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Fecha: noviembre, 2015
La campaña electoral más contradictoria
Luis Arias Argüelles-Meres 25-11-2015 | 7:22 | 2

Demasiadas contradicciones en la campaña electoral del 20 de diciembre, muchas más de las que el guion más laxo podría contemplar, especialmente en el ámbito llariego. Tiene razón don Javier Fernández al poner de relieve que no es fácilmente justificable que el PP y FAC hayan acordado una coalición electoral, cuando la formación casquista se pasó toda la legislatura cargando las tintas contra el Gobierno de Rajoy por hacer unas políticas lesivas para Asturias. Y que esa prédica tan duradera haya sido sólo ruido. Lo malo es que el propio presidente parece querer soslayar que, frente a ello, el entendimiento entre el PSOE y el PP llariegos fue manifiesto desde el momento mismo en el que se formó el Parlamento autonómico tras la victoria electoral de Cascos en 2011. ¿Hace falta recordar una vez más que el grupo parlamentario de la FSA confundió a don Fernando Goñi con Besteiro y le dio la presidencia de la Junta? ¿Hace falta recordar, otrosí, que hace un año el Gobierno que presidía don Javier pactó con el PP los presupuestos autonómicos?

¿Y qué decir de IU? ¿Puede resultar creíble que el señor Orviz esboce un discurso izquierdista al tiempo que, de puertas adentro, su coalición sea el principal apoyo del PSOE? ¿Se puede ser izquierdista antisistema en Madrid y segunda marca del PSOE en Asturias? ¡Ay!

Cierto es que la coalición entre PP Y FAC es tremendamente contradictoria, máxime cuando tuvieron la oportunidad de haber llegado a un entendimiento en 2011, para lo que hubiesen contado con una mayoría absoluta más que holgada. Cierto es que, hasta que Cristina Coto respaldó la candidatura de Mercedes Fernández a presidir el Gobierno de Asturias, la gresca entre ambas formaciones fue encarnizada. Y tendrían mucho que explicar a sus votantes ambas formaciones. No siempre es suficiente con poner tierra de por medio, sobre todo, tras haber implicado a tanta gente en discursos y batallas que se quedaron en nada. ¿Hace falta recordar que en FAC, con su discurso teóricamente transversal, se implicó mucha gente que nunca se hubiese sumado a las filas peperas? ¿Hace falta recordar, de otra parte, que los dirigentes peperos que fueron los máximos detractores de Cascos cuando se produjo la ruptura entre el exministro de Aznar y el PP, se habían dedicado a ensalzarlo desde la crisis que tuvo lugar cuando se cargaron a Sergio Marqués? ¿Y en qué queda el llamado ‘pacto del duernu’, señor Cascos? Intragable.

No menos contradictorio es que, entre los partidos hasta ahora mayoritarios, se crucen acusaciones de corrupción, cuando las escandaleras propiciadas por los unos y por los otros, también en Asturias, son de campeonato. ¿Es necesario recordarle al PSOE no sólo el caso de Fernández Villa, sino también todos aquellos que se vinieron y se vienen dando en municipios donde gobernaron y gobiernan? ¿Hace falta refrescarle la memoria al PP acerca de los episodios que se redican en Oviedo? Ayunos están canovistas y sagastinos de autoridad moral para reproches en tal sentido.

Hasta uno de los partidos emergentes como es Ciudadanos incurre en contradicción si se tiene en cuenta que su lista por Asturias la encabeza el señor Prendes, que llegó a la política asturiana bajo las siglas de la formación magenta que presidió Rosa Díez. Don Ignacio empezó apoyando la investidura de Javier Fernández. Poco tardó en romper el idilio. Y, más tarde, se fue del partido en el que militaba. Muchas zozobras en tan corto viaje político.

Curiosamente, Podemos, que rehúye, según dicen sus principales dirigentes, las etiquetas más clásicas, como izquierda y derecha, puede presentarse sin llevar demasiadas contradicciones en sus alforjas, entre otras cosas, porque tampoco dispuso de tiempo para acumularlas. Pero, más allá de contradicciones y ambigüedades en el discurso de sus líderes estatales, poco hay que reprochar a este partido desde las elecciones autonómicas hasta el momento, pues sus apuestas por la regeneración de la vida pública van más allá de la retórica.

Las elecciones del 20 de diciembre estarán, pues, cargadas de contradicciones a la hora de argumentar razones para pedir el voto a la ciudadanía. Más cargadas que nunca.

Así pues, el quid de la cuestión está no ya en ganarse la confianza de votantes remisos, sino de refrendar el apoyo de aquella parte del electorado que pueda compartir ideología con el partido de turno. Porque, tengo para mí, que no se lo merecen.

Lo dicho: demasiadas contradicciones en la inmensa mayoría de las candidaturas, contradicciones nada hegelianas, ciertamente.

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Lo que queda de Franco (y del franquismo)
Luis Arias Argüelles-Meres 23-11-2015 | 7:35 | 0

«Siempre somos responsables de lo que no tratamos de impedir». (Sartre).

«Franco madruga mucho y enseguida le afeitan. Fácil, porque es de poca barba, aunque muy negra. Lo más delicado, el bigotillo, un bigotillo entre Hitler y Chaplin, un bigotillo que se insinúa, que manifiesta una personalidad o la oculta en la indecisión. A los hombres se les conoce por el bigote como a las mujeres por la manera de pintarse la boca. O de no pintársela». (Francisco Umbral).

Franco lleva cuarenta años muerto tras haber gobernado el país durante casi cuatro décadas, inquietante coincidencia. Y, al tiempo que eso sucede, estamos en vísperas de unas elecciones generales, que, en no poca medida, parecen destinadas a formar unas Cortes constituyentes. Así las cosas, es ineludible plantearse hasta qué extremo la huella del franquismo sigue presente. Y no perdamos de vista algo muy esencial: la transición saldrá mejor o peor parada en la medida en que se considere que, a día de hoy, el franquismo sólo es historia, o que, antes al contrario, se saque en conclusión que aquí hubo una continuidad, más o menos lampedusiana, de aquel régimen dictatorial.

Todo el mundo que vivió aquello no olvidará nunca la omnipresente dicotomía que se planteaba en el debate público entre reforma y ruptura. Los hechos confirman que se optó por lo primero y que, desde esa aceptación más o menos explícita de la mayoría de los partidos políticos, se llegó a las primeras elecciones de 1977, en las que hubo un partido político cuyos principales dirigentes fueron ex ministros de Franco. Vendría a continuación el periodo en el que gobernó UCD, partido que fue creado para hacerle sitio al principal artífice de aquella transición, es decir, a Adolfo Suárez.

Pero, tras el declive de Suárez, que dimitió cuando en su partido se le hizo inviable seguir gobernando, vino el 23- F en el 81. Y, poco más tarde, el irrepetible y apoteósico triunfo del PSOE liderado por Felipe González en 1982. Ése fue el momento de la ruptura, ése fue el momento en el que la sociedad española le confió al partido fundado en su día por Pablo Iglesias la tarea de iniciar una nueva etapa política y dejar para siempre atrás no sólo las amenazas golpistas, sino también lo que quedaba del franquismo. No es éste el momento de analizar la larga etapa de González al frente del Gobierno español. Baste con decir que en modo alguno se llevó a cabo aquella ruptura que, en teoría, el PSOE había defendido desde la muerte del dictador. El PSOE, lejos de llevar a cabo un proyecto de izquierdas para España, aun estando respaldado electoralmente para ello, se decantó por hacer de Sagasta en una especie de Segunda Restauración borbónica, en la que los partidos ‘turnantes’ cada vez se parecían más. Ahí estuvo, sin duda, la oportunidad perdida de una ruptura que no se llevó a cabo.

Pero volvamos al momento mismo en que se produjo la muerte de Franco. Como escribí en más de una ocasión, los clamores que pedían amnistía y libertad llenaban las calles, olvidando que amnistía y amnesia tienen la misma raíz etimológica, olvidando también que no era precisamente la España exiliada y represaliada la que tenía que implorar perdón alguno.

Regresaron, sí, exiliados muy ilustres, desde Sánchez Albornoz a Rafael Alberti. Salieron de las catacumbas de la oposición líderes políticos históricos. Y regresaron veteranos dirigentes como Santiago Carrillo. En lo que se refiere a los primeros, tengo para mí que muchos pudieran hacer suya la frase que en su momento pronunció Max Aub, cuando volvió a pisar suelo español, aún en vida de Franco: «He venido pero no he vuelto».

Tras la muerte de Franco, tocaba recuperar las libertades y apostar por una reconciliación, reconciliación que ya existía en gran medida, pero que necesitaba un marco político en el que se escenificase, es decir, un régimen democrático.

¿Y qué pasó, y qué sucedió? En la memoria estaban los horrores de la guerra, así como la extrema dureza represiva de la posguerra. En cuanto a lo primero, siendo innegable que se cometieron asesinatos infames en ambos bandos, la diferencia, que sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de la democracia en España, estriba en que, mientras que fueron reconocidas las víctimas del lado vencedor con todos los reconocimientos oficiales, quienes sufrieron represión, muerte, cárceles y exilio fueron tratados como inexistentes y, a día de hoy, hay quienes se siguen oponiendo a que se rescate y se dignifique su memoria. El sistema político nacido de la Transición aún tiene pendiente reconocer a la España errante y represaliada a resultas de una de las dictaduras más largas y cruentas que en el siglo XX han sido.

Por otro lado, cuarenta años después de la muerte de Franco, es tiempo ya de que no sea un tabú abrir el debate sobre la forma de Gobierno, es decir, sobre la República, asunto sobre el que el pueblo español no tuvo oportunidad de pronunciarse en un referéndum.

Y, en otro orden de cosas, sociológicamente hablando, no pocas veces da la impresión de que hay comportamientos corporativos que recuerdan al sindicalismo vertical, así como caciquismos que parecen toda una continuidad del régimen anterior.

Lo que queda de Franco (y del franquismo). Mientras que el principal partido de la derecha española es hasta el momento una formación política fundada y refundada por un exministro del dictador, ni en Francia tuvo sitio nadie vinculado a Petain, ni en Alemania, a Hitler, ni en Italia, a Mussolini. Si esto no es atípico, que venga Dios y lo vea.

Y, por último, nunca me cansaré de repetir que la mejor España en lo intelectual, en lo científico, en lo literario y en lo artístico, formó parte activa y cómplice del único Estado no lampedusiano de nuestra historia contemporánea, esto es, de la tan denostada Segunda República.

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¿Unos presupuestos de izquierdas?
Luis Arias Argüelles-Meres 22-11-2015 | 4:15 | 0

«Pero nosotros conocemos algo distinto, que ninguna experiencia nos ofrece, a saber: que existe la verdad aunque todo lo pensado hasta ahora sea un error; que la honradez debe mantenerse por mucho que hasta el día de hoy nadie haya sido honrado» (Walter Benjamin).

Ya sabemos que don Javier Fernández tiene, entre otros, el don de la versatilidad. Si el pasado año fue capaz de llegar a un entendimiento con el PP en materia presupuestaria, y, así, Asturias se quedó a salvo, desde las últimas elecciones autonómicas a esta parte se muestra predispuesto y dispuesto a pactar unos presupuestos descaradamente de izquierdas. Ahora toca ser más rojos que nunca. ¡Madre mía!

Desde el primer momento, sabemos que el entendimiento con IU, salvo sorpresas mayúsculas, está garantizado. Don Gaspar Llamazares regresó de Madrid para salvar al socialismo astur. La izquierda, ante todo. Sin embargo, el grupo parlamentario de Podemos está siendo muy díscolo y, hasta el momento, no hay ninguna garantía de que esta formación política vaya a darle el ‘sí, quiero’ a don Javier en materia presupuestaria. ¡Qué dura es la política, don Javier!

¿Unos presupuestos de izquierdas? Mucho tiempo se lleva discutiendo en Asturias el Impuesto de Sucesiones. Y, miren, aparte de una obviedad que pone de manifiesto las incongruencias de nuestra inmaculada Constitución monárquica, obviedad que consiste en que no es lógico que, por heredar, en unos sitios haya que pagar impuestos y en otros territorios haya exención en ese particular, me parece que es justo y necesario que se cotice por ello, pues, miren ustedes por dónde, hay muchas personas que no heredan nada. Distinta cosa es que las tasas sean muy altas y que se podía subir el listón mínimo para cotizar. Por lo que leo, están en ello. Veremos qué dan de sí tan sesudas y sabias cavilaciones.

¿Unos presupuestos de izquierdas? El busilis no está sólo en contar con más dineros que se recauden de los impuestos, sino también –y sobre todo– en cómo se distribuyan los dineros de los que disponga el gobiernín. Sería todo un detalle, si de verdad estamos hablando de unos presupuestos de izquierdas, que se redujeran los gastos ocasionados por los altos cargos, las empresas semipúblicas, las dietas de sus señorías y todo ese gran montón de privilegios de los que gozan toda una legión de personas cuyo mayor mérito consiste en estar en posesión del carnet de un partido y en haber sabido adular al mandamás de turno. Bueno sería conocer hasta dónde asciende la suma de todo el gasto que ocasionan los sueldos de los políticos y de sus allegados nombrados a dedo por los primeros.

¿Unos presupuestos de izquierdas? ¿De cuánto dinero se dispondrá para combatir el declive demográfico, sobre todo, en el campo? Por cierto, me gustaría saber si hay algún proyecto concreto al respecto más allá de declaraciones grandilocuentes.

¿Unos presupuestos de izquierdas? ¿Habrá partidas destinadas a la conservación del patrimonio? ¿Habrá partidas destinadas a apoyar la producción literaria en Asturias con algo tan sencillo como adquirir ejemplares de los libros que se publiquen para ponerlos a disposición de la ciudadanía en las bibliotecas públicas?

¿Unos presupuestos de izquierdas? Si don Gaspar habló desde el primer momento de otras políticas medioambientales, ¿se tendrá a bien culminar la red de saneamientos de los pueblos del bajo Narcea? Y, en esa misma línea, ¿dejará doña Belén de defender a determinadas empresas que incumplen la normativa medioambiental y que fueron sancionadas por Confederación Hidrográfica?

¿Unos presupuestos de izquierdas? ¿Los partidos políticos más rojos plantearán el fin de los recortes para los profesionales de la docencia y de la sanidad, recortes no sólo en los sueldos, sino también en un aumento de las horas de trabajo, que, hasta el momento, nadie se plantea cuestionar? ¡Ay!

¿Unos presupuestos de izquierdas, sin pasteleos ni falsas retóricas?

Disculpen mi escepticismo.

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Tras la dimisión del Alcalde de Pravia
Luis Arias Argüelles-Meres 19-11-2015 | 3:56 | 0

Antonio de Luis Solar, alcalde de Pravia

La dimisión del alcalde de Pravia no pudo sorprender a nadie que estuviese mínimamente informado. Parece claro, al menos desde afuera, que acaso haya sido un error de cálculo por su parte el hecho de haberse presentado a las últimas elecciones municipales con tantos frentes abiertos. En todo caso, no voy a ocultar que la noticia me deja consternado y abatido no sólo por lo desolador que resulta el hecho en sí mismo, sino también por tratarse de una persona que durante mucho tiempo parecía una isla de sensatez y afabilidad dentro de una comarca en la que la mayoría de los mandatarios locales se condujeron con nepotismo y despotismo en los últimos años.

Hasta donde sé, el ya exalcalde de Pravia nunca respondió con ira a las críticas que pudieron hacerse a su gestión. Hasta donde sé, su apuesta por la cultura fue mucho más allá de algo cosmético. Hasta donde sé, tuvo proyectos y apuestas por su concejo que mostraron no sólo un conocimiento casi obligado de las necesidades del territorio que gobernaba, sino también un proyecto de progreso que se sostenía en planteamientos muy sólidos. Hasta donde sé, no incurrió en comportamientos caciquiles, que tanto afloraron en estos contornos del bajo Narcea y del bajo Nalón.

Pero lo dicho: tenía, sin duda, demasiados frentes abiertos. Quiero creer que en el asunto de los parquímetros, más allá de la supuesta ilegalidad de su comportamiento, no se incurrió en apropiación indebida. Y espero y deseo vivamente que tenga ocasión de demostrar su honradez.

De todos modos, parece indudable que tenía que haber sido más transparente en ese asunto, no sólo en lo que fue su gestión, sino también a la hora de dar explicaciones públicas cuando el escándalo saltó a la palestra. Y, como dije más arriba, no fue una decisión afortunada haberse presentado a las elecciones municipales con la amenaza de la imputación que acaba de acarrear que haya dimitido.

Tras varios mandatos como alcalde de Pravia, es triste la forma en que abandona su cargo de regidor. Se va sin el ruido y la furia que sigue generando el exalcalde pixueto. Se va sin los muchos episodios tan poco edificantes que protagonizó el exalcalde de Salas. Se va de muy distinta forma a la que lo hicieron otros regidores de su mismo partido en la comarca.

En momentos como éste, tras su dimisión, es seguro que ya no tendrá a su alrededor un coro de aduladores. No lo es menos que, en la medida que dejo de ser útil a su partido, le tocará asumir comportamientos poco consecuentes.

En todo caso, teniendo en cuenta el cariz que han tomado las cosas, lo que cabe es desear que pueda defenderse demostrando que, con independencia de los errores en los que haya podido incurrir, su honorabilidad se quede a salvo.

¡Ojalá!

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¿Dostoievski en París?
Luis Arias Argüelles-Meres 17-11-2015 | 6:58 | 0

«No temas ni a la prisión, ni a la pobreza, ni a la muerte. Teme al miedo» (Giacomo Leopardi)»

«¿Hace falta ser filósofo para distinguir entre la violencia contra las cosas y el terror contra las personas?» (André Glucksmann).

«El suceso del suceso, según Homero y Sófocles, es la revelación intratemporal del tiempo, que Proust bautiza como ‘tiempo recobrado’» (André Glucksmann).

No lo entiendo, ni puedo entender que apenas se haya mencionado a Glucksmann entre la inmensidad de topicazos que se vienen profiriendo desde que tuvieron lugar los horrendos crímenes en París el pasado viernes. Y el hecho es que el autor de ‘Cinismo y pasión’ falleció muy pocos días antes de que la capital francesa se convirtiese en el escenario de unos atentados contra la población civil que aterraron al mundo. Y el hecho es que resulta imposible no relacionar esta barbarie con lo que acaeció en Nueva York, en Madrid y en Londres. ¿Cómo no imaginar a Glucksmann manifestándose al respecto de lo ocurrido de haber estado vivo para contarlo?

¿Dostoievski en París? Sí, y no sólo en el sentido que el filósofo francés relacionó el universo literario del novelista ruso con los atentados en las Torres Gemelas. Y no sólo, porque, entre tanto y tanto lugar común, hay quienes buscan justificación a lo sucedido el viernes, sin tener en cuenta lo que es la responsabilidad de cada individuo, que lo es, como ya señaló Dostoievski, cada cual de sus propios actos.

Por favor, nos busquen héroes ni redentores entre esos individuos que perpetran una matanza contra ciudadanos que están divirtiéndose en una sala de fiestas o en un restaurante. Por favor, no hagan equidistancias tan peligrosas como demagógicas, dando a entender que los atentados de París son una consecuencia inevitable de determinadas políticas, todo lo criticables y rechazables que se quiera, pero que nunca valen como un pretexto a esgrimir para asesinar a ciudadanos que no son en modo alguno responsables de lo que deciden los gobiernos de turno.

Es el horror, es la barbarie, que nunca pueden ni deben justificarse diciendo que en tal guerra también hay muertos, entre otras cosas, porque a la ciudadanía no se le otorga la facultad de poder detener las susodichas guerras.

Es el horror, es la barbarie, insisto. Y a más de uno, ya que de Francia hablamos, le vendría muy bien leer el ‘Tratado sobre la tolerancia’, de Voltaire, entre otras muchas razones, porque la tolerancia no debe ser entendida como resignación, como la sumisión ante excesos y aberraciones, sino todo lo contrario. ¿Dostoievski en París? Miren, aquí no cabe la estupidez de acatar y aceptar, en nombre de la tolerancia, consignas totalitarias enemigas de las libertades. Miren, aquí tampoco cabe que el miedo se adueñe de la sociedad y, aprovechándose de ello, arremeter contra esas mismas libertades.

De lo que se trata es de salvaguardar lo mejor que la cultura occidental supo conseguir, y ello no se logra ni con tolerancias que no dejan de ser concesiones a quienes odian derechos y libertades, ni tampoco con supuestas manos de hierro que venden una teórica seguridad a cambio de que se renuncie a los derechos y libertades. Sin duda, el equilibrio es tan difícil como irrenunciable.

Estamos –y conviene tenerlo muy presente– flanqueados por quienes odian derechos y libertades y tienen como objetivo principal el totalitarismo. En eso coinciden, todos los enemigos de lo mejor que la civilización occidental consiguió dar a su ciudadanía.

¿Dostoievski en París? Nunca olvidaré la emoción que sentí cuando desde el Trocadero avisté la Torre Effiel. Lo que aquello, que tantas veces había visto en fotografías, simbolizaba como progreso, como símbolo de una ciudad que escenificó el momento en el que arrancaba la historia contemporánea. Nunca olvidaré que, al visitar París, somos más conscientes que nunca de lo mucho que hay de mito y lo no poco que hay de mengua en la cocción si se va a la intrahistoria. Pero, en todo caso, hablamos de la que fue durante mucho tiempo capital del mundo, de la ciudad en la que se asentaron tantos sueños. De la dialéctica entre glorias comunes y remordimientos de las que habló Renán. Y, en todo caso, hablamos de una ciudadanía que, una vez más, está por encima de las miserias de la política y que puede mirar cara a cara, tras este golpe tan fuerte, que diría César Vallejo, a los predicadores de pacotilla que justifican lo injustificable, y que buscan épica donde sólo hay odio y barbarie.

¿Dostoievski en París? Glucksmann falleció el 9 de noviembre. Dostoievski nació un 11 de noviembre. Los atentados de París tuvieron lugar el 13 de noviembre. Lejos estaba de pensar en la desgarradora coincidencia que iba a producirse, la de la cercanía de la muerte de Glucksmann y los atentados.

Y es que se diría que las fechas, de dos en dos, atestiguaron una danza macabra y sádica.

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