, señora Gormendio, es su reaccionarismo, así como el desconocimiento muestra acerca de lo que podríamos llamar, siguiendo a Américo Castro, la realidad histórica de España, es decir, desigualdad, pobreza, aislamiento, miseria material e intelectual y retraso de siglos.

Añorar esto último sí que es lo insostenible, señora Gormendio. Insostenible racional y moralmente. Inaceptable de todo punto. Repudiable hasta la náusea.

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¿LA DE LOS TRISTES DESTINOS? (Sobre la Consejería de Bienestar Social de Asturias)
Luis Arias Argüelles-Meres 22-02-2015 | 5:41 | 0

No, no voy a hablar de aquella reina cuyo paso por Oviedo relató con magistral ironía Juan Antonio Cabezas en su biografía sobre Clarín, que fue llamada por alguien ‘la de los tristes destinos’. Es decir, no voy a hablar de Isabel II, ni tampoco del Episodio galdosiano a ella dedicado, sino de la Consejería de Bienestar Social del Gobiernín llariego, a la que se le puede aplicar también semejante denominación.

Triste destino de una Consejería de la que dimitió su titular de un Gobierno socialista a resultas de unas actividades empresariales sobre las que surgieron serias dudas acerca de su compatibilidad con el cargo.

Pero, a pesar de todo ello, don Javier Fernández insiste y persiste en convencernos de la numantina defensa que hace su Gobierno de los derechos sociales y de los servicios públicos y, sin embargo, cada vez son más los colectivos y personas que se dan cita en el Parlamentín planteando sus desacuerdos con privatizaciones y con pérdida de puestos de trabajo. Algo va mal, algo tiene que ir mal, por mucho que nuestro Presidente no decaiga en su discurso.

Triste, muy triste, resulta ver cómo, a pesar de la persistencia de un discurso, que se reclama de izquierdas y firme partidario de la defensa de los derechos sociales, la realidad se encargue de desmentirlo con las comparecencias cada vez más frecuentes de personas que se sienten desamparadas por unas políticas ante las que se sienten víctimas.

O sea, la contestación social y el descontento van a más, justamente casi al final del mandato del actual Gobierno. Y se da la circunstancia de que la contestación y los descontentos se dirigen, en no pequeña parte a esa Consejería de la que venimos hablando, que, junto a Sanidad y Educación, debería ser una de las referencias de un Gobierno que se reclama socialista y que, como venimos diciendo, no deja de reivindicar su sensibilidad social, así como su empeño contra la desigualdad.

Pero la realidad se empecina en estropear el discurso. Tanto es así que nadie se atrevería ni siquiera a sugerir que los colectivos que se manifiestan en la Junta en contra de las políticas de esta Consejería de los tristes destinos son gentes manipuladas por demagogias o conspiraciones de salón.

¡Cuánta tristeza, Dios mío, cuánta tristeza, ver cómo languidece un Gobierno que es víctima, entre otras cosas, de la enorme contradicción que supone que las políticas que sigue desautorizan por completo el discurso que esgrime!

Pero, bien pensado, me pregunto, con enorme inquietud, acerca de la pertinencia de considerar si esa denominación de los tristes destinos no podría aplicarse también a otras Consejerías, como la de Sanidad, a cuyo frente está un ciudadano que tiene y mantiene enfrentamientos continuos con los profesionales del sector.

La de los tristes destinos es la trayectoria de un Gobierno autonómico que va de tristeza en tristeza, de contradicción en contradicción y que se encuentra también a la espera, seguramente con temor y temblor, de una severa respuesta electoral dentro de muy pocos meses.

¡Qué triste modo de languidecer presenta y representa el Gobierno astur!

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¿Qué dio de sí la comisión Villa?
Luis Arias Argüelles-Meres 21-02-2015 | 6:12 | 2

«No ha sido posible dar por sabidas ideas básicas antes expuestas, porque su verdad no es demostrable matemáticamente; hubo así que tener presentes –en interés de esta causa– a quienes razonan mediante «juicios antipáticos a priori» (Américo Castro).

Ignoro a qué conclusiones llegará don Ignacio Prendes en el borrador del informe sobre el ‘caso Villa’, si bien el señor Lastra pone en entredicho la objetividad del diputado de la formación magenta. Una duda a priori. Un prejuicio no sé si analítico o sintético por parte de don Fernando. Ignoro, en todo caso, hasta dónde podría llegar la imparcialidad del parlamentario de UPyD. Ahora bien, ya que con apriorismos estamos, no parece que el portavoz socialista pudiera ser la objetividad en persona cuando se trata de una historia protagonizada por un político de su partido al que estuvo muy vinculado durante décadas.

En todo caso, hubo un apriorismo que se cumplió a rajatabla: la llamada comisión Villa no arrojó luz sobre el origen de la fortuna del exlíder somático. Con eso se contaba. Ni siquiera don Pero Grullo se hubiese equivocado.

Lo que sí toca preguntarse es qué dio de sí la comisión Villa. A este propósito, yo empezaría por señalar la bochornosa actitud del señor Postigo en su ataque a Xuan Cándano. Desde luego, con personajes así, no cabe concebir que nuestra vida pública pueda estar cerca de ser modélica y de regirse con criterios conformes a la meritocracia. Y, por otro lado, como ya escribí en su momento, llama mucho la atención que antiguos colaboradores de Villa, como es el caso del señor Campelo, hayan pasado de la admiración y el halago a rechazos frontales. Lo más suave que se puede decir en casos como éstos es que el discernimiento de los mencionados personajes no sale muy bien parado.

Y, por supuesto, nadie se siente políticamente responsable de lo ocurrido, empezando por los responsables del partido en el que Villa mandó tanto y al que más de uno entre sus actuales dirigentes se lo deben casi todo al exsindicalista del que venimos hablando. Tampoco una oposición que pasaba por aquí. O bien, don José Ángel fue un auténtico virtuoso a la hora de ocultar su lado más oscuro y contradictorio, o bien se miró hacia otro lado de manera inaceptable por parte de unos cuantos. O bien la estulticia de casi todos para no enterarse de nada alcanza lo alarmante.

¿Qué dio de sí la comisión Villa? ¿Acaso la comprobación de un ‘pujolazo’ en versión llariega? ¿Acaso –esto me parece lo más probable– da acuse de un recibo de un fin de etapa política marcado por imposturas y corruptelas que no quisieron ser detectadas, en el mejor de lo casos, por comodidad?

Tengo mucha curiosidad por conocer el informe que redacte el señor Prendes, porque, tecnicismos jurídicos aparte, acaso llegue a convertirse en el documento que certifique la partida de defunción de un periodo político merecedor de pasar a formar parte de la borgiana historia universal de la infamia.

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