El Comercio
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Fecha: marzo 7, 2016
Asturias, ínsula abaratada
Luis Arias Argüelles-Meres 07-03-2016 | 7:24 | 0

«Es inútil callar la verdad. Todos estamos mintiendo al hablar de regeneración, puesto que nadie piensa en serio en regenerarse a sí mismo» (Unamuno).

Andrés Suárez se hace eco en EL COMERCIO de la zozobra interna que sacude a los dos grandes partidos de esta tierra a resultas de los escándalos de corrupción que salpican a ambas formaciones, entre otras cosas, porque, tanto la llamada ‘trama del agua’ como el ‘caso Villa’ aún pueden dar mucho más de sí en cuanto a salpicaduras y mazazos. Desde luego, oficialmente, cada partido tiene su relato para sacudirse de encima cualquier atisbo de responsabilidad. Lo malo es que llega un momento en que las declaraciones oficiales pierden su credibilidad hasta un extremo inquietante para los interesados.

Asturias, la ínsula abaratada. Miren, nuestra insularidad existencial, que nos habita desde hace tanto tiempo, sirve, eso es cierto, para que las escandaleras que por estos pagos acontecen rara vez transciendan más allá de Pajares. A este respecto, recordemos, aunque sólo sea por un instante, el bochornoso espectáculo que vivimos cuando se tuvo noticia de la detención del exconsejero Iglesias Riopedre. Es indudable que, de haber acontecido algo así, en otra comunidad autónoma, el asunto hubiera tenido un alcance mediático infinitamente mayor.

Pero, aun suponiendo que se pueda considerar ventajoso que nuestras miserias apenas tengan eco mediático en el resto del país, la casuística que explica el fenómeno es tan desoladora como preocupante. No es bueno no existir, si se me permite la hipérbole, para el resto de España. No es bueno un aislamiento mediático que plasme que apenas contamos.

Asturias sería, así las cosas, una ínsula, una ínsula que, a resultas de su decadencia, abaratada, desbaratada, casi agónica, cada vez más envejecida, cada vez más inexistente. Y esto, como cualquier otro fenómeno sociológico, no puede obedecer, claro está, a una sola causa, pero no cabe ninguna duda de que tiene responsables, más de uno, empezando por el partido político que ha venido gobernando esta tierra desde la preautonomía hasta el momento presente, con las excepciones del periodo de Marqués y el brevísimo y malogrado mandato de Cascos. Es decir, no llegan a 5 años las excepciones en una etapa de casi cuatro décadas.

Asturias, la ínsula abaratada. Nos viene gobernando una izquierda de siglas que fue siempre muy sumisa y condescendiente con los gobiernos nacionales de su propio partido que desatendieron más de lo tolerable a esta tierra. Y actualmente tenemos un Gobierno, cuya representación en el Parlamento autonómico no llega a un tercio de los escaños. Un Gobierno que, en lugar de debatir sus propuestas y proposiciones, las retira para que se escenifique lo menos posible su debilidad. Y esto tampoco transciende más allá de Pajares.

Asturias, la ínsula abaratada. Tenemos una derecha que se vino peleando al goyesco modo y que ahora parece que volvió a unirse, obviando los brutales enfrentamientos que se vivieron entre el PP y el partido del señor Cascos, ya que este último vino sosteniendo un discurso en virtud del cual tanto el PP como el PSOE eran tremendamente lesivos para Asturias. ¡Cuánta coherencia!

Asturias, la ínsula abaratada. Lo tengo escrito muchas veces. Hemos pasado de formar parte de la vanguardia en España a convertirnos en parte del furgón de cola. Alguien debería reflexionar muy seriamente al respecto, empezando por nuestro partido hegemónico que, tras haber gobernado esta tierra durante casi cuatro décadas, sus logros están en una despoblación creciente y en una decadencia agónica.

Asturias, la ínsula abaratada. ¿Y cuál es el relato de los dos principales partidos? En cuanto al PSOE, cierto es que suspendió de militancia a Villa de forma fulminante. Pero eso no le exime de varias cosas nada insignificantes. Si nos atenemos a la versión oficial, que nadie se haya enterado del proceso de enriquecimiento de su principal dirigente no constituye atenuante, sino todo lo contrario. En segundo lugar, ¿se puede negar que hay cierto olor a podrido en una formación política cuyo principal mandamás actuó de esa guisa? Y, por otro lado, ¿nada tienen que decir todas aquellas personas que, políticamente hablando, se lo deben casi todo al sindicalista de marras?

¡Qué relatos, Dios mío, qué relatos! Fíjense: 1991, huelga general en Asturias para defender la minería, contra los planes que entonces tenía el ministro Solchaga. Un periódico de Madrid, que actualmente no se publica, concretamente, el diario El Sol, llamaba a Villa en un editorial «el Hamlet asturiano», por aquello de pertenecer a la Ejecutiva Federal del PSOE y, al mismo tiempo, convocar aquella huelga contra la política industrial del Gobierno de su propio partido. La comparación vive el cielo que se las trae.

¡Qué relatos, Dios mío, qué relatos! Y, miren ustedes por dónde, el partido hegemónico llariego, que nunca estuvo por la labor de la normalización lingüística del asturiano, no fuera a ser que ello nos aislase más, no es capaz de frenar nuestra decadencia y, con ella, nuestro aislamiento. Paradoja gigantesca a decir verdad.

Asturias, la ínsula abaratada. Ni siquiera la nueva política fue capaz hasta el momento de desenmascarar muchas de las miserias que nos golpean, y no digo que le falte voluntad para ello, sino que la inercia, cuando está consolidada, cuesta mucho romperla.

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