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Fecha: febrero, 2016
Carta abierta a Isabel Pérez-Espinosa
Luis Arias Argüelles-Meres 28-02-2016 | 4:08 | 0

“La corrupción del lenguaje es la corrupción de la realidad”. (Octavio Paz).

 

¿En qué quedamos, doña Isabel? Dice, a propósito de lo que acaba declarar doña Mercedes Fernández acerca del caos económico del PP astur hasta que ella tomó las riendas, que no estaba al tanto de las cuentas del PP durante aquellos días en los que don Gabino de Lorenzo decidió nombrarla a usted lideresa de su partido en Asturias frente a un Álvarez- Cascos que en mayo de 2011 les propinó una severa derrota electoral. Y, sin embargo, afirma, de otro lado, que en el PP astur había dinero de sobra. Dar por hecho que la situación económica del partido era excelente sin haber mirado los papeles de las cuentas nos lleva a pensar que se trataba y se trata de una cuestión de fe, que ya se sabe, mueve montañas.

Pero, vera usted, doña Isabel, si me tomo la libertad de dirigirle esta carta, no es por constatar su fe, sino por asuntos mucho más mundanos, que tienen que ver con aquellos días en los que usted estuvo al frente del PP astur, días que nunca olvidaré, entre otras cosas, porque representan una época que no formará parte de las glorias astures.

Mire, de un lado, la crisis entre ustedes, entre los conservadores llariegos, con un Gabino de Lorenzo convertido en el macho alfa del PP astur; con un Álvarez-Cascos que se enfrentaba a los políticos que él había dejado aquí como guardeses del cortijo tras la ruptura con Marqués. Y, en el otro lado del espectro político, el arecismo terminaba sus trabajos y sus días con el caso Marea, de cuyas salpicaduras se derivó también el caso Riopedre. Malos tiempos, así pues, para la lírica y para la épica, malos tiempos  también para la estética.

Así pues, la etapa en la que usted irrumpió en la vida política llariega como lideresa del PP astur no formarán parte, a buen seguro, de las glorias comunes a las que Renan se refirió a la hora de definir lo que forja una nación.

Y, más allá de eso, me atrevo a participarle que, entre mis debilidades más confesables, se encuentra el interés que me despierta la oratoria de los personajes que en un momento dado emergen en la vida pública. Y, a este respecto, lamento reconocer ante usted que sus discursos, tanto en la campaña electoral, como en los meses que estuvo al frente de su grupo parlamentario en la Junta, estuvieron marcados, en el tono, por un cabreo permanente, y, en la letra, por aguachirle, el aguachirle de las simplezas y los topicazos que tanto desafinan al oírlos y tanto desazonan al leerlos.

Fue el hecho, doña Isabel, que cuando Cascos dio la espantada, su partido, en instancias distintas a las de don Gabino de Lorenzo, decidió agradecerle los servicios prestados apartándola de la primera línea política. Del Parlamentín pasó usted a la canonjía que aún disfruta en Valladolid. Y no creo que, al aceptar esa nueva responsabilidad, haya tenido que renunciar usted a grandes ofertas que se le hicieron acorde con su valía desde ámbitos profesionales que no políticos.

Y, mire, al volver a salir usted a la palestra mediática, no puedo no recordar no sólo esa retórica de la que le hablé más arriba, sino también aquellos días en los que usted se entendía tan bien con el PSOE, hasta el extremo de convencer a la FSA de que Goñi, al frente del Parlamento llariego, haría recordar a Besteiro. Aquellos días que terminaron con la espantada de Cascos y con la decisión de su partido de premiar sus esfuerzos y sus días con el cargo que ahora sigue teniendo, eso sí, en funciones.

¡Ay, doña Isabel! Me duele – no se puede usted cuánto- esta Asturias de los tristes destinos y de los grandes desatinos. Tristes destinos y grandes desatinos de los que usted, en compañía de otras muchas personas de la vida política llariega, forma parte.

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Cajastur y la izquierda de siglas
Luis Arias Argüelles-Meres 23-02-2016 | 7:26 | 0

Entre las muchas comparecencias se vienen celebrando a lo largo de los últimos meses en el Parlamento autonómico, la que tuvo como protagonista a don Manuel Menéndez, actual Presidente de Liberbank, fue, para mí, a un tiempo, la más clarificadora y, también, la más indignante. Y ello no obedeció sólo a las continuas negativas del compareciente a responder a muchas de las preguntas que le formularon algunos parlamentarios allí presentes, sino también y, sobre todo, a la complacencia, cuando no al entreguismo sumiso, a todas luces indignante, de la izquierda de siglas, especialmente la de los parlamentarios llariegos del PSOE.

Argumentar que lo sucedido con las Cajas obedeció a una disposición estatal supone, entre otras cosas, una inaceptable y afrentosa falta de respeto a la ciudadanía asturiana. ¿Acaso las buenas gentes de la FSA desconocen que tal cosa se acordó gobernando Zapatero en España y que un personaje conocido como MAFO apostó mucho por ello?

Miren, al menos, con lo que se decide en el ámbito estatal, cabe manifestarse, sobre todo, si es algo que afecta a Asturias. Y no tengo la más mínima constancia de que se haya argumentado una sola vez que tales disposiciones con respecto a la entidad bancaria asturiana hayan sido beneficiosas para esta tierra.

Desde luego, lo que se hizo con las Cajas de Ahorro no figurará jamás entre los logros de los gobiernos socialistas en España. Pero, si además de eso, los actuales dirigentes de la FSA ni siquiera están por la labor de distanciarse un mínimo de semejantes políticas la cosa es sonrojante.

Desde luego, difícilmente pudo satisfacer a nadie la frialdad que mostró el señor Menéndez en su comparecencia. Como mínimo, algún respeto les debe a los representantes políticos asturianos, a todos, dado que en su trayectoria le debe no poco a una institución bancaria que hasta no hace mucho fue patrimonio nuestro.

Pero lo que supera con creces la paciencia de cualquier persona bien informada es que el PSOE nada tenga que decir ante la presente situación de la identidad bancaria que, según parece, es cada vez menos asturiana y, por otro lado, serán cada vez menores las aportaciones a lo que vino siendo su obra social y cultural.

Miren, con todos los requisitos legales, lo que aquí sucedió fue un episodio no pequeño y sí muy grave de desmantelamiento de algo tan nuestro como la Caja de Ahorros de Asturias.

Para mayor baldón, por el camino fueron no pocos los políticos que obtuvieron pingües ingresos como teóricos consejeros de la Caja. De eso, claro, casi nadie quiere acordarse.

Y, como guinda, que Asturias pueda perder empleos y tributos a resultas del nuevo rumbo de la identidad bancaria no parece preocuparle al PSOE.

¿Se necesitan acaso más pruebas y argumentos para poder seguir afirmando que la FSA sólo es de izquierdas en sus siglas?

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“Nel Ríu la Fame”, de Pilar Arnaldo: La salvación literaria de una geografía
Luis Arias Argüelles-Meres 20-02-2016 | 10:56 | 0

  

La salvación literaria de una geografía

Si los seis personajes de Pirandello buscaban autor, las seis mujeres que protagonizan los relatos de Pilar Arnaldo demandan, con justicia poética, que sus historias tengan eco por escrito, esto es, demandan la genuina y singular acta notarial que confiere la literatura que está hecha con oficio.

Seis mujeres. En primer término, Carmina, la niña que casi tiene que pagar con la muerte su afán por cumplir el sueño de vivir una fiesta con la solemnidad que le confiere la prenda que desea lucir un día de verano que sea luminoso, frente al tono gris que marchita la alegría de un alma adorablemente infantil. En esta historia, la salvación es pura justicia poética, si se piensa en el artífice de la curación de Carmina.

En el siguiente relato, es Esperanza la que, tras sufrir una humillación aterradora, se arma de valor, hace frente a su marido y decide que su hija irá a la escuela a adquirir los conocimientos mínimos que la preservarán de burlas intolerables. Puro coraje que sobrecoge a quienes transiten tan heroica historia.

Luego está el tránsito de Aurelia, que abandona la cárcel de Cangas del Narcea en plena guerra civil y que, estando a punto de parir, regresa a su casa para que la criatura a la que va a traer al mundo sea recibida por ese entorno familiar del que fue arrancada. Vuelta a una Ítaca singular por una geografía donde están omnipresentes la soledad y el aislamiento que, sin embargo, no ciegan ni atrapan a la protagonista del relato cuyo regreso es puro heroísmo.

¿Y qué decir de Carola, a la que un desaprensivo roba sus sueños, sirviéndose de una elocuencia que sólo tiene como objeto la burla en la que cuelga sus trofeos? Sin embargo, Carola, en lugar de resignarse, planta cara hasta y, lejos de postrarse en una amargura vitalicia, encontrará en el resarcimiento aliciente para  sus trabajos y sus días.

También  está Olvido, cuyo nombre le viene pintiparado, cuya derrota y sinsabor le sirve, con crudeza, de aprendizaje y se hace consciente del poderío que le queda para, al menos, rodear de cuidados a su criatura.

El último relato es el más largo. Lo protagoniza Gloria, que es víctima de la mezquindad y cicatería del gineceo que habita la casa que comparte con su marido. Una peripecia en la que pasará de la miseria a un final feliz,  alejado también en lo geográfico y en lo existencial de la  sordidez en la que le tocó vivir con su familia política.

“Nel Ríu la Fame”, así se denomina popularmente el río Genestaza, es la geografía cuya intrahistoria recupera –y salva- Pilar Arnaldo. La salva del olvido, hace justicia poética, sabedora de que en un futuro no muy lejano el entorno no tendrá quien les escriba.

Sin ninguna duda, Pilar Arnaldo, acertó –y de lleno- con su primer libro, un mosaico de magníficos relatos.

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¿Se va Esperanza Aguirre?
Luis Arias Argüelles-Meres 16-02-2016 | 7:34 | 0

Los amigos suelen abandonarnos a la hora de la desgracia; los enemigos nos siguen hasta la muerte”. (Conde de Romanones). 

Recuerdo haber leído que Canalejas, hablando del conde de Romanones, llegó a decir que nada se creía de aquel hombre, que ni siquiera estaba seguro de que cojease de verdad. Desde luego, Rajoy sólo tiene en común con don José el haber nacido en Galicia. Desde luego, la señora Aguirre se parece muy poco a alguien que, además de leer libros, los escribía. No obstante, puede que no sea inadecuado comparar la mutua desconfianza entre estos dos últimos con la que hubo entre los primeros. Y, por otro lado, estoy por apostar que Gallardón en su momento podría haber dicho algo parecido sobre doña Esperanza a lo que supuestamente planteó Canalejas sobre aquel aristócrata que, a día de hoy, sigue siendo el mejor ejemplo de caciquismo en nuestra historia contemporánea.

No, doña Esperanza no se va, se queda como edil en la capital del Reino, y no cabe albergar la más mínima duda con respecto a esto que sigue: seguirá animando el cotarro de la opinión publicada con sus declaraciones. Sólo se iría si los tribunales de justicia así lo determinasen, pero nunca por voluntad propia.

Algún día, más allá de la inmediatez y de los chascarrillos, habrá que preguntarse cómo es posible que un personaje como la ex Presidenta madrileña haya llegado a tener tanto protagonismo y poder en nuestra vida pública.

¿Es que nadie recuerda sus patinazos como ministra de Educación y Cultura, patinazos que, por cierto, no la hacían abochornarse lo más mínimo? Estamos hablando de una Ministra de Educación y Cultura que mostraba en público lagunas sobre autores y obras de obligado conocimiento para cualquier persona mínimamente instruida.

Pero aquello pasó. De allí dio el salto al Senado, y, más tarde, con la ayuda de Tamayo, pasaría a ser la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Fue el suyo un Madrid de la majeza, de la España cañí, donde sólo le faltó un don Hilarión para contrarrestarla, pues, a decir verdad, el señor Gallardón no se acomodaba mucho a ese papel. ¿Se imaginan que en Madrid, mientras ella ejerció de Presidenta, hubiese un Alcalde del estilo de Gabino de Lorenzo? El guion de lo castizo y de la majeza se hubiese cumplido al completo.

Pero, volviendo al presente, mientras Rajoy se esconde inexplicablemente ante la corrupción incesante de su partido, mientras el todavía Presidente en funciones se negó a dar el paso para presentarse a la investidura argumentando su proyecto de España, si es que lo tiene, llega Esperanza y dimite como principal responsable del partido conservador en la capital. O sea, se va, pero se queda, y, con ello, descoloca aún más a Rajoy. Estamos, pues, ante una cuadratura del círculo casi completa.

Los escándalos de corrupción vienen salpicando a personas de su confianza. La Benemérita intervino en registros en el partido. Y ahí la tienen, tan fresca, tan pichi. Doña Esperanza, muy altiva, dimite. Lo acontecido parece que no fue con ella, pero, ante todo, la dignidad, oiga usted. De traca, de comedia bufa.

Aquí, nadie se cree nada. Aquí, el circo continúa. Aquí, el espectáculo va a más. Aquí, el fango de la corrupción, el lodazal de la vida pública, la mediocridad que nos corroe y nos vampiriza parecen presidirlo casi todo.

Con ella, con doña Esperanza, la política se hizo sainete. Y la función promete seguir en el cartel hasta nueva orden, si llegase.

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Rubén Darío y Asturias
Luis Arias Argüelles-Meres 14-02-2016 | 4:12 | 0

1905, la inmortal obra Cervantina, Don Quijote de la Mancha, cumplía 300 años. Es el momento en el que comenzaría un fenómeno tan literario como fecundo, que advirtió Azorín con precisión: el Quijote comenzaba a inventarse o reinventarse. Darío se suma ese mismo año a ello con su Letanía de nuestro señor don Quijote, libro que, por cierto, dedicó a Francisco Navarro y Ledesma, cervantista de referencia. Pues bien, es también en ese año cuando el gran poeta nicaragüense se traslada en verano por vez primera a Asturias, a una Asturias que entonces estaba muy lejos de ser el furgón de cola de España, pues, antes al contrario, se encontraba en la vanguardia de la cultura en España.

Visita estival de Rubén a Asturias, concretamente, a una comarca donde la mejor España también se daba cita. En ese sentido, conviene hacer mención, aunque sea de pasada, a Rafael Altamira, y a su vinculación con San Esteban de Pravia. Y es obligado, al mismo tiempo, referirse a Pérez de Ayala, que no sólo visitó a Rubén Darío en sus estancias veraniegas en nuestra tierra, sino que además hay que advertir que la citada comarca tiene su protagonismo en la obra de don Ramón, tanto en su obra poética, como en determinados personajes de sus novelas del ciclo autobiográfico.

Así las cosas, la comarca de Asturias que Rubén Darío visita  concita no sólo la propia presencia del poeta, sino también la del institucionismo y la de una literatura como la ayalina, nada ajena al modernismo, nada ajena a los imperativos estéticos de su tiempo a los que Ayala no fue en absoluto indiferente.

San Esteban de Pravia, San Juan de la Arena, Riberas de Pravia. Bajo Nalón. El mar en San Juan, la desembocadura muy cerca de San Esteban de un río Nalón que se entrega al mar Cantábrico. Comarca entonces pujante en la que le ferrocarril acababa de llegar, ferrocarril que encauzó la necesidad de poner fácil la exportación del carbón en Asturias. Lugares que siguen siendo de ensueño y que atesoran un pasado ambicioso que, a día de hoy, deja en nosotros una melancolía difícilmente superable.

El mar y el carbón, también la pintura si pensamos en Muros del Nalón.

Sumemos a todo lo expuesto, algo que no es nada baladí sobre las estancias veraniegas de Rubén Darío en la comarca de la que venimos hablando que tendrán en la figura de Azorín todo un cronista de lujo, pues allí visitará al poeta.

Prestemos atención a estas palabras de Azorín describiendo su encuentro con Rubén Darío: “El mar envía, fuera, entre las tinieblas, sus olas que rompen con estrépito sobre las olas. El poeta calla y nos sonríe con su amable sonrisa”.

No deja de ser curioso que el mismo Azorín que había escrito páginas memorables sobre la vida cotidiana de Leopoldo Alas, que tanto combatió al modernismo que Rubén encarnaba, haga de cronista de su principal referente. Es el mismo Azorín al que Ayala le dedicó un poema cuando vino a Oviedo con su paraguas rojo, con  su melancolía a cuestas.

Tiene lugar la visita en 1905. Azorín ya describe a un poeta maduro, que dejó atrás sus primeros entusiasmos esteticistas, o que, más bien, incorpora a ellos lo dramático y lo profundo. El poeta es visitado en la noche por Azorín, cuando el mar sopla fuerte, cuando la magia se cierne sobre San Juan de la Arena y San Esteban de Pravia.

No deja de ser llamativa, por otro lado, la omnipresencia de Cervantes en la trayectoria vital de Rubén Darío, omnipresencia cervantina que, además, coincide, como ya consignamos más arriba, con la primera estancia veraniega del poeta en Asturias y que, de otra parte,  se repite también el año de la muerte del gran literato nicaragüense.

La muerte de Rubén Darío tuvo lugar el 6 de febrero de 1916. Cien años después, estamos en plenas efemérides cervantinas y también en el centenario de uno de los gigantes de la poesía en lengua española.

Vino a Asturias por vez primera el año en que publicó su Letanía de nuestro Señor don Quijote. Y esta tierra debe homenajearse a sí misma recordando las estancias de todo un genio de las letras que encontró aquí magia y descanso, que tuvo ilustres visitantes y que dio esplendor a una comarca que da cuenta de lo mejor de nosotros mismos, en lo geográfico, en lo histórico y en lo estético.

Al cisne, sí, le torcieron en cuello. Pero la mejor literatura entona de continuo ese mismo canto del cisne. En las comarcas que visitó Rubén, cabe percibir ese canto en todo momento. Es cuestión de oído y sensibilidad para evocar e invocar.

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