El Comercio
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Fecha: mayo, 2015
Recuerdos de Oviedo: El Campo de San Francisco: de relato en relato
Luis Arias Argüelles-Meres 31-05-2015 | 4:07 | 0

“Presentí que caminaba, más que por un parque, por el interior de un poema que había escrito, en un sofoco de amor, el dios del lugar». Xuan Bello.

 

Confieso que, para mí, el Campo de San Francisco de Oviedo no es el interior de un poema, tal y como lo describe Xuan Bello, según atestiguan las palabras que encabezan este artículo, con la genialidad que en él es costumbre, en su libro “Al Dios del Lugar”, sino que lo vine viviendo como el escenario de memorables relatos que marcaron mi vida, relatos en los que cada escenario se corresponde con distintas etapas de infancia y adolescencia.

No olvidaré nunca lo llamativo que me resultó saber que las castañas que ya empezaban a caer en septiembre por el Bombé no eran comestibles, a diferencia de las de Lanio que tanto protagonismo tenían en los trabajos y días de mi pueblo. ¡Qué contraste más sustancial entre el campo y la ciudad marcaba aquello! ¡Y qué coincidencia con la nostalgia septembrina que vivíamos al haberse quedado atrás el verano y, con él, la estancia en Lanio!

Paseo del Bombé: las castañas que se caían en septiembre, las tertulias de gentes que departían andando y desandando por allí, yendo y viniendo; los juegos al pío campo al salir del colegio. La fuente del Caracol, parada obligada por las tardes camino de casa después de haber jugado al fútbol en el patio del colegio tras el término las clases. El Paseo de los Álamos como salida del parque y la última parada que hacíamos muchas veces sentándonos al lado de la escultura que se erigió en memoria de don Carlos Tartiere.

Campo de San Francisco. Paradas itinerantes, cuando íbamos acompañados de familiares que nos compraban barquillos, casi siempre aperitivos de la merienda. A veces, las galletas, con sabor a miel, a veces los barquillos propiamente dichos que restallaban al morderlos. Barquillos, un agradable y consuetudinario alto en el camino.

Campo de San Francisco. ¿Cómo no recordar a aquellos cuidadores del Campo con sus uniformes montaraces que formaban parte del paisaje y que nos remitían a escenarios de series de dibujos animados como si aquello fuese una especie de monte encantado en medio de una ciudad? No sabía entonces que eran conocidos como “los vallaurones”. Los veíamos como parte de un decorado lúdico.

Campo de San Francisco. Muy cerca del Paseo de los Álamos, sentados en uno de los bancos que rodeaban el cerco de uno de los grandes árboles del parque, acostumbraba a ver por las tardes a varios señores mayores que, según recuerdo, hablaban sin mirarse, apoyados en sus respectivos bastones. Aquello tenía lugar a partir de mayo. Se reunían en primavera quienes vivían ya el otoño de sus vidas, y allí rememoraban sus historias, acaso mimándolas.

¿Cómo no recordar a Petra? Ella, como el dinosaurio de Monterroso, todavía estaba allí. Por entonces, ni sabía, ni podía saber, qué cosa era un parque temático. Por entonces, ignoraba que los osos terminarían por convertirse en reclamo turístico en Asturias. Pero me resultaba muy curioso que, cuando mi padre nos hablaba, en las excursiones que hacíamos a la Pola de Somiedo, que por aquellas montañas había osos, eran presentidos por nosotros como animales que amaban lo escarpado y lo oculto, como seres que se pertrechaban lejos de la vista de las personas. Y, en cambio, la buena y entrañable Petra era un ser urbanizado que compartíamos en adopción los niños de Vetusta. Nos gustaba contemplarla y alimentarla. Y no la veíamos como un ser en cautividad, sino como a alguien de los nuestros.

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Borroso tengo el recuerdo de la mona que estaba en el Campo. Acaso por tratarse de una imagen no fácilmente rescatable, no forma parte de los relatos protagonizados por seres entrañables, no forma parte de esas vivencias que conmueven.

Campo de San Francisco. Cruzarlo de día era atravesar un escenario lúdico y cotidiano. Sin embargo, tan pronto  llegaba la noche, se transformaba en algo muy distinto, sobre todo por lo deficientemente iluminado que estaba. Se convertía en un espacio frío con la única utilidad de que acortaba el camino, en el que no tocaba detenerse ni  beber en las fuentes, ni tampoco jugar.

¿Y cómo no recordar a aquel fotógrafo al que, pasados los años, se le homenajeó con una de las muchas esculturas de nuestra heroica ciudad? Alguien me habló, -y confieso no haber contrastado los datos- que era  salense. Lo que sí me quedó de aquel hombre, como algo indeleble, era que en su semblante asomaba un rictus con su no sé qué de tristeza, con su no sé qué de melancolía. Fotos que se hacían con paciencia. Fotos que tenían en el instrumental que usaba un envoltorio en el que había lugar para la magia.

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Campo de San Francisco. ¿Y cómo no referirme también a lo que disfruté leyendo y releyendo “La Regenta” cada vez que se describía el escenario de lo que Clarín llamaba “El Paseo del Espolón”? ¿Y cómo no hacer mención al momento en que nos mudamos a vivir a la calle Santa Susana en el número 27, justo enfrente del llamado Paseo de los Curas? ¿Y cómo no hacer mención, siguiendo la secuencia temporal, al Campo de San Francisco desde la calle Toreno donde viví en el número 5 desde 1973 hasta el 85?

Muy cerca de la Plaza del Carbayón. Casi al pie de la casa en Santa Susana. En uno de sus costados, desde la calle Toreno.

Lo que había sido un escenario de relatos y juegos hasta la adolescencia, pasó a ser, visto desde arriba, desde la terraza, el salón y el despacho de mi padre en la calle Santa Susana, como un paisaje que daba paz. Y, desde la calle Toreno, era la frontera entre el bullicio de los coches  y el bucolismo de un parque, pulmón y corazón de Oviedo.

Habría otros juegos andando el tiempo, otras paradas en el Campo de San Francisco. Y sigo encontrándome con esos pavos reales cuyas colas cuando se abren son hermosos abanicos. Y con esos patos y esos cisnes, y estos últimos me recuerdan a Platón y y a Rubén Darío.

Campo de San Francisco, toda una antología de relatos. Contar y recordar. Recordar y contar, andando y desandando.

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¿DE QUÉ NOSTALGIA NOS HABLA, SEÑORA PALACIO?
Luis Arias Argüelles-Meres 30-05-2015 | 12:12 | 1

«En la lengua, pues, servilismo y poder se confunden ineluctablemente. A esta fullería saludable, a esta esquiva y magnífica engañifa que permite escuchar a la lengua fuera del poder, en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje, por mi parte yo la llamo: literatura» (Barthes).

 

Resulta que en un país europeo llamado España, en el que el hasta ahora partido hegemónico de la derecha fue fundado por un exministro de Franco, todavía hay exdirigentes de esa misma formación política que se permiten tildar de nostálgicos a aquellos dirigentes políticos que enarbolan un discurso crítico con la manera en la que se viene gestionando la crisis económica. Eso mismo acaba de hacer, dentro del circo del periodismo declarativo, doña Ana Palacio, que fue la ministra de Exteriores de aquel Gobierno de Aznar que secundó a Bush en su política exterior con un papanatismo insuperable.

¿Y esta buena señora no es capaz de caer en la cuenta de que la madre de todas las nostalgias en la política española consiste en añorar lo más rancio, lo más casposo y lo más reaccionario de un nacionalcatolicismo que aún sigue ahí en ciertos discursos que añoran aquello?

Desde luego, la formación que lidera Pablo Iglesias se hace merecedora de críticas. ¿Pero qué hay en este partido de esas añoranzas a las que se refiere, con patinazos históricos, la señora Palacio?

¿Qué le parecería a usted si le dijese que yo añoro contar con un jefe de Estado que tradujo a clásicos franceses y que además es autor de la versión castellana de uno de los libros más divertidos del viaje por España, que fue todo un género literario? ¿Y qué le parecería si a continuación añadiese el dato de que el jefe de Estado del que hablo se llamaba don Manuel Azaña? ¿Y qué le parecería, en fin, si, además de todo eso, ampliase mi admiración a toda aquella España peregrina y errante a resultas del exilio, cuando no al fusilamiento y a las cárceles, al que se vieron sometidas grandes personalidades de las letras y las ciencias por parte de aquella dictadura de la que ustedes no acaban de renegar?

Y, mire, doña Ana, de lo que no es fácil sentir nostalgia es de gobiernos como el que presidió Aznar, creyéndose una suerte de político providencial, confundiendo Yalta con las Azores, y encarnando una forma de hacer política que sólo podría ser concebida desde la deprimente y desoladora prepotencia de un mediocre que se cree un líder mundial.

Llevamos muchos años sufriendo en España una corrupción galopante, así como una mediocridad mezquina y afrentosa que, desde luego, no es achacable en exclusiva a su partido político, pero no me podrá negar que vienen contribuyendo a ello de forma notable.

No me corresponde, desde luego, erigirme en defensor a ultranza de los partidos políticos que canalizan un malestar ciudadano inevitable. Pero me parece escandaloso que se hable de nostalgias totalitarias desde un partido político que no repudió oficialmente la herencia ideológica de una de las dictaduras más largas y cruentas del pasado siglo XX.

Y, por último, señora mía (y perdón por la obviedad), tengo para mí que la historia no es lo suyo.

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Panorama vetustense:El Consistorio que viene
Luis Arias Argüelles-Meres 29-05-2015 | 2:02 | 0

Si una docena de individuos, no más de una docena, se encuentranviajando solos a través de una comarca desamparada, bien sea a pie, encarro o en diligencia, una de dos: o al poco tiempo se han puestoteóricamente de acuerdo, aceptando una obligación implícita de cooperar al bien general, y no de estorbarse, constituyendo así unrudimento de Estado, o se han aniquilado a mordiscos al poco tiempo”.Pérez de Ayala.

 

Incluso en el supuesto de que Caunedo se alzase con la Alcaldía a resultas de la falta de acuerdo entre Podemos, PSOE e IU, el próximo 13 de junio no sólo asistiremos al arranque de una nueva Legislatura, sino que además se certificará para siempre el entierro del gabinismo, pues, aunque el primer edil ahora en funciones haya sido el sucesor del actual Delegado del Gobierno, no cabe continuidad ni con una forma de proceder que se prolongó durante más de dos décadas, ni tampoco habrá lugar para seguir contando con la inmensa mayoría de las personas de confianza del referido periodo. Vayamos, empero, a lo que en este momento despierta mayor interés.

Las expectativas están, sin duda, puestas en si se formará o no una especie de coalición de izquierdas entre las listas que encabezan Taboada, López y Sánchez Ramos. Y, soslayando otras muchas cuestiones, en Oviedo hay un hecho diferencial nada insignificante. A saber, para Wenceslao López ser de izquierdas no consiste sólo en una cuestión de siglas; tanto es así que nunca formó parte de los palmeros de la AMSO hacia la FSA. Y, según  quiero creer, si tocase levantar alfombras, no sería pusilánime, por mucho que no siempre le interesase semejante práctica a su partido.

Por otro lado, no se puede poner en duda que la candidatura de Ana Taboada consiguió un éxito electoral importante, ello a pesar de la forma en que se llevó a cabo el proceso de primarias en su lista, que produjo decepciones y reservas más que justificadas. De todos modos, entre el electorado pudo más el afán de rechazo al gabinismo que el posible castigo a una forma de proceder no muy ejemplar en lo referente al asunto que nos ocupa.

Por su parte, la candidatura encabezada por Rivi mantiene el mismo número de concejales que en la Legislatura anterior, lo cual supone también todo un logro.

El Consistorio que viene en Vetusta. Imaginemos que llega a formalizarse el pacto de un Equipo de Gobierno tripartito en nuestra heroica ciudad, a pesar también del capítulo de agravios existente que dejo Rivi en el trasvase que hizo en las pasadas elecciones al volver a IU dejando un inevitable malestar entre quienes lo habían apoyado tras la defenestración que sufrieron en 2007 el propio Sánchez Ramos y su ex compañero Celso. Imaginemos que Wenceslao López apoya ese tripartito a pesar de que para Javier Fernández la formación de Pablo Iglesias vino siendo una especie de anatema durante la campaña electoral.

Es decir, con agravios y contradicciones, Oviedo tendría un Gobierno municipal que no sólo supondría un adiós definitivo al gabinismo, sino que además se vería obligado a acometer como tarea primera ese levantamiento de alfombras que acaso no afectase en exclusiva, aunque sí fundamentalmente, al que llevaba camino de ser Regidor perpetuo de Vetusta.

Pero si se produjese el escenario de una falta de acuerdo entre las candidaturas referidas, Caunedo, tal y como acaba de declarar, tendría en todo momento sobre sí la amenaza de una moción de censura que le arrebatase el bastón del mando, y, por tanto, se vería obligado a alcanzar pactos de continuo sin estar en condiciones en momento alguno de imponer su criterio al margen de los demás.

Moraleja: en el caso de Vetusta, aunque nada cambie, estén seguros que todo no seguirá igual.

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Escenarios de pactos
Luis Arias Argüelles-Meres 27-05-2015 | 2:56 | 1

“La amistad política mira al acuerdo y a la cosa, mientras que la ética considera la intención; por ello es más justa, es una justicia amistosa. La causa del conflicto está en que la amistad ética es más noble, pero la amistad útil, más necesaria” (Aristóteles).

 

No negaré que celebro –y mucho- que, de momento, tanto Podemos como IU no estén dispuestos a poner muy fácil a don Javier Fernández su apoyo, sin la contrapartida de acuerdos sobre medidas políticas concretas. Hay unos mínimos a exigir que me parecen plausibles y loables y espero que se mantengan en estos postulados. La formación de  Pablo Iglesias manifiesta claramente que para ellos es irrenunciable que se vayan terminando los privilegios de los políticos con respecto a la ciudadanía a la que dicen representar. IU, por su parte, esgrime que en ningún momento dejará de lado la defensa de políticas que atiendan a las necesidades sociales, en muchos caso, acuciantes. Y, por otro lado, Podemos e IU, a falta del recuento definitivo con el voto de la emigración, suman juntos el mismo número de escaños que la FSA. Por su parte, doña Mercedes Fernández mantiene su propósito de presentar su candidatura en la Junta a presidir el Gobierno de Asturias. Si contase con el apoyo del partido del señor Rivera también llegaría a la cifra de 14 escaños. La cosa, como se ve, puede dar de sí.

Por ver está también hasta qué extremo condicionarán los posibles pactos de Gobierno lo que se vaya a  acordar en los Ayuntamientos. Es indudable que no serán negociaciones independientes, al menos en muchos casos.

Añadamos a todo ello que las elecciones generales, al ser tan cercanas, también van a condicionar lo suyo, pues sería muy poco sostenible prometer dentro de pocos meses lo contrario de lo que se hubiera podido decidir en los próximos días en los ámbitos autonómicos y municipales. La desmemoria en la vida pública es enorme, pero no tanto.

Escenarios de pactos. Los partidos tradicionales, PSOE y PP, suman en Asturias una mayoría absoluta más que holgada, pero no parece que, a pocos meses de las generales, les convenga pactar ni siquiera los presupuestos, pues tienen en el guion declararse adversarios irreconciliables, por mucho que la realidad, especialmente en Asturias, ponga en entredicho semejante declaración de principios.

Por otra parte, entre las muchas cosas que llaman poderosamente la atención de las elecciones del 24-M, está el respaldo que obtuvieron PSOE y PP en muchos ayuntamientos pequeños, sobre todo, en el occidente asturiano, que lleva años sufriendo un abandono manifiesto por parte de los Gobiernos nacionales de ambos partidos. Abandono al que deben sumarse políticas medioambientales manifiestamente lesivas para un paraíso natural que, paradójicamente, siguen reivindicando. Geografía del abandono que no tiene un castigo electoral que sería más que justificable. De todos modos, es de esperar que, a la hora de conformarse los pactos, se arbitren también medidas políticas contra la despoblación fomentadas, entre otras cosas, por proyectos que apuesten por el aprovechamientos de vegas, montes y pastos que, a día de hoy, están invadidos por la maleza.

Sea como sea, aunque a un ritmo muy parsimonioso, el imperativo del momento viene marcado por un afán de cambio tanto en Asturias como en España.

Expectantes estamos por asistir a estos escenarios de pactos, a estas liturgias de negociación política que presenciaremos en los próximos días.

Ya toca que la vida pública no sea un continuo relato de decepción tras decepción. De vez en cuando, aunque sea como espejismo, nos tienen que dar, si no alegrías, al menos divertimento.

Ya hemos sacado la entrada para asistir, señoras, señores y señorías.

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De tribulaciones y mudanzas tras el 24-M
Luis Arias Argüelles-Meres 26-05-2015 | 9:25 | 1

«Entiéndase bien: no todas las democracias son iguales. Pero precisamente la diversa relación entre la moral y la política debería servir también para distinguir las democracias buenas de las malas, las mejores de las peores» (Norberto Bobbio).

«Gobernar es no estorbar. Gobernar es transigir, dijo un político. Luego gobierno es una transacción, pero una transacción o acuerdo tácito entre todas las partes es un ‘contrato social’, según la inspirada nomenclatura de Rousseau» (Pérez de Ayala).

 

Tribulaciones y mudanzas en el panorama político astur tras las elecciones del pasado domingo. Don Javier Fernández, en efecto, ganó los comicios, pero con la particularidad, nada baladí, de que tendrá que buscar pactos para seguir presidiendo con una mínima estabilidad el Gobierno llariego. Tras la andanadas que vino lanzando contra Podemos, no le quedará otra que, al menos, intentar entenderse con la formación que lidera Pablo Iglesias. Por otro lado, el hecho de que Llamazares esté al frente de IU garantiza en principio que la coalición de izquierdas no le dará su apoyo a cambio de escaños senatoriales ni de otras sinecuras, que habrá que pactar políticas.

Tribulaciones y mudanzas. ¿Mirará don Javier hacia la izquierda y estará dispuesto a replantearse su aceptación de los recortes, así como los privilegios de la mal llamada clase política? ¿Acaso podrá preferir una gobernabilidad agónica en espera en el último momento de un apoyo del PP a los presupuestos tal y como sucedió este último año?

Por un lado, el mensaje que lanzó ayer Emilio León fue claro en el sentido de que llegan a la política asturiana para cambiar las cosas. De otra parte, IU tendrá que contar con sus bases para cualquier acuerdo sobre la gobernabilidad de Asturias.

Ante todo esto, ¿qué hará don Javier? ¿Seguir manteniendo un discurso de defensor de unos servicios públicos con los que ya contaba esta tierra antes de que nos gobernase el ex director general de Minas y secretario de la FSA? Servicios públicos que, dicho sea de paso, no basta con mantenerlos, sino que además hay que gestionarlos. ¿Seguir apostando de facto por el hecho de que no sobren cargos públicos nombrados a dedo y se gestionen los susodichos servicios con menos docentes y menos profesionales de la sanidad?

Y, por otro lado, ante el panorama que dejan los comicios del domingo, ¿nadie se planteará la imprescindible reforma del reglamento de la Junta en el sentido de que no cabe el ‘no’ en el ceremonial de investidura?

¿Le serviría de algo a don Javier ser investido presidente con el único apoyo de su grupo parlamentario? ¿Hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué sería sostenible un Gobierno así?

Porque hay algo en lo que no conviene confundirse. El escenario político que queda en Asturias no es exactamente, como se apunta, un frente de izquierdas que, sin duda, ganó ampliamente las elecciones. Porque tal planteamiento presenta un escollo no pequeño: en ese frente de izquierdas la FSA representa claramente la vieja política, mientras que Podemos encarna la nueva política. En el medio de todo esto está IU que tendrá la oportunidad de demostrar que no es vieja política siempre que pacte políticas y no reparto de sillones.

Habría, en efecto, que ceder por todas partes pero teniendo como límite que algunas siglas no salgan desvirtuadas, hasta el extremo de que el discurso hasta ahora esgrimido no se contradiga hasta lo inaceptable. Por su lado, tampoco está muy claro hasta dónde podría llegar la flexibilidad de Javier Fernández.

En el panorama que tiene ante sí la vida pública asturiana, las tribulaciones, desde el poder político, obligan –‘velis nolis’– a las mudanzas.

Veremos.

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