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Fecha: agosto, 2015
DE MUROS Y MARES
Luis Arias Argüelles-Meres 31-08-2015 | 9:37 | 0

‘¡Oh Roma, en tu grandeza, en tu hermosura /huyó lo que era firme, y solamente/ lo fugitivo permanece y dura!’. Quevedo.

‘Estamos en la época grave e inquieta, período de gestación de una nueva verdad de la inteligencia humana y hay, sin embargo, hombres necios y nulos que niegan lo presente y se pudren en el pequeño y nauseabundo charco de su trivialidad’. Zola.

Se cayó –bien lo sabemos y bien caído está– el Muro de Berlín que marcaba claramente de qué lado estaban las libertades. Se cayó, sí, un muro tierra adentro, un muro de la vergüenza, un muro que podría ser del gusto de quienes odian los derechos y libertades. Pero siguen en pie, paradójica y metafóricamente, en el mar otras barreras que separan muy claramente la miseria de las oportunidades, travesía que transitan náufragos que en su mayor parte acaban encontrando la muerte. Y esas barreras que siguen en pie traen como consecuencia dolor y horror, si bien, en esta vieja y desnortada Europa, lo que se impone es la indiferencia.

Miren, aborrezco la demagogia barata. Miren, me repatean los sentimentalismos ñoños. Sé que no es posible que Europa pueda hacerse cargo de toda la población mundial que padece la miseria. Sé que resulta inútil cualquier espectáculo plañidero ante el sobrecogedor espectáculo de las muertes más recientes en el mar tras una travesía trágica huyendo del hambre. Pero, dicho todo esto, ¿dónde está todo aquello que da cuenta de nosotros mismos como civilización y que no puede permitir la indiferencia ante lo que está sucediendo? Pero, dicho esto, ¿dónde están aquellos dirigentes con talla de grandes estadistas que no renunciarían a una política internacional que combatiese sin matices la miseria?

Y, por otro lado, ¿dónde está nuestra memoria? En el caso concreto de Asturias, ¿cómo no recordar que hasta bien entrado el siglo XX había casi un emigrante por familia rumbo a América que se embarcaba también en una travesía encaminada a dejar atrás la miseria y que, en muchos casos, los retornados fueron decisivos en la modernización y progreso de nuestra tierra?

Cadáveres en las playas que el mar empuja hasta la arena. Imágenes punzantes de dolor al ver rostros desesperados que desean salvar, al menos, a sus niños. Y la Europa oficial no sale, en el mejor de los casos, de declaraciones con lugares comunes que a nada comprometen y que no tienen ni siquiera voluntad de resolver nada. ¿Europa, la vieja Europa, era esto?

Podría hablarse de mares de la vergüenza, de fronteras de la decrepitud, de una Europa que recuerda al memorable poema de Cavafis, de una Europa que cada vez tiene más rasgos en común con la Roma más decadente, es decir, con un momento histórico que vivía las vísperas de un tiempo tenebroso marcado por la regresión y por la derrota de cualquier grandeza.

De muros y mares, de vergüenzas y miserias. ¿Queda algo de la vieja Europa? ¿Hay algo más en la Europa oficial que burócratas mediocres e inoperantes? ¿Hay algo más que decadencia y entreguismo en el viejo continente?

¿Y dónde está el pensamiento crítico que sonroje a la política oficial? ¿Dónde? ¿Murió de indigestión en los pesebres?

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Recuerdos de Oviedo: El BAR CUNDO Y OTROS APÉNDICES:
Luis Arias Argüelles-Meres 30-08-2015 | 4:24 | 0

«La amistad es una cantina a cuenta de dulzura sobre los rigores de la vida». Stendhal.

«Un libro es un espejo que pasea por una gran avenida». Stendhal.

Apéndices de la antigua Facultad de Filosofía y Letras, más tarde, de Filología y, actualmente, de Psicología. Y, siempre, el venerable Padre Feijoo presidiendo el día a día de tan sabio entorno. Entre los referidos apéndices, el Cundo. Otro, la cafetería de la propia facultad. Sobre la mesa, el café, los apuntes, el libro que tocaba en el momento, los vasos de agua, las cajetillas y los mecheros. Huecos entre clase y clase. Tiempo Libre porque faltaba un profesor. Horas de entrada o salida. Aclaraciones inacabables (y, a veces, tortuosas) después de una asamblea.

MARIO ROJAS 

No eran trabajos, sino días, por lo común, mañanas. Se trataba de hacer codas a la sesión docente que más comentarios podía suscitar. Se trataba de analizar conjuntamente el aspecto que fuese del libro que, o bien habíamos empezado a leer, o bien acabábamos de concluir su lectura. Se trataba de poner nuestras intransferibles notas a pie de página a aquella actualidad que veíamos, no sin interés, pero sí con distancia creciente. Se trataba de dar con los matices de la última película que habían proyectado en el Paladium, cosa que no siempre resultaba fácil, si bien había gente que nunca dejaba de hacer sesudos comentarios que, en general, hacían más plomiza aún la película de marras.

Mundo de libros y apuntes, de fotocopias y prensa, de bibliotecas y salas de lectura. Mundo en común para quienes transitábamos aquella Facultad en la que era frecuente ver una colilla en los labios de la escultura erigida en honor a Clarín, en la que era costumbre hacer tertulia en las escaleras y los pasillos, en la que el rojerío constituía una especie de enseña para casi todos, en la que las asambleas supusieron para unos cuantos un buen entrenamiento para la carrera política y mediática que harían pasados los años.

¿Cómo no recordar aquella estética que, por fortuna, había abandonado ya los pantalones acampanados y las patillas propias del fandango, y que destacaba por peinados a lo afro, melenas en los varones y, ante todo y sobre todo, un especial cuidado en diferenciarse del ‘pijerío’ que anidaba en otras facultades?

Pero centrémonos en el apéndice que aquí toca; es decir, en el Bar Cundo. En efecto, apéndice no sólo por lo cercano que estaba a la Facultad, sino también porque era un establecimiento cuya clientela estaba formada en su inmensa mayoría por docentes y discentes. Y allí, salvo excepciones, no se iba a desconectar de las aulas, sino que aquello formaba parte de la cotidianidad.

Era un bar pintiparado para la estética que imperaba por entonces en aquellos lares. En apariencia, sin pretensiones, sin nada de relumbrón, sin apuestas por barnices. Pura sobriedad. Buen café, buenos pinchos, y las mesas eran plataformas, como vengo diciendo, para libros y apuntes.

Apéndice, digo, también de lo que estaba entonces en boga. Allí se resumía y se comentaba, o bien el libro que alguien proponía como debate, o bien la sesión docente que más había llamado nuestra atención, no siempre para bien. Resúmenes y comentarios, sobre todo.

¿Cómo no recordar una acalorada y vehemente discusión que tuvo a Borges como protagonista, un genio como escritor, en lo que conveníamos todos los allí sentados, y un reaccionario en política, según la mayoría de las personas que componían aquella improvisada mesa cuadrada en su forma, pero redonda en su uso como asentamiento de un debate?

¿Cómo no recordar, asimismo, el debate que se suscitó al final de una mañana tras las reacciones de grandes prohombres de las letras hispanas a una comparecencia televisiva de Solzhenitsyn denunciando los horrores de la antigua Unión Soviética? ¡Cuánto les costaba a muchos reconocer que la Rusia Comunista no era precisamente un paraíso de justicia y libertades!

Sobre las mesas del Cundo, todo tipo de libros: historia, filosofía, novela, teatro, poesía. Muchos de ellos con sus correspondientes tejuelos de la biblioteca correspondiente. No pocos, subrayados y marcados cuando pertenecían a alguno de nosotros.

¿Cómo no recordar los libros de la editorial Bruguera, que tanto tendían a descoserse y deteriorarse? ¿Cómo no recordar aquellos volúmenes de la colección Gredos que había que descoser en la parte alta de muchas de sus páginas? ¡Que revolución supuso en aquellos años la colección de ‘Letras Hispánicas’ de Cátedra que incluía grandes y sesudos prólogos en la mayoría de nuestros clásicos! Y, siempre, siempre, dos venerables y benditas colecciones. Austral y el Libro de bolsillo de Alianza.

¿Cómo no tener presente la mala conciencia que se adueñó de no pequeña parte de nosotros a la hora de hacer compatible nuestra admiración por Nietzsche con un rojerío indiscutible e irrenunciable? ¿Cómo no rescatar, con amarga ternura, las puestas en común a la hora de poner en claro poemas memorables de todos los grandes de todos los tiempos? ¿Cómo no evocar, con no menor melancolía, aquel existencialismo omnipresente que venía de Francia pero que, en su momento había pasado por nuestra generación del 98, concretamente, por Unamuno? ¿Cómo no conservar en el recuerdo los planteamientos que se hacían y nos hacíamos en torno a la llingua asturiana, que, en aquel entonces, quería ser estudiada y rescatada por gran parte del personal docente de aquella erudita casa en materia filológica? ¿Cómo no tener en cuenta que, en repetidas ocasiones, tan pronto decíamos algo, lo imaginábamos y representábamos sintáctica y fonológicamente?

Libros y apuntes que olían a café y tabaco. Inquietudes puestas en común de un tiempo que, mirado en perspectiva, da cuenta de la candidez de aquellos días. Por entonces, todo estaba en los libros. Por entonces, íbamos de sorpresa en sorpresa y, en materia libresca, los descubrimientos eran continuos.

Cada vez que paso por delante del Cundo, me digo a mí mismo que, en algún momento, sería tierno y divertido organizar una cita en común de quienes hacíamos de aquellas mesas parada y fonda de libros comentados en común, de fotocopias casi siempre efímeras y conversaciones y debates encaminados, no ya a cambiar el mundo, pero sí al menos a entenderlo. ¡Bendita candidez!

He de confesar que me da miedo entrar al Cundo y encontrarme con que aquellas mesas ya no siguen ahí, aunque, en todo caso, ‘ hoy es siempre todavía’, aunque, en todo caso, el dinosaurio de Monterroso es eterno.

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El regreso mediático de Ovidio Sánchez
Luis Arias Argüelles-Meres 30-08-2015 | 3:57 | 0

Vuelve Ovidio Sánchez, vuelve el carisma, compareciendo esta vez con el color azul en la montura de sus gafas, lo que, colijo, simboliza su apuesta por el territorio al que en teoría representa en el Parlamento español. Vuelve Ovidio para defender lo magnánimos que son los Presupuestos Generales del Estado para nuestra tierra, por mucho que digan lo contrario el resto de partidos políticos.

Y, al verlo en una breve comparecencia televisiva mostrando su entusiasmo por la generosidad del Gobierno de Rajoy hacia Asturias, por un lado, me hizo recordar a Álvaro Cuesta que, tras derrotar a Gabino de Lorenzo en la campaña de 2008, sólo vino por estos lares a las pocas inauguraciones que se hicieron, lo mismo que Ovidio en la legislatura que está a punto de concluir. Y, por otra parte, siguiendo el paralelismo con don Álvaro, me pregunté si el carismático dirigente pepero volverá a formar parte de la candidatura llariega de su partido. Desde luego, entusiasmo no le faltará.

No es la primera vez que esto sucede, es decir, que tenemos parlamentarios invisibles durante casi cuatro años, que sólo vienen por estos lares de acompañantes, haciéndose la foto cerca del lugar donde se corta la cinta de turno. Aun así, la historia no sólo se repite, sino que además se observa una resignación preocupante al respecto.

Si en la legislatura anterior, don Álvaro Cuesta no tuvo a bien ni siquiera disculparse por los continuos incumplimientos de Zapatero con Asturias, ahora sucede lo mismo con don Ovidio, con un matiz añadido nada baladí: para el señor Sánchez, el Gobierno de Rajoy nos ha favorecido, nos trató con cariño. Y esto sube el listón de las tomaduras de pelo a las que llevamos años acostumbrados.

Lo cierto es que este regreso de Ovidio Sánchez, en una comparecencia televisiva que tuvo lugar en los aledaños del Congreso, invita, de entrada, a la hilaridad, nada incompatible con la indignación. Por lo visto, la cerrazón del señor Soria con respecto a la minería del carbón no existió. Por lo visto, la negativa del Gobierno de España a cumplir una sentencia, que obliga a pagar unos conceptos por fondos mineros, no tiene importancia alguna. Por lo visto, determinadas políticas agrarias, tan perjudiciales para Asturias, sólo existen en las mentes retorcidas de la oposición y de los agricultores y ganaderos de nuestra tierra. Y así un largo etcétera.

Regresa a la actualidad mediática Ovidio Sánchez, lo que, aparte de otras muchas consideraciones, nos lleva a preguntarnos si de verdad nos merecemos estar representados por políticos que sólo se dedican a votar lo que se les dice, así como a esgrimir un discurso maniqueo para contentar a sus dirigentes.

No es ninguna excepción en este sentido el diputado lavianés. Sin embargo, ello no impide que, tras la carcajada, nos sobrevenga el escepticismo y la desazón, lo que en modo alguno es óbice para que estas buenas gentes sean dichosas y duerman a pierna suelta, persuadidos de que el castigo electoral no existe o que, en todo caso, nunca excederá la regañina cariñosa que apenas tendrá consecuencias electoralmente hablando.

Se diría, así pues, que, con mostrarse complaciente y lucir el azul astur en las gafas, se cumplen los objetivos marcados.

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Panorama vetustense: Oviedo y la ley de la memoria histórica
Luis Arias Argüelles-Meres 28-08-2015 | 9:28 | 0

«Un día, tú ya libre/ de la mentira de ellos, / me buscarás. Entonces/ qué ha de decir un muerto?” (Luis Cernuda).

 

Ya hay revuelo de nuevo tan pronto se sabe que el nuevo Equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Oviedo está dispuesto a que se cumpla la llamada “Ley de memoria histórica”. Ya se dejan oír las voces que manifiestan que hay cosas más urgente y relevantes. Y, por otro lado, hay quien considera que se trata de caprichos del nuevo tripartito. Sin embargo, no se quiere caer en la cuenta de que nos enfrentamos a un asunto que no quedó resuelto tras aquella comisión que se creó al efecto en tiempos de Gabino de Lorenzo. Tanto es así que, siendo Caunedo Alcalde en funciones, una sentencia judicial obligó a quitar el medallón a Franco ubicado en la Plaza de España.

Vamos a ver, de entrada, no debería ser tan difícil de comprender algo tan básico como esto que sigue: los callejeros tienen como función primordial homenajear a aquellas personas que representaron lo mejor de la ciudad en cuestión, esto es, la excelencia. Y, desde luego, si convenimos en que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos, el hecho de que figuren en el mencionado callejero personas vinculadas a una dictadura supone una contradicción en toda regla. Imagino que a estas alturas nadie pondrá en duda que el franquismo fue una dictadura. Distinta cosa es que haya personas que destacaron en una determinada época histórica y que resulte indiscutible su presencia en el callejero.

Lo escribí hace poco en esta misma columna: personajes como Juan Antonio Cabezas, autor de una biografía de referencia sobre Clarín, además de un periodista y escritor de primera línea en el pasado siglo, merecen tener presencia en el callejero de Oviedo. Y eso no es resentimiento, ni afán  revanchista de ningún “bando”. Aquí no hay bandos ni bandidos. Aquí, lo que tiene que haber es excelencia. Y el escritor que pongo como ejemplo es un caso muy claro al respecto.

Insisto: se trata, por un lado, de que el callejero de una ciudad no sea un largo listado de prebostes de una dictadura. Y, precisamente a resultas de la existencia de un régimen político antidemocrático, se puso en práctica una amnesia impuesta hacia aquellas figuras que representaron no sólo la excelencia en sus tareas públicas, fuesen literarias, artísticas o científicas, figuras que deben ser recuperadas en un régimen de libertades como el que teóricamente tenemos. Y hora va siendo ya de que tal cosa se normalice.

Por otra parte, se incurre en la contradicción de decir que determinados generales o personajes del franquismo están en la historia y, con ello, se justificaría su presencia en el callejero. Digo contradicción porque representan a un régimen que pretendió borrar una parte de nuestra historia.

Y, para finalizar, me permito el ejemplo que sigue: José Calvo-Sotelo  tiene una calle en Oviedo. Nada que oponer a ello en tanto personaje histórico. ¿Pero alguien puede justificar que el Consistorio anterior le haya negado una calle a Manuel Azaña? ¿Acaso no forma parte también de la historia de nuestro país? Y, lo recuerdo una vez más, dicha negativa la dio Gabino de Lorenzo tras haber recibido la correspondiente solicitud del Ateneo Republicano de Asturias.

Eso: en lo tocante al callejero, apostemos por la excelencia y por criterios democráticos. ¿Acaso tales cosas pueden suponer un problema?

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PODEMOS/IU: CRÓNICA DE UN DESENCUENTRO ANUNCIADO
Luis Arias Argüelles-Meres 27-08-2015 | 12:05 | 0

Podemos en Asturias pone de manifiesto que es poco menos que imposible el acuerdo con IU con vistas a las elecciones generales. Con ello, no se hace más que confirmar lo obvio. Está claro que Llamazares, en lugar de decantarse por un entendimiento con Podemos que forzase al PSOE a ser coherente con sus siglas, prefirió ser el cimiento para la continuidad (y para el continuismo) de Javier Fernández. Así las cosas, nada tiene de extraño que la formación de Pablo Iglesias en esta tierra siga marcando distancias con la coalición política que coordina el señor Orviz.

Pero, más allá de lo obvio, hay una cuestión que me parece muy determinante y que, sin embargo, no está siendo apuntada por los analistas políticos. Lo que separa a ambas formaciones en Asturias no es sólo la abismal distancia existente entre la vieja y la nueva política, sino que también se trata –digámoslo así– de un conflicto generacional, conflicto generacional que va más allá de las distintas formas de entender la política y la vida en general. Y, en nuestro caso llariego, va más allá por el mero hecho de que los dirigentes de IU pertenecen a una generación que taponó –y sigue taponando– a las nuevas generaciones.

Y es que IU, al haber sido el apoyo del PSOE en Asturias, durante tantas legislaturas, es también en alguna medida corresponsable de todas aquellas políticas que se siguieron y que hipotecaron el futuro de esta tierra en diversos sectores. Si, a pesar de ello, Podemos apoyase a esta coalición que apenas se ha renovado, la formación morada incurriría en una contradicción difícilmente salvable a la hora de mantener con un mínimo de decoro su coherencia.

Y, por encima de cualquier otra consideración, si el régimen vino siendo en Asturias la FSA, IU fue casi siempre su principal valedor. En este sentido, las declaraciones de Ripa acerca de la contradicción que supone criticar el bipartidismo y, al mismo tiempo, ser un puntal del PSOE, hace que Podemos no pueda ir de la mano con esta coalición so pena de incurrir en un comportamiento contradictorio que difícilmente podría recibir el aplauso de sus votantes.

Y es que, por mucho que Llamazares siga su guion de decir que espera menos continuismo del PSOE, la forma en que le prestó el apoyo a Javier Fernández hace imposible el entendimiento con Podemos.

Por tanto, estamos asistiendo a la crónica de un desencuentro anunciado desde el momento mismo en que Llamazares, nada más tomar posesión de su cargo como diputado autonómico, se distanció de Podemos y se acercó, no sin cierta sumisión, a Javier Fernández.

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