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Fecha: diciembre, 2015
¿Resistirá la FSA?
Luis Arias Argüelles-Meres 28-12-2015 | 9:21 | 2

Andrés Suárez plantea en EL COMERCIO el callejón sin salida en el que se encuentra el actual Gobierno de Asturias. El momento que se vive a día de hoy es, de un lado, la consecuencia lógica de no contar ni siquiera con un tercio de escaños en el Parlamento autonómico, y, de otra parte, los resultados electorales que acaban de producirse en el ámbito estatal inciden aún más en esa debilidad en la que se encuentra una fuerza política que, salvo excepciones, vino siendo el partido hegemónico en Asturias desde la transición a esta parte. Y la guinda a esta encrucijada vino dada, sin duda, por el rechazo mayoritario de la Cámara a los presupuestos pactados con IU.

En verano, Javier Fernández formó Gobierno con el apoyo que le dio IU, como tantas veces vino ocurriendo, pero esta vez el susodicho apoyo es insuficiente según la aritmética parlamentaria que decidió la ciudadanía asturiana.

El Gobierno de Javier Fernández, a diferencia de lo ocurrido en la anterior legislatura, tiene ante sí una derecha unida, y la presencia de Podemos, partido con el que no hubo entendimiento hasta el presente, le impide la ansiada estabilidad.

Bien es cierto que, a pesar de la debilidad parlamentaria en que se encuentra, parece impensable un pacto entre Podemos y los dos partidos de la derecha ahora coaligados, lo que descarta una moción de censura. Y, por lo que se viene publicando, al actual Presidente de Asturias no se le pasa por la cabeza convocar elecciones anticipadas.

Así las cosas, cabe esperar una Legislatura incómoda para el partido gobernante, teniendo presente en todo momento la salvedad de que a nivel estatal pueden producirse pactos que podrían repercutir en la gobernabilidad autonómica. Pero esto que apunto no es más que una hipótesis que hay que tomarse con mucha cautela.

En otro orden de cosas, dejando aparte la cuestión parlamentaria, así como las opciones de pactos, la situación de Asturias con su declive demográfico y con su decadencia económica tampoco le pone las cosas fáciles a ningún Gobierno, situación que exige de forma apremiante proyectos viables y concretos que atajen esto. No vale el conformismo, no vale el continuismo, no vale la autocomplacencia, no vale el maniqueísmo que culpa de todos los males a los demás y que no asume en serio responsabilidad alguna.

Cierto es que no cabe esperar ninguna solución milagrosa; cierto es que un Gobierno autonómico tiene sus limitaciones y no puede por sí solo modificar a fondo el actual estado de cosas. Cierto es que ningún otro partido convertiría esta tierra en un referente de superación de la crisis. Pero me conformaría con que la FSA no fuese uno de los problemas que nos asolan. ¿Se habrán preguntado esto sus ilustres e ilustrados dirigentes?

¿Resistirá la FSA con su debilidad parlamentaria? ¿Resistirá la FSA reponiéndose de sus últimos batacazos? ¿Resistirá la FSA dejando atrás el continuismo en muchos casos y cosas pernicioso?

Debilidad parlamentaria, malestar social que se manifiesta de continuo en las mismas puertas de la Junta, y así un largo etc. ¿Se estará preguntando alguien si doña Adriana Lastra fue la persona indicada para encabezar la candidatura del PSOE al Congreso? ¿Se estará preguntado alguien si valdría la pena intentar un acuerdo con Podemos en materia presupuestaria, cediendo en algo? ¿Se estará preguntando alguien a qué pudo obedecer el fracaso de la FSA en las principales ciudades de Asturias el 20-D?

Puede que la posibilidad de que la FSA resista al frente del Gobierno de Asturias dependa de la voluntad que tengan sus dirigentes de dejar la autocomplacencia en el perchero y marcarse proyectos de cambio, de un cambio que buscase soluciones y complicidad de la ciudadanía.

¿Se obrará el milagro?

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Mucho peor que incendios
Luis Arias Argüelles-Meres 27-12-2015 | 3:21 | 0

Un hombre observa el rastro de la destrucción provocada por el fuego en La Caridad.

«Huye de mí, caliente voz de hielo, / no me quieras perder en la maleza / donde sin fruto gime carne y cielo. / Deja el duro marfil de mi cabeza, / ¡apiádate de mí, rompe mi duelo! / ¡que soy amor, que soy naturaleza!» (Lorca).

 

Más allá de la casi segura intencionalidad de los incendios que arrasaron Asturias en la madrugada anterior a la cita electoral, lo que pone de relieve la catástrofe que se sufrió en lo que venimos llamando nuestras alas es la decadencia y el abandono de unas comarcas cada vez más despobladas que llevan camino de ser devoradas por la maleza, maleza que, de un lado, es pura yesca ante las chispas, y que, por otra parte, amenaza con sepultar todos los vestigios de vida que se van desmoronando, desde hórreos y casas, hasta los cierres de las fincas. No es que habite el olvido, es que la destrucción se adueña de todo.

Mucho peor que incendios: la yesca que producen el abandono y la despoblación. Mucho más que incendios: el paisaje de una decadencia que no cesa y que lleva camino de convertir Asturias en un matorral, lo que, a su vez, es una causa de primer orden, para convertir nuestros bosques en ceniza.

¿Es que nadie recuerda el trágico episodio que supuso el incendio en el Valledor? ¿Es que nadie fue capaz desde entonces de ver que aquello significaba también un aviso a caminantes acerca de los peligros que acarrea una creciente geografía del abandono?

Mucho peor que incendios. ¿Nada que decir oficialmente a las continuas protestas de los bomberos ante el Parlamento autonómico? ¿Nada que decir, más allá de los tópicos de turno, ante la muerte de una persona que lo arriesgó todo para apagar un horrible incendio con un acceso endemoniado? ¿Nada que decir acerca de las medidas que el Gobiernín se comprometió a tomar contra la despoblación?  ¿O aquello no pasó de ser, como acostumbran, una mera declaración de intenciones para salir del paso?

Mucho peor que incendios. No puedo dejar de preguntarme por el pensar y el sentir de tantas y tantas personas que fueron a votar tras largas y agónicas horas de contemplación de unas llamas que amenazaban con destruirlo todo. No puedo dejar de preguntarme por la angustia que se silenció oficialmente mediante el runrún de todo un día con noticias electorales.

“Entre tanta polvareda, perdimos a don Beltrán”, rezaba un antiguo poema. Pues bien, entre tanta decadencia, de la que no se sabe bien si hay verdadera voluntad política de combatir, el fuego destructor, el sufrimiento, la angustia, el pánico, el horror. Y todo ello no es sólo atribuible a los desaprensivos que provocaron los incendios, que se comportaron como auténticos enemigos públicos, sino también a la decadencia, al abandono, a una despoblación que no cesa como consecuencia de una falta de respuesta política a los problemas que padece el mundo rural, que pide a gritos, dicho sea de paso, una reconversión  política.

Mucho peor que incendios. ¿Por qué no somos capaces en Asturias, al menos, de preservar lo que hemos recibido?

Por favor, no más lamentos, no más discursos lánguidos, no más incompetencias. Por favor, en lo que les toca, cuiden lo nuestro. O váyanse a casa ya.

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¿LA GRANDEZA DE UNA ESPAÑA SIN PULSO?
Luis Arias Argüelles-Meres 26-12-2015 | 9:57 | 0

«Y a lo largo de toda la historia de la España oficial, a lo largo del cortejo de dalmáticas armaduras y de estandartes, de opresiones o de victorias, de persecuciones o de evasiones del suelo nacional, paralelo a todo eso ha habido siempre durante muchos siglos en España un arroyuelo de gentes descontentas, del cual arroyuelo nosotros venimos y nos hemos convertido en ancho río» (Azaña).

El Rey compareció rodeado por los esplendores que decoran del Palacio de Oriente, acaso considerando que se trataba del marco ideal para escenificar en su discurso navideño la grandeza de una nación llamada España. Lo malo es que, ¡ay!, con tapices lujosos o sin ellos, con ornamentaciones que pueden obnubilar, en el aquí y ahora de este país, tal y como sucedió también en los tiempos de Silvela, lo que se percibe es, una vez más, una España sin pulso. Una España sin pulso y un discurso marcado por generalidades que ni persuaden ni seducen. Un discurso prudente que apenas se hizo eco de la corrupción. Un discurso que puso todo el énfasis en la conocida diversidad dentro de la unidad, así como en la necesidad enorme del entendimiento. Un discurso en el que quedó muy claro que el papel del actual Jefe del Estado en una Monarquía parlamentaria tiene sus limitaciones, entre ellas, la de que no le toca intervenir decisivamente ante el creciente independentismo catalán.

Un discurso sin pulso, entre otras razones, porque la España oficial de este momento tampoco lo tiene. Un discurso claramente a favor del marco constitucional presente, llamando a que la legalidad no se incumpla. Un discurso con ciertas apelaciones a la historia, sobre todo cuando hizo mención a los desastres que se derivaron de los incumplimientos de la legalidad establecida.

Pero lo problemático de estas apelaciones a la historia estriba en que, en efecto, hubo mucho de esto. ¿Cómo no recordar las consecuencias de todo lo que se derivó de aquel Pronunciamiento de Primo de Rivera en 1923, al que el bisabuelo del actual Monarca no se opuso ni si siquiera en apariencia? ¿Cómo no recordar, asimismo, la sublevación militar del 36 contra la legalidad republicana, de lo que se derivó una de las dictaduras más largas del siglo XX que, por otro lado, facilitó la restauración borbónica de la que el propio Felipe VI es heredero?

Y, ya que de historia hablamos, ¿cómo no tener presente lo que escribió Américo Castro acerca del problema histórico de los nacionalismos españoles? Conviene reproducir, una vez sus palabras: «El convivir de los individuos y las colectividades se basó en Occidente en un almohadillo de cultura moral, científica y práctica, pues en otro caso hay opresión y no convivencia. Castilla no supo inundar de cultura de ideas y cosas castellanas a Cataluña, como hizo Francia con Provenza y luego con Borgoña».

Y es que el problema de los nacionalismos en España es, como otros muchos, un asunto con una larga raigambre histórica que en su momento no se supo o no se quiso resolver.

Una España sin pulso. A diferencia de otros países europeos, aquí no existe el sentimiento unánime de las glorias comunes y remordimientos de los que habló Renan a la hora de explicar lo que es una nación. A diferencia de otros países europeos, muy rara vez la España oficial se hizo cargo de sintonizar con la España real.

Y, por otro lado, las lecciones que da la historia sobre el tratamiento que recibió la mejor España, intelectual y científicamente hablando, explica muy bien que el sentimiento de grandeza es difícilmente asumible por un pueblo que casi siempre tuvo a la España oficial enfrente.

Y, si nos situamos en nuestra historia más reciente, es decir, en la encrucijada que se vive en el momento actual tras las elecciones del 20-D, habrá que convenir en que la desafección primero y la indignación después contribuyen a una España sin pulso de la que oficialmente emergen discursos sin pulso.

Y es que la grandeza de un país no la da sólo un marco, también hace falta un cuadro en el que su ciudadanía se vea orgullosamente reflejada.

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Una visión llariega del 20-D
Luis Arias Argüelles-Meres 23-12-2015 | 7:22 | 3

«Cada día de nuestra vida nos ha enseñado que las alegrías y los gozos, aun cuando se logren, son engañosos» (Schopenhauer).

¡ Qué cosas pasan! Resulta que un político de la valía y el carisma de Ovidio Sánchez es senador por Asturias ampliamente respaldado por las urnas. Resulta que la lista más votada para el Congreso en nuestra tierra fue la que presentó la coalición PP-FAC, coalición que no es fácilmente explicable tras tantas rupturas y desencuentros entre ambas formaciones. Pero es que además estamos hablando, por un lado, del partido político que sustentó al Gobierno de Rajoy desde 2011, que no se caracterizó precisamente por mostrar la más mínima sensibilidad hacia los problemas y carencias de Asturias. Y, por otra parte, FAC, al coaligarse con el PP, no sólo echó por tierra su pretendido discurso transversal, sino que además se abrazó a un partido al que criticaron duramente por sus políticas lesivas hacia nosotros.

Resulta, otrosí, que tenemos un Gobierno autonómico del PSOE, cuando se trata de un partido político que ni siquiera cuenta con un tercio de representación en el Parlamento llariego. Y, por si esto fuera poco, en las elecciones del 20-D, el hasta ahora partido hegemónico en Asturias obtuvo menos votos que Podemos en nuestras tres grandes ciudades. ¿Tomará nota don Javier?

Y, en fin, resulta que la candidatura que encabezó Orviz en Asturias se quedó sin representación parlamentaria en España. Y, más allá de una ley electoral injusta, así como de un ninguneo inaceptable hacia el candidato nacional durante la campaña, no hay que perder de vista, en clave asturiana, que no sería descabalado pensar que también pudo pasar factura en nuestra tierra el entreguismo de IU al PSOE, entreguismo que no es nada coherente con el discurso antisistema que esgrime la coalición de izquierdas.

Todo está en ‘veremos’ en Asturias y en España. Pero lo que toca en nuestro aquí y ahora es plantearnos el panorama político que tenemos. Porque hay otra incógnita importante que se añade, y es la de los presupuestos tras el rechazo de Podemos. Para Llamazares y para el Gobiernín, los malos de la película son los representantes de la formación morada. Ante ello, al menos, cabe preguntarse por qué no se intentó desde el primer momento elaborar los susodichos presupuestos a tres bandas, en lugar de dárselos hechos al grupo que encabeza Emilio León. Y, según parece, oponerse a ellos es hacer frente común con los partidos de la derecha. No se admite que puedan rechazarlos por otras razones. La pregunta es si se tomaron en consideración algunas de las propuestas de Podemos. O todo, o nada. O lo tomas, o lo dejas. ¿Es esto de recibo?

Así pues, un Gobierno en minoría y sin presupuestos. Unos resultados en las urnas asturianas que, dejando aparte la meritocracia, añaden incertidumbre a un escenario nacional de cambio. Se quiera ver o no, se acabaron las inercias. Se quiera ver o no, urgen las sinergias. Se quiera ver o no, el cambio generacional, más profundo siempre que los restantes, está en marcha. Se quiera ver o no, las facturas de la corrupción siguen sin cobrarse enteramente en las urnas. Sin embargo, las fracturas ahí están, hirientes y estridentes.

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Tras el 20-D: Geografía variable:
Luis Arias Argüelles-Meres 22-12-2015 | 7:26 | 0

El rompecabezas político tras las elecciones ya es una realidad. Hay quienes intentan colocar las piezas donde no encajan, pero va en el guion que lo hagan. Hay quienes solemnizan perogrulladas, más bien, lo intentan, al tiempo que dejan a la vista su falta de perspectiva. Hay quienes especulan por el mero afán de jugar con las posibilidades. Pero, más allá de todo ello, tenemos ante nosotros un escenario complejo en un momento histórico que exige una altura de miras que, hasta el momento, no parece que alcancen la mayor parte de los actores que estarán sobre las tablas en el espectáculo político que viene.

De entrada, el partido más votado tiene a la inmensa mayoría de las restantes fuerzas políticas en contra. Para seguir, la segunda fuerza más votada, o sea el PSOE, no parece estar en las mejores condiciones de pactar a varias bandas para formar Gobierno. Y, en cuanto a las apremiantes reformas constitucionales que mencionó Pablo Iglesias en la misma noche electoral, no hay la mayoría necesaria a la que la ley obliga. Pura encrucijada para casi todos.

Y lo que se avecina, más que la geometría variable de la que hablan muchos tertulianos, repitiendo lugares comunes de otras citas electorales, lo que en verdad llama a la puerta es la geografía variable, y ello por partida doble. Me explicaré.

Por un lado, hay que reparar en el hecho de que el bipartidismo no salió bien parado en ninguno de los territorios que, por decirlo de algún modo, marcan la pauta de las tendencias electorales más próximas. Tanto es así que en Madrid y Cataluña el batacazo de los partidos turnantes es de pronóstico reservado. Ésta sería la primera geografía variable, la que marca tendencia, tendencia que además es la misma en la franja de votantes más jóvenes. O sea, geografía e historia; o, si se prefiere, espacio y tiempo.

Por otra parte, si llega a producirse el fracaso de Rajoy, una hipotética alianza de izquierdas se encontraría con el escollo del problema catalán. El referéndum que Podemos propone lo rechaza de plano el PSOE, que, a su vez, también tendría que contar con el apoyo de Esquerra Republicana, y no parece que vaya a dárselo si se tiene en cuenta la dinámica en la que se encuentra la formación política que dirige el señor Junqueras.

Tiempo habrá de ver las negociaciones que vayan a tener lugar. Tiempo habrá de ver las alternativas de Gobierno que se pueden estar preparando en el caso de que Rajoy no obtenga apoyos suficientes. Pero, de entrada, el dato más significativo es el de la geografía variable, es decir, la pauta política marcada por las poblaciones más dinámicas y menos envejecidas de todo el territorio patrio. Esto es, los pactos, si alguno llegara a buen término, tendrían que incluir necesariamente un acuerdo muy amplio en torno a Cataluña, donde, por cierto, la candidatura en la que participa Podemos le acaba de dar un fuerte varapalo también a los partidos independentistas.

Así pues, de entrada biografía variable, en un país llamado una vez más a reinventarse en no pequeña parte. Ya se sabe: «España y yo somos así, señora». Toca reconstruir un proyecto de país.

La vieja política está definitivamente en horas bajas. Por su parte, a los llamados partidos emergentes les toca una larga andadura, apasionante, sí, pero con muchos escollos.

Veremos.

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