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Fecha: junio, 2015
Sobre la equidistancia de IU
Luis Arias Argüelles-Meres 29-06-2015 | 9:20 | 0

«Emoción radical, vivaz siempre en la historia, que tiende a excluir del Estado toda influencia que no sea meramente humana, y espera siempre, y en todo orden, de nuevas formas sociales, mayor bien que de pretéritas y heredadas». (Del Prospecto de la Liga para la Educación Política)

 

Tras la consulta hecha a la militancia, parece claro, salvo sorpresas de última hora, que IU va a abstenerse en la sesión de investidura del martes en nuestro parlamento autonómico. Lo llamativo del caso es la equidistancia que adopta la coalición de izquierdas entre el PSOE y Podemos. Y, por supuesto, al margen de que estemos o no de acuerdo con semejante planteamiento, toca respetar escrupulosamente la voluntad de los militantes de esta formación política. Dicho ello, cabría preguntarse si esta equidistancia plasma no sólo la voluntad de los votantes de IU, sino también el mismo discurso de esta formación política.

En todo caso, a IU sólo le valdría un acuerdo entre las tres fuerzas de la izquierda, argumentando que es la única forma de no entrar en una dinámica que termine por derivar en un adelanto electoral, de todo punto indeseado e indeseable. Lo que nadie parece preguntarse en esta coalición es si ese acuerdo es viable y posible.

Dicho de otro modo: habría que preguntarse si cabría formar ese Gobierno tripartito con un programa inequívocamente de izquierdas más allá de rimbombancias retóricas y siglas. Y es que –perdón por la perogrullada– no sólo se trata de votar una candidatura, sino también de acordar un programa de Gobierno o, en todo caso, de apoyar un programa que convenza y satisfaga a quienes decidan dar ese paso.

Tanto Gaspar Llamazares como el resto de los dirigentes llariegos de IU saben muy bien lo que significa la FSA en esta tierra y no pueden desconocer que su izquierdismo es sobre todo de siglas. Por eso, resulta difícilmente explicable la equidistancia de la que vengo hablando.

Por otra parte, habrá que esperar a mañana para conocer las exigencias de IU para apoyar, bien al PSOE, bien a Podemos, exigencias que, insisto, es de esperar que no se queden sólo en las siglas.

¿Qué se está dirimiendo aquí en realidad: coincidencias programáticas o estrategias en espera de lo que vaya a suceder en las elecciones generales? ¿Acaso se podría aceptar que las distintas posturas entre IU y Podemos acerca de los sueldos de los cargos públicos es suficientemente importante para que no sea posible acuerdo alguno?

¿Acaso se podría aceptar, por otro lado, que IU debe confiar en el izquierdismo de Javier Fernández en particular y del PSOE en general? ¿O es que no quieren recordarse las enormes diferencias, al menos teóricas, que se vinieron manifestando desde las políticas de recortes inauguradas por Zapatero hasta la aplicación de los susodichos por parte del Gobierno de Javier Fernández siguiendo las consignas de Rajoy?

¿Puede IU considerar positivo que el electorado perciba que entre la vieja y la nueva política la coalición se decante más por la primera, o que, en todo caso, se ubique en la equidistancia?

Largo, muy largo nos lo fía, don Gaspar.

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Recuerdos de Oviedo: Santa Susana 27, 7º izquierda
Luis Arias Argüelles-Meres 28-06-2015 | 9:38 | 0

 Lo que le concedemos a la memoria quizá se lo quitamos a la especulación » . ( Francisco Umbral).

« No hay melancolía sin memoria ni memoria sin melancolía » . ( Proust).

ÁLEX PIÑA

 

1970 fue el año en el que nos mudamos a vivir a la calle Santa Susana número 27, al lado de los Carmelitas y muy cerca de la Plaza de España. Flanqueados estábamos, pues, no sólo por el poder espiritual, sino también por el temporal. Era entonces gobernador civil Mateu de Ros. Y aquel año, según los recuerdos que iré desgranando a lo largo de este texto, fue mucho más pródigo en acontecimientos que prodigioso en lo sucedido.

Fue, en efecto, el año del Consejo de Burgos. Fue, en efecto, el año en el que, en medio del escándalo que aquello estaba causando, ETA secuestró el cónsul alemán en San Sebastián. Fue el año que inició una década, cuya estética no fue precisamente memorable en lo tocante a aquellos pantalones acampanados, a aquellas patillas de fandango, a aquellos zuecos que daban miedo, a aquellos papeles pintados de las casas abigarrados de floripondios, a aquellos coches ruidosos que tanto se oxidaban, a aquel cine de españoladas casposas que perduraba, y así un largo etc.

Fue también el año en el que di un estirón que anunciaba la adolescencia. Y, como se sabe, todo crecimiento, incluido el físico, tuvo su precio, sobre todo en melancolía.

Mudanza en la vivienda e inicio de una década que, acaso más que otras, resultó, con sus grandezas y miserias, decisiva. Mudanza que coincidió con una década en la que surgió un término que desde entonces es permanente en nuestras vidas. Me refiero a la crisis del petróleo que se produjo en los inicios de los 70. Y desde entonces nos acompaña el término. Acaso aquella fue la madre de todas las crisis: crisis de fe, crisis de identidad, crisis políticas, crisis amorosas, crisis ideológicas. ¡Cuántos partos tuvo y sigue teniendo la susodicha crisis, Dios mío!

Nuestra nueva casa estaba en la séptima planta, a la izquierda. Sus vistas, desde la terraza, desde el salón y desde el despacho de mi padre eran tan hermosas como balsámicas. Se veía el Campo de San Francisco desde lo alto. La primera sensación que tuve al asomarme a la terraza fue la de sentirme muy cerca de haber trepado hasta lo más alto de aquellos árboles que tanto y tanto imponían. Asomarse allí relajaba y templaba los ánimos. Se diría que uno se emplazaba en lo alto de los árboles, para ver la inmensidad, para desoír ruidos y furias.

Luz, mucha luz. Y, al igual que en la plaza del Carbayón, todo estaba muy cerca, no sólo esos dos grandes poderes a los que antes aludí, sino también lo más frecuentado. El primer encuentro de la mañana, al salir de casa, no era el lechero, sino el jardinero de un chalet que estaba en la Calle Santa Susana, casi haciendo esquina con CalvoSotelo. Un jardinero que faenaba en compañía de algunos gatos que probablemente sobrevivieron a los últimos habitantes del palacete. Era el encuentro mañanero con un instante de paz.

La parte posterior de nuestra nueva casa daba a la calle Santa Teresa. Desde allí, se veía lo que quedaba del ‘Campo Maniobras’, donde todavía se jugaban partidos de fútbol. Pero lo más significativo era lo mucho que se estaba construyendo por aquellos lares, que ya se sabían destinados a convertirse en una de las zonas residenciales con mayor raigambre en Vetusta.

Fue también el año, acaso por tantos cambios, que me resultó más efímero de los que hasta entonces había vivido. Pasó muy pronto el invierno. Y llegó con prisas el nuevo curso, un nuevo curso, cuyo final de trimestre resultó trepidante en lo que a la vida pública se refiere.

Y, por otro lado, en aquel final de trimestre, fue decisiva la presencia de la radio, pues determinadas emisoras extranjeras daban cuenta, fuera de la retórica oficial, de lo que en verdad era la España de aquel momento. Se oía con nitidez ‘Radio París’, que salía al paso de lo que aquí adentro se interpretaba como una campaña antiespañola promovida, claro está, por el comunismo internacional y la siempre diabólica masonería.

No obstante, cuando se conoció la sentencia del proceso de Burgos, creo que un día de Navidad, nunca olvidaré los comentarios laudatorios al régimen y a la generosidad del invicto caudillo en la radio oficial. Ya entonces se veía que determinadas personas famosas rendían tributo al poder, determinadas personas que, en muchos casos, a la vuelta de pocos años, no tardarían en declararse demócratas de toda la vida.

Frío, mucho frío, el de la España oficial, el de aquellos telediarios de última edición que, como no se madrugaba, veía por la noche. Frío, mucho frío, en la Plaza de España de Oviedo, con un Mateu de Ros que, según se contó entonces, repasaba su discurso antes de pronunciarlo, ante unos manifestantes patrióticos que allí se habían concentrado para dar sus vivas el régimen. Frío, mucho frío, el de las noticias que venían de los descontentos que tenían lugar en Polonia.

Frío, mucho frío. Esa humedad que no se marcha por falta de sol y que queda como huella de la helada de la noche anterior. Frío, mucho frío, el de las consignas oficiales. Frío, mucho frío, el que provenía de lo que estaba sucediendo en el País Vasco. No se avistaban primaveras colectivas. Santa Susana, 27, año 1970. Oviedo no dormía en aquel invierno su inveterada siesta. Más bien, podría decirse que sufría el letargo de todo un país condenado a vivir una dictadura que se prolongaba no sólo contra los designios de aquellos tiempos, sino también contra la vitalidad y la alegría.

El Campo de San Francisco acusaba también aquellos fríos y soledades. La retórica oficial era cadavérica. Mateu de Ros representaba al régimen. Por el paseo de los curas, lo que más se veía eran frailes. El jardinero del chalet de Santa Susana apenas tenía que pelearse con una maleza que no nacía. Y los gatos que lo acompañaban apenas encontraban tiempo y espacio para solazarse.

Frío, mucho frío, en aquellas Navidades de 1970.

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La investidura que viene
Luis Arias Argüelles-Meres 28-06-2015 | 11:58 | 2

«Los vencedores son estos hombres reptantes, torcidos y mañosos, inhábiles para toda creación: suyo es el poder, la fuerza política, el apoyo de las grandes oligarquías financieras, y esas enormes paletas para hacer la lluvia y el buen tiempo que llamamos la gran prensa: todo es suyo». (Ortega y Gasset).

 

La investidura que viene. ¿Nos deleitará don Javier Fernández reiterando su ambicioso propósito de hacer de Asturias la Alemania de España? ¡Ay! ¿Volverá doña Mercedes a recordarnos su infinito amor por Asturias? ¿Qué sería de nuestra tierra (y de nosotros) sin esa pasión astur? ¿Conseguirá Emilio León demostrar con su discurso que la nueva política ya llegó al Parlamento llariego? ¿Gaspar Llamazares pondrá condiciones concretas para apoyar a don Javier o a don Emilio para un hipotético apoyo de IU a alguno de los candidatos o, antes bien, se abstendrá en tanto no se pongan de acuerdo ambas fuerzas políticas? ¿Podrá encontrar FAC motivo alguno para votar a la candidata del PP sin renunciar a sus teóricos postulados de defender los intereses de Asturias frente a lo que vienen siendo incumplimientos continuos con esta tierra por parte del Gobierno de Rajoy? ¿Le dará el partido del señor Rivera un voto de confianza a Javier Fernández en su investidura como en su momento hizo UPyD?

La investidura que viene. ¡Cuánta provisionalidad! La primera de ellas, la espera que se impone hasta las elecciones generales que, según los resultados, traerán o no consigo cambios en los discursos y estrategias por parte de todos los partidos con representación en nuestro Parlamento llariego. Pero, aparte de eso, es de esperar que esta vez no se desaproveche la ocasión de modificar el reglamento de la Cámara. No es de recibo de ningún modo que sólo existan las opciones de la abstención o el sí ante las candidaturas que se presenten. ¿Cómo es posible que no haya sitio para el ‘no’, para un ‘no’ en más de una ocasión rotundo y contundente teniendo en cuenta una mínima capacidad de captación del mensaje de sus votantes por parte de los distintos grupos.

Pero volvamos a la investidura que viene. En principio, está llamada a ser, sobre todo, una encrucijada, sin apenas posibilidades de pactos que garanticen mayoría absoluta al Gobierno que se forme. Mayoría absoluta a la que ni siquiera se llegaría si tuviese lugar un acuerdo entre PSOE, Podemos e IU. Acuerdo, de entrada, imposible desde el momento en que la formación de Pablo Iglesias decidió presentar candidatura.

El resto de combinaciones posibles, salvo mayúsculas sorpresas, traerían como consecuencia empates, sin perder de vista que no sería imposible que Ciudadanos apoyase a Javier Fernández. O que la formación del señor Rivera y Foro diesen su voto a Cherines, lo que no parece previsible.

La investidura que viene, primera liturgia de una Asturias difícilmente gobernable. Primera liturgia que escenificará la batalla dialéctica y retórica entre vieja y nueva política. Primera liturgia en la que podrá verse si la voluntad de diálogo que todo el mundo manifiesta es algo más que un topicazo que va en un guion que nadie está dispuesto a cumplir.

La investidura que viene, entre el paripé y la encrucijada.

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Adiós, señor ministro
Luis Arias Argüelles-Meres 27-06-2015 | 12:24 | 0

«¿Habéis fracasado ya bastante? ¿No? Pues seguid fracasando hasta que el pueblo os diga: ¡Basta!» (Manuel Azaña).

Permítame, señor Wert, que, a contracorriente de lo que se viene escribiendo sobre usted (más bien, contra usted) tras su abandono al frente del Ministerio de Educación, yo me dedique a destacar sus logros, no muchos, a decir verdad, pero memorables. El más importante de todos es haber concitado un rechazo tan inequívoco y unánime al conjunto de su gestión, que, bien mirado, es casi tan difícil como todo lo contrario. Tampoco está nada mal haber conseguido algo que, a priori, se antojaba poco menos que imposible. Me refiero a empeorar el sistema educativo con el que se encontró. La tarea se antojaba casi irrealizable, pero usted puede demostrar que salió victorioso en la consecución de semejante objetivo: la LOMCE es aún peor que la LOE. En este sentido, lo suyo roza el milagro, don José Ignacio. Se lo dice un docente.

Verá, señor Wert, iba en el guion que a usted le tocaría contribuir a los designios del Gobierno de Rajoy, convergentes todos ellos en un espíritu de contrarreforma que asusta. Y, en su caso, más religión, más privatizaciones, menos becas y así un largo etcétera. Lo que no estaba previsto era que ni siquiera se molestasen en disimular que ustedes tampoco iban a apostar por el esfuerzo y por el conocimiento. ¿En qué quedó aquello de aumentar un año más el Bachillerato? Y, por otro lado, ¿alguien puede creerse, don José Ignacio, que la LOMCE podrá servir para que esté país vaya abandonando el furgón de cola del nivel de conocimientos?

Hizo usted una contrarreforma educativa que tiene la misma fecha de caducidad que su Gobierno. A la hora de ir perfilándola, no se tomó la molestia de consultar con el colectivo docente. ¿Para qué? En la susodicha ley, una materia tan imprescindible como la filosofía sufre una arremetida indecente. Claro, cuanto menos se piense, mejor. Nada de ciudadanos críticos.

Por otro lado, se pretende importar lo peor de otros sistemas educativos, nunca lo mejor. Y, desde luego, se orilla, como hizo el PSOE en su momento, lo mejor que hemos tenido en la historia de España tocante a la instrucción pública, es decir, el legado del institucionismo.

Más alumnos por aula. Más horas de clase para el profesorado. Menos filosofía, menos formación clásica y humanística. Una maravilla, señor Wert, una maravilla. Añadamos a eso que el ‘neolenguaje’ con ustedes no va a menos, así como una terminología que no deja de plasmar algo muy reaccionario desde el punto de vista ideológico.

Se va usted, señor Wert, enemistado con el cine, con el mundo editorial y con todo lo relacionado con la cultura y las artes, rechazado por el colectivo docente, y así un largo etcétera. Todo sea por la causa, todo sea por la Contrarreforma de Rajoy.

Y dejo para el final, don José Ignacio, otro logro suyo memorable: se diría que vino disfrutando usted de esto que sigue: de escandalizar a la izquierda de siglas, a una izquierda de consignas que apenas tiene discurso, a una izquierda que, en vez de escandalizar, se escandaliza, que en vez de provocar, entra al trapo de las embestidas reaccionarias de personajes como usted, dejándose, así, provocar.

Pero, sin ánimo de aguarle la fiesta, escandalizar a la exministra Pajín no es un gran logro intelectual. Si toda su retórica y toda su dialéctica sólo alcanzan cosas así, no veo motivos para sentir una gran satisfacción intelectual.

Casi cuatro años de Gobierno, señor Wert. Y, se lo reconozco, consiguió empeorar el sistema educativo, dando la coartada a sus enemigos políticos de que lo anterior a usted no era tan nefasto.

¡Qué maravilla!

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Panorama vetustense: Nuevos tiempos en Oviedo
Luis Arias Argüelles-Meres 26-06-2015 | 10:04 | 2

Todo Gobierno en sus comienzos aprovecha la ocasión de un peligro que ha conjurado, bien para fortalecer, bien para extender su poderío» (Fouché).

 

Una bandera que representa toda una larga historia de luchas por los derechos y libertades. Un reparto de las concejalías entre los tres partidos coaligados en Oviedo que muestra muy a las claras que el cambio esta vez va en serio. Una discusión aún no cerrada por falta de acuerdo en lo que se refiere a los sueldos de los concejales, así como a las asignaciones económicas a los grupos municipales.

En la política oficial de Oviedo se respira libertad. Queda muy lejos la chabacanería de Gabino. Quedan muy lejos también los clientelismos  que no dejaron de crecer en los últimos años. Y parece que se tiene muy claro que los servicios públicos no están para el lucro de nadie, sino para dar sentido a la institución municipal.

Nuevos tiempos, digo, que, desde luego, no serán fáciles, ni a la hora de cambiar las cosas, frente a los blindajes con los que se encontrarán, ni tampoco a la hora de alcanzar acuerdos entre las tres formaciones políticas.

Es lo que toca, en este caso más para bien que para mal, frente al poder monolítico que hubo hasta ahora en este ámbito. Es lo que toca, la discusión permanente, que no significa necesariamente el desencuentro como costumbre. Es lo que toca, un cambio en el que la ciudadanía se va sentir más implicada que nunca, pues también tendrá sitio en esa discusión permanente,  al menos, para ser oída.

Dos órdagos lanzados claramente, que no pueden tener vuelta atrás. Primero, la apuesta por lo público. Segundo, el ejemplo que se debe dar desde la política en lo tocante a sueldos que deben ser recortados, no sólo para ahorrar dinero, sino también para rendir tributo a la coherencia del mejor y más infalible modo: con el ejemplo.

Nuevos tiempos en Oviedo. El resoplido de alivio por haber dejado atrás el gabinismo es profundo y liberador. Pero también toca construir, sin instalarse en la queja, un nuevo proyecto de ciudad. Se cometerán errores, sin duda. Pero se irá hacia adelante.

Todo ello en una ciudad que, esta vez sí, se encuentra sitiada por un tremendo continuismo en la política autonómica y nacional. En una ciudad en la que las formaciones de izquierda asumieron que los cambios políticos empiezan, al menos en este país, en el ámbito municipal.

Y en ello se está. Y por ello. Y para ello.

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