El Comercio
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Fecha: marzo 3, 2016
Melquíades Álvarez, una tragedia española
Luis Arias Argüelles-Meres 03-03-2016 | 7:24 | 0

«En esencia, los reformistas eran socialdemócratas con un matiz fabiano. Siguiendo el espíritu de Costa, hacían hincapié en la reforma agraria, la tolerancia religiosa, la democracia parlamentaria y la educación laica» (Rockwell Gray).

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E. C.
Retrato de Melquíades Álvarez, fundador del Partido Reformista, realizado por Piñole.

 

¿Una tragedia española? ¿Una tragedia asturiana? Recordemos que Melquíades Álvarez fue el sucesor de la cátedra de Clarín en la Universidad de Oviedo, de un Clarín que no sólo escribió una obra maestra de la narrativa como ‘La Regenta’, sino que además desempeñó el trascendente papel de haber sido uno de los principales faros intelectuales de la España contemporánea. ¿Cómo explicarnos, sin el magisterio de Clarín, que Asturias haya sido el principal vivero del orteguismo? ¿Cómo explicarnos sin el magisterio de Clarín que hablemos de un tiempo en el que hubo asturianos de la lucidez intelectual de Pérez de Ayala y Fernando Vela? ¿Cómo explicarnos sin el magisterio de Clarín la implantación que tuvo en Oviedo el institucionismo que, a su vez, coincidió con la época dorada de nuestra Universidad?

¿Cómo no reparar en el dato que sigue: Melquíades Álvarez nació y murió en el mismo año que Unamuno? ¿Cómo es posible que no se haya profundizado en el hecho de que estamos hablando de la figura más importante de la Generación del 98 en lo que a la vida política se refiere?

¿Se tiene lo suficientemente en cuenta la inequívoca implantación que el Partido Reformista tuvo en una Asturias que vivía su esplendor industrial, que, a su vez, coincidía con el ímpetu de modernidad que supusieron los indianos, que, por su parte, fueron decisivos a la hora de financiar la formación política liderada por el Tribuno?

¿Hay forma de obviar, por otro lado, el proceso histórico que convirtió a Melquíades Álvarez en el padre de la República, pues en el Partido Reformista militaron, entre otros, Azaña, Pérez de Ayala, Ortega y Gasset y Augusto Barcia? ¿Es de recibo que se soslaye que en 1913, con una estrecha vinculación al partido de Melquíades, surgiese ‘La liga de Educación política’, a la que también se sumaron las figuras antes mencionadas, pertenecientes a la Generación de 1914, que encontraron en esa asociación cívica un cauce para su afán pedagógico que tanto caracteriza a la mencionada generación? Téngase en cuenta que la Agrupación al Servicio de la República fue definida por el filósofo asturiano José Gaos como «el avatar postrero de la Liga de Educación política».

Melquíades Álvarez, un hombre de la Generación del 98 que funda un partido político en el que sus militantes más destacados son los prohombres de la generación de 1914, la misma que trajo la República.

Tampoco hay que perder de vista que hay más de un Melquíades Álvarez, pues la dictadura de Primo de Rivera marca un antes y un después en su trayectoria política. De hecho, Azaña y otros militantes esperaban que se mostrase mucho más combativo. De ahí se derivó, entre otras cosas, que abandonasen la militancia en la formación melquiadista. Digamos como mero apunte que en momento alguno se mostró favorable a aquel Pronunciamiento que nos devolvía al siglo XIX. Distinta cosa es que se hubiera resignado a lo que pudo considerar irremediable.

Por otro lado, Azaña llegó a escribir en sus ‘Memorias’ que don Melquíades lo podía haber sido todo en aquella República a lo que no se adhirió con entusiasmo. Es más, resulta innegable su deriva conservadora dentro de aquel Estado al que tanto había contribuido a forjar.

¿Una tragedia española? ¿Una tragedia asturiana? En agosto del 36, tras haber sido encarcelado en el Madrid en guerra, unos desalmados lo asesinaron salvajemente. Aquello horrorizó, entre otros, a Indalecio Prieto y a Azaña.

Sin duda, una doble tragedia, española y asturiana. Tragedia con la grandeza y el dolor que marca el género.

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