El Comercio
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Fecha: marzo 15, 2016
La esgrima parlamentaria de Javier Fernández
Luis Arias Argüelles-Meres 15-03-2016 | 4:11 | 1

Para mí la acción política es un movimiento defensivo de la inteligencia, oponiéndose al dominio del error(…)  Dentro del orbe en que se mueve, el pensamiento que no se incorpora en hechos, en una creación, aborta; y más que en ninguno en el orbe político, donde la especulación pura trasciende al mundo moral y a la vida práctica”. (Azaña).  

Pues no, don Javier, determinados juegos de esgrima parlamentarios ni corrigen ni resuelven la inacción política que esta tierra padece desde que usted asumió el Gobierno de Asturias con menos de un tercio de los escaños de la Junta, a los que hay que sumar otros cinco que le proporcionó muy generosamente el grupo que encabeza don Gaspar Llamazares.

Mire, no debería usted conformarse con referirse a la crisis del PP llariego con símiles históricos que, por otro lado, dan cuenta de episodios que no fueron nada favorecedores de las libertades en España. La mejor manera de acallar a la oposición consiste en gobernar bien, en afrontar los retos y en poner los medios para servir a los intereses de la ciudadanía.

Cuando sabe que determinada ley o propuesta suya va a ser rechazada por el Parlamento, en lugar de defenderla, la retira. Cuando la situación de Asturias demanda soluciones, usted se encoge de hombros y siempre tiene a quién culpar, o sea, lo del infierno sartriano.

Sus dotes parlamentarias, don Javier, debería lucirlas argumentando y persuadiendo desde la tribuna. Mire, parodiando a don Miguel de Unamuno, es mejor convencer que vencer. Pero, en lo que va de legislatura, usted no logra ni lo uno ni lo otro.

El buen parlamentarismo, don Javier, va mucho más allá de lanzar pullas previamente estudiadas a los adversarios políticos. El buen parlamentarismo es la buena política, que, al decir de Azaña, consiste en una disputa entre el acierto y el error, disputa en la que la inteligencia tiene que resultar no sólo convincente y disuasoria, sino también ganadora.

Cuando usted habla en el Parlamento, don Javier, lo que la ciudadanía espera no es que nos cuente cosas acerca de los problemas internos del PP llariego, sino que nos hable de sus propuestas para resolver las necesidades, muchas de ellas acuciantes, que tiene esta tierra.

No tiene usted la socarronería de Indalecio Prieto, ni vamos a esperar que cuente con una lucidez como la de Azaña. Pero sí podemos esperar de usted que sea consecuente con algo que proclamó Ortega en las Cortes republicanas el 30 de julio de 1931 y que usted citó haciendo suyas las palabras del filósofo. ¿Las recuerda?: “Porque es de plena evidencia que hay tres cosas que no podemos venir a hacer aquí: ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí”.

Desde luego, no hace el payaso. Tampoco, el jabalí, por mucho que en alguna ocasión en la anterior legislatura se le viese muy airado contra Cascos. Pero, me temo, señor Fernández, que a veces si hace el tenor, entendiendo por tal en este caso adornarse con una cita erudita con la que ataca a sus antagonistas y despierta entusiasmo entre los suyos.

El buen parlamentarismo no es pedantería, sino todo lo contrario. Recuerde usted a Unamuno: “Un pedante es un estúpido adulterado por el estudio”.  No caiga usted en eso, por favor.

Lo dicho, don Javier, la inacción no se encubre con citas eruditas. Lo dicho, don Javier, esfuércese usted cuando sube a la tribuna en la Junta o cuando replica desde su escaño.

Por otro lado, tiene usted mucha suerte al contar con Gaspar Llamzares como aliado, pues es un excelente parlamentario que, de estar a la contra, le daría muchos quebraderos de cabeza, si bien es cierto que hay  intervenciones de Emilio León en las que denuncia muchas de las miserias políticas de Asturias, donde sus réplicas adornadas y barnizadas se vuelven inoperantes y estériles.

Queremos un gobernante y no un erudito a la violeta, que diría Cadalso.

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