El Comercio
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Fecha: marzo, 2016
¿El adiós de Cajastur?
Luis Arias Argüelles-Meres 31-03-2016 | 4:30 | 0

Día 28 de marzo, hora del vermú, Cornellana. Desde la terraza de la cafetería que está frente a la oficina de Cajastur, veo a unos operarios cambiando los rótulos. Finalizan su tarea y lo que más salta a la vista es un nuevo nombre: Liberbank.  Hay poco trasiego. Pero, aun así, no puedo dejar de preguntarme cómo asumirá la mayoría de la clientela este cambio. Y, sobre todo, lo verdaderamente notorio del caso es que, cuestiones formales aparte, esto se vive como un adiós a una entidad financiera omnipresente en Asturias a lo largo de muchísimo tiempo.

En este caso, no se trata de un episodio que tenga como protagonista a la piqueta cometiendo una barbaridad estética. Es muy distinta cosa. Se trata de la consecuencia de una decisión política que se tomó hace ya unos cuantos años en virtud de la cual las Cajas de Ahorro ya no tienen continuidad tal y como fueron concebidas. Decisión política, conviene repetirlo, a nivel estatal. Lo notorio del caso, como ya escribí, es que en Asturias se haya aceptado con tanta docilidad sin poner el más mínimo reparo, al menos teórico, a ello.

Miren, no es nostalgia el sentimiento que me suscitó contemplar esa operación de cambios de rótulos, sino algo mucho menos dulce: de un lado, el convencimiento de que en esta tierra apenas quedan referentes empresariales de largo recorrido en el tiempo. No sostenemos lo nuestro. Y, por otra parte,  no me puede resultar indiferente la resignación general ante el referido cambio.

No llovía en Cornellana el 28 de marzo a la hora del vermú. El Narcea y el Nonaya bajaban crecidos y sus aguas presentaban la inequívoca tonalidad que es propia de días de deshielo. Y, a pesar de su enorme caudal, se percibe que las piedras del río relucen por su blancura.

De vez en cuando, se dejaban notar –y mucho- rachas de viento endiabladas, que, al menos, acompañaron a los malestares que podían provocar los cambios de rótulos en la referida oficina bancaria.

Y es que no puedo dejar de pensar en la confusión que muchas personas sentirán al ver que su oficina de toda la vida exhibe un nombre extraño, que suena raro,  que nada tiene  que ver con lo que conocieron e hicieron suyo desde siempre, incluso sus antepasados.

¿Por qué en tiempos como los presentes, marcados por una crisis que está muy lejos de quedarse atrás, se toman decisiones estatales que van en detrimento de los fines sociales de unas entidades bancarias nacidas sobre todo para la protección de las personas más desfavorecidas?

Y, además, el haber presenciado esto que les cuento en una localidad perteneciente a un mundo rural que se va despoblando hace aún más fuerte la zozobra que provocan acontecimientos de este tipo.

Un señor se baja de la bicicleta al lado de la oficina bancaria. Observa en silencio el resultado final de la tarea. Veo que no entra en la entidad bancaria. Conversa con un viandante, mirando los dos el cambio que acaba de tener lugar.

El sol se abre camino. Dejo la terraza. Al arrancar el coche, echo un último vistazo.

Algo cambió en Cornellana. Y en Asturias

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Caso Renedo: El tamaño sí que importa
Luis Arias Argüelles-Meres 29-03-2016 | 3:03 | 0

Estamos en vísperas de un juicio que, en muchos sentidos, nos sobrepasa. De entrada, don José Antonio Soto-Jove, presidente de la Audiencia Provincial de Asturias, declara que el espacio del que se dispone se quedará pequeño, por lo que habrá que arbitrar otras medidas para albergar todo lo que el caso conlleva. Y, por otra parte, según se van conociendo noticias acerca de las facturaciones irregulares en muchos centros de enseñanza, además de sonrojo e indignación, nos vamos haciendo a la idea de las dimensiones escandalosas del asunto que aquí nos trae.

Miren, sin entrar en otras consideraciones que ya habrá ocasión de abordar, estamos hablando de un tiempo en el que se cerraron colegios rurales, aduciendo para ello que el número de escolares no era el suficiente para mantenerlos abiertos, y, al tiempo que se hacía eso, se perpetraban las presuntas irregularidades con pagos y obras. De aquello no se beneficiaba la comunidad escolar, desde luego, sino empresas y cargos públicos, cargos públicos que además se reclamaban de izquierdas y se declaraban heroicos defensores de la enseñanza pública. Si esto no es vomitivo, que vengan los referentes históricos de la izquierda y lo vean, los dirigentes históricos y el gran número de personas que lucharon por defender unas ideas, arriesgando en ello en su momento sus libertades, cuando no sus vidas.

En efecto, el tamaño sí que importa. Asturias es muy pequeña para que determinados comportamientos hayan generado un juicio de esta envergadura. En efecto, se cerraron colegios en localidades muy pequeñas como el que había en el pueblo tinetense de Los Semellones, obligando a los escolares a madrugar más para acudir al colegio donde los destinaron. Y aquello en su momento provocó que el entonces alcalde de Tineo, que pertenecía también al PSOE, se manifestase en contra de semejante medida a la que, según atestiguan las hemerotecas, calificó de «ratería». ¡Qué cosas!

Lo dicho: el tamaño sí que importa. En una comunidad autónoma, pequeña y ya entonces en pleno declive demográfico, tuvo lugar un descomunal saqueo a las arcas públicas. Y tiene un enorme significado simbólico que esta tierra no cuente con espacios los suficientemente amplios para dar cabida a la liturgia judicial que el caso que nos ocupa provocó. Y es que, si dejamos de lado, carencias y necesidades, que, desde luego, también hay, se supone que carecer de unas infraestructuras que cuenten con la cabida que el caso requiere, además de otras cosas, significa que se trata de algo que, también en cantidad, nos sobrepasa. Digo en cantidad, porque la mera existencia de una sola irregularidad financiera con el dinero público destinado a la escuela es algo lesivo, intolerable y crispante. Pero aquí los excesos son cuantitativos y cualitativos.

¿Cómo podrá vivir internamente esto la cúpula de la FSA, que, a su vez, llegado el momento, no le tembló el pulso a la hora de aplicar recortes tanto a las necesidades de la escuela pública como al profesorado?

Vergüenza y oprobio que diría el Zola del ‘Yo acuso’. Vergüenza y oprobio que nos sobrepasan, también en cantidad.

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Tecnología y barbarie
Luis Arias Argüelles-Meres 28-03-2016 | 3:52 | 0

“Los persas de Heródoto pensaban que todo el mundo se equivocaba menos ellos; nosotros, occidentales modernos, no estamos lejos de pensar que todo el mundo tiene razón, salvo nosotros. Esto no es un desarrollo del espíritu crítico, siempre deseable; esto es su abandono total”. (Jean-François Revel).

Una máquina de matar, impulsada por el odio, el fanatismo y la ignorancia, que además sabe utilizar tecnologías de ocasión para convertir sus acciones en auténticas masacres, es quien protagoniza los episodios de horror que acaban de tener lugar en Bélgica, que ocurrieron antes en París, Londres, Madrid y Nueva York. La cosa está muy clara: aprovechar la tecnología de ese mundo infiel al que hay que exterminar para que el terror y la impotencia afloren en nosotros, en todos nosotros.

Tecnología y barbarie, digo. El asunto, a poco que se piense, es tremendamente paradójico. Desde luego, sin ella, sin esa tecnología, no podrían conseguir sus objetivos de matar masivamente, de ensangrentar aeropuertos y estaciones de metro, de asesinar a personas que acuden a un concierto. Y así sucesivamente.

Pero, más allá de eso, si se tiene en cuenta el conocido tópico de que lo malo y lo terrible de los adelantos científicos y tecnológicos no son ellos en sí mismos, sino el uso que se haga, habría que preguntarse hasta qué punto tenemos perdida la batalla para que prevalezcan esas conquistas que nos hacen mejores y que dignifican nuestras vidas. Hablo, claro está, de los derechos y libertades, del valor supremo de la vida humana, de la condena, sin fisuras, de cualquier barbarie.

Fíjense: es éste un mundo en el que las llamadas tecnologías (entre paréntesis, una impertinencia filológica: ¿por qué no ‘técnicas’, si ‘tecnología’ es, sensu stricto, estudio de la técnica?) tienen mucha mayor importancia que las ciencias, que el conocimiento. O sea, en términos clásicos, la tecné por delante de la episteme. Tengo para mí que a Platón y a Aristóteles, sobre todo al primero, le horrorizaría esto no menos que poner por delante la opinión que el saber.

Estamos, en tal sentido, en un mundo al revés, o, en todo caso, en un mundo que trastoca las jerarquías del saber y el pensar de nuestra civilización. Convendría no perder de vista semejante anomalía, que quizás podría explicar ciertas miserias de nuestro tiempo.

Tecnología y barbarie. Da respingo tener que asistir en el espectáculo mediático a tibiezas cuando se trata de pronunciarse acerca de los horribles atentados que venimos sufriendo. Es de Perogrullo condenarlos sin matices, y molesta que haya puestas en escena en la vida pública solemnizando lo obvio. Pero es mucho más irritante que se quiera aprovechar el horror para sacarle partido, políticamente hablando. Ahora bien, lo más indignante de todo es tener noticia de pronunciamientos que, en lugar de intentar explicarse lo sucedido, lo que buscan es justificarlo con una frivolidad inaceptable.

Es una perogrullada reconocer que el odio y el fanatismo tienen su casuística. Dicho lo cual, el hecho de intentar siquiera mostrarse comprensivos con iluminados sanguinarios es propio de cretinos y de frívolos, de inconscientes y demagogos.

No olviden lo obvio, por favor: lo que se pretende es destruir lo mejor que esta civilización occidental, con todas sus contradicciones y cinismos, supo atesorar, y lo hizo con sangre, sudor y lágrimas. No es mucho pedir que sepamos ser dignos herederos de esos derechos y libertades que nos permiten tener conciencia histórica y dignidad.

Hay cosas que no se debe permitir que se cuestionen con discursos desaprensivos que nos ofenden hasta la indignación.

Nos queda el coraje de defendernos a nosotros mismos, tal y como planteó Tucídides: «Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, en el coraje».

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Cátedras de Instituto
Luis Arias Argüelles-Meres 19-03-2016 | 3:53 | 1

Confieso que me sorprendió que el consejero de Educación y Cultura anunciase que, en lo que queda de Legislatura, se convocarán oposiciones para cátedras de Instituto. Pues bien, al margen de que el asunto debe ser tomado con cautela dado que hablamos de un Gobierno que no cuenta ni siquiera con un tercio de los escaños en el Parlamento, lo cierto es que lo manifestado por Genaro Alonso es una buena noticia, quiero creer que puede serlo.
Desde principios de los noventa, los sistemas educativos aparcaron la excelencia en todos los órdenes apostando (pido disculpas por la crudeza de la expresión) por un profesorado chusquero, es decir, por los años de servicio, y no por las publicaciones e investigaciones que los docentes lleven a cabo. En efecto, a poco que se repare en los criterios de puntuación para el concurso de traslados, se verá lo poco que se valoran las publicaciones. Lo cierto es que la cátedra de Instituto fue durante mucho tiempo el paso previo a la docencia universitaria. De hecho, la mayoría de los catedráticos universitarios más prestigiosos en distintas ramas pasaron antes por la cátedra de Instituto. Pero llegó el momento en el que la endogamia se hizo dueña del mundo universitario. Pero llegó el momento en el que la enseñanza media, ahora denominada secundaria, no tenía salida. Pero llegó el momento en que la carrera docente dejó de existir, al menos fuera del ámbito de la enseñanza universitaria.
Y no vendría mal recordar aquel acceso a cátedra de principios de los años 90 que no consistía stricto sensu en una oposición , ni siquiera en un concurso de méritos, sino en la presentación de una “memoria” que se puede considerar una especie de antecedente del “copia y pega”. Quienes conocieron aquello saben muy bien de lo que hablo.
Es decir, a medida que se fue orillando el conocimiento en el sistema educativo, se hizo lo propio con los criterios tradicionales de lo que podía entenderse como carrera docente. Por tanto, no es nada extraño que el llamado “cuerpo de catedráticos” de Instituto se haya venido considerando algo a extinguir.
De ahí que el anuncio hecho por Genaro Alonso me haya sorprendido tanto, porque no sé muy bien cómo pueden encajar nuevas cátedras de Instituto en un sistema educativo que no es fácil que llegue a apostar por la excelencia en el profesorado y por el conocimiento para el alumnado.
Y cuando digo excelencia, más allá de su significado tradicional, me refiero a aquella parte del profesorado que va mucho más allá de los manuales y libros de texto, que profundiza cuanto puede en su materia y que aporta sus creaciones e investigaciones en publicaciones prestigiosas. Y que, a la hora de formarse y ponerse al día, no acude a cursos oficiales que en ocasiones imparten personas de las que no se conoce que atesoren una trayectoria académica deslumbrante.
Siempre está pendiente el debate acerca de que un buen docente no tiene por qué ser necesariamente un conocido investigador y viceversa. Siempre habrá que tener en cuenta que, al lado del conocimiento de la materia que se enseñe, el didactismo (no entendido al modo de la LOGSE) es obligado e imprescindible. Pero, en todo caso, es difícilmente discutible que todo ello debe ser valorado en una carrera docente que, reitero, fuera del ámbito universitario, casi ni existe.
Insisto en que me produjo nostalgia el anuncio del consejero, nostalgia acerca de un modo de concebir la enseñanza que se enterró hace décadas. Y quiero creer que esa convocatoria para cubrir cátedras de Instituto podría ser un primer paso por y para recuperar lo que nunca se tendría que haber perdido. O que, al menos, esa voluntad existe.

Sería fantástico.

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EL PP ASTUR O LA GRESCA QUE NO CESA
Luis Arias Argüelles-Meres 17-03-2016 | 7:24 | 0

Cuando ganaron las elecciones, sólo dos veces desde el 83, tuvimos que asistir al espectáculo de sus peleas goyescas, sin tregua ni piedad. El resto del tiempo, o bien se conformaron con lo inane, o bien, de vez en cuando, se produjeron intentos de mover a determinadas personas de sus sillones, desvencijados y nada lustrosos. Y poco más. Triste balance para casi cuatro décadas de presencia política entre nosotros.

La gresca que no cesa. Dejando aparte las sonadas y sonoras rupturas durante los mandatos de Marqués y Cascos, ¿recuerdan ustedes aquella espantada que dio Cascos como militante del PP en Asturias a resultas de que doña Pilar Fernández Pardo no puso en los altares a la actual lideresa conservadora, a doña Mercedes Fernández? ¿Recuerdan ustedes cómo se las gastaron estas buenas gentes peperas cuando el señor Morales le hizo frente en su momento a esa luminaria política que atiende al nombre de Ovidio Sánchez? ¿Recuerdan ustedes las elecciones generales de 2008 cuando Gabino de Lorenzo decidió encabezar la candidatura del PP al Parlamento español, con su boina y su asturianismo de sainete, con sus recados despectivos hacia el mencionado don Ovidio?

Y, ahora tras la coalición entre el PP y lo que queda de Foro, es don Gabino de Lorenzo quien sale a la palestra apostando por un político imputado, al tiempo que pide que se celebre un congreso que le dé a la militancia su voz y su voto. Eso lo defiende la misma persona que no sólo no aceptó la celebración de un cónclave del partido cuando Cascos lo pidió, sino que además, en asambleas chigreras, protagonizó los lances y episodios que muchos recordamos, encaminados todos ellos a que doña Isabel Pérez-Espinosa fuese la candidata del PP astur a las elecciones autonómicas de 2011. Esto es coherencia y lo demás cuento.

¿Y qué decir de doña Mercedes, blanco de las iras de no pequeña parte de la vieja guardia del PP astur? ¿Quién le dio una canonjía en la sindicatura de cuentas? ¿A la sombra de quién hizo su carrera política? ¿Cómo puede explicar la señora Fernández haber pasado de un entusiasta apoyo a Cascos frente al aparato del PP astur, a convertirse más tarde en la principal dirigente del partido en Asturias para apoyar a Javier Fernández?

¿Cómo olvidar, por otro lado, la cicatería con la que actuó en Gijón contra Pilar Fernández Pardo, una víctima del casquismo que, sin embargo, no se sometió a la disciplina del partido que prefería que la Alcaldía de Gijón recayese en el PSOE? ¿Cómo olvidar, asimismo, aquel congreso del PP gijonés con todas sus irregularidades?

Pues bien, ahora que Foro es un partido testimonial tras la retirada de Cascos, el PP se las ingenia para pelearse de nuevo internamente. Una pelea liderada entre un Gabino de Lorenzo que parece delirar y no tener en cuenta imputaciones frente a doña Mercedes Fernández que, tras haber sido la muleta del PSOE frente a Cascos, se está enfrentando ahora a los políticos peperos que el exministro de Aznar quería defenestrar, eso sí, defenestrarlos, como ya dije, tras haberlos dejado como guardeses de su cortijo en el PP astur después de la ruptura con Marqués.

¿Nunca se cansarán estas buenas gentes de dar el espectáculo? ¿Tienen en su ADN lo goyesco?

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