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Fecha: julio, 2016
¿Democracia parlamentaria?
Luis Arias Argüelles-Meres 31-07-2016 | 2:24 | 0

“La política debería ser realista. La política debería ser idealista: dos principios que son verdaderos, cuando se complementan. Falsos, cuando están separados”. (Bluntschli).

 ¿Nadie tiene a bien a preguntarse cómo es posible que estemos viviendo un momento en el que el parlamentarismo en particular está aún más devaluado que la política en general, y ya es decir? ¿Nadie tiene a bien plantearse que la transparencia que tanto jalean los partidos políticos puede empezar –y de hecho empieza- con los debates parlamentarios en los que debe discutirse, si de investidura hablamos, el proyecto de país? ¿Nadie quiere caer en la cuenta de que es tan importante convencer como vencer y que lo primero hay que intentarlo en la discusión parlamentaria que es, además de otras cosas, la escenificación de las distintas ideas y proyectos a la que puede asistir todo el país?
 Si todos los líderes políticos, empezando por Rajoy, están tan convencidos de lo que este país necesita aquí y ahora, lo primero que debería hacer el candidato de turno, don Mariano, en este caso, sería proponer su plan de Gobierno, intentado no sólo ganar a la hora de conseguir los apoyos parlamentarios, sino también convencer al país entero.
 Moraleja: A Rajoy no le interesa convencer, sólo quiere vencer. Pero, cuando no se cuenta con mayoría absoluta, lo segundo no se logra sin lo primero.
 Moraleja: A Rajoy le puede la galbana. Le resulta muy fatigoso intentar convencer a nadie. Si por él fuera, se ahorraría el trámite del debate de investidura y se pondría directamente a gobernar. Lo malo es que -¡ay!- se supone que esto es una democracia,  parlamentaria, además.
  No se necesita ser especialmente avispados para percatarse de que, tanto la crisis que padecemos como también la fragmentación política que refleja el Parlamento obligan a intentar por todos los medios que se alcancen acuerdos de gobernabilidad. Tampoco se necesita una perspicacia extraordinaria para ser conscientes de que Rajoy no sabe cómo afrontar esa fragmentación política y esa necesidad de pactos. Con lo cual, el panorama que tenemos ante nosotros es el que sigue: resulta que el candidato más votado es el mayor problema que este país tiene para afrontar políticamente el momento presente. Apela a que le dejen gobernar por ser el partido más votado y por el encargo del Jefe del Estado. Pero de ahí no parece estar dispuesto a pasar a mayores: o sea, a pactar, o sea, a convencer. Quiere un “sí” incondicional. Eso es mucho pedir, don Mariano.
 ¿Democracia parlamentaria? ¿Podrá darse la circunstancia de que, ante este estado de cosas, los líderes de los partidos políticos que no son el PP intenten siquiera acometer la tarea de alcanzar un acuerdo de Gobierno sobre la base de un común denominador que sea, pero en serio, la regeneración política? ¿Ni siquiera se plantea nadie la posibilidad de un acuerdo entre el PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos, un acuerdo no necesariamente de Gobierno entre las tres formaciones políticas, pero sí para dejar gobernar, siempre que se pacten unos mínimos?
  ¿No estaría bien que la discusión política y el diálogo se ubicase en el Parlamento? ¿No es esto, en teoría, una democracia parlamentaria?

Por favor, intenten, al menos, convencer, convencernos.

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¿Fuego amigo?
Luis Arias Argüelles-Meres 30-07-2016 | 4:57 | 0

En el último –o penúltimo– acto de la liturgia del mayor caso de corrupción política hasta ahora juzgado en Asturias, como era de esperar, se cruzó el fuego (¿amigo?) entre las defensas de Riopedre y Otero. Según la abogada de doña María Jesús, su patrocinada no era Dios en la consejería. O sea, solo había un Dios padre, esto es, Riopedre. Además, las trapisondas de la política decidieron convertirla en «garbanzo negro», por no estar afiliada al partido hegemónico de esta bendita tierra. Aun así, actuase o no por libre, episodios que se apuntaron en este proceso, como la rehabilitación de la casa de un familiar de la señora Otero en Zaragoza, tienen difícil justificación.

Por su lado, la defensa del señor Riopedre insistió en la sobriedad del ex fraile, ex comunista ortodoxo y ex consejero. Sus mayores pecados fueron la imprudencia en alguna conversación telefónica y la debilidad enternecedora que sentía por su hijo. ¡Ay!

Si al principio del proceso, cuando doña María Jesús respondió a las preguntas de su defensa, se veía venir que la intención de esta ejemplar ciudadana era dejar muy claro que el mandamás en Educación era el consejero, y que, por tanto, no se le podían atribuir a ella las responsabilidades de las decisiones más importantes. Pero, andando el tiempo, esta tendencia a apuntar hacia arriba pareció diluirse. Pero ayer se volvió a la carga en las conclusiones de la defensa, que presenta a su patrocinada como una suerte de chivo expiatorio por manejos de otros. De todos modos, hay muchos interrogantes abiertos a este respecto, y no parece fácil admitir que muchas de las facturas que aparecieron fuesen falsedades urdidas contra la señora Otero.

En cuanto a las conclusiones que expuso el defensor del ex consejero Riopedre, lo cierto es que –perdón por la perogrullada– que la pasión por un hijo no lo puede justificar todo, menos aún si hablamos de dinero público. Y es que a estas alturas nadie pone en duda que en esa consejería imperaba el caos, caos que tenía un máximo responsable político. Y, por otra parte, todo lo que se apuntó, en el sentido de que hubo actuaciones que parecían estar encaminadas a favorecer a la empresa del hijo del entonces consejero, reviste una gravedad no pequeña.

¿Fuego amigo? Imagino que este final fue inevitable. No había muchos asideros a los que agarrarse. En todo caso, tengo para mí que se cruzó el mínimo posible e imprescindible.

Con todo ello, son muchos los interrogantes, y no menores los sonrojos y los bochornos.

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Artillería pesada
Luis Arias Argüelles-Meres 28-07-2016 | 4:58 | 0

Marta Renedo Avilés, llegando a la Audiencia.

En el día de ayer, sucedió lo previsible: las defensas utilizaron la artillería pesada contra una Administración que no fue capaz de evitar lo sucedido. Se cargó con posibles defectos de forma en la instrucción y se cargó también contra las irregularidades que otros hubieran podido cometer. Muy sartiriano todo ello. Incisivo y contundente estuvo el defensor de Marta Renedo, que acusó al Principado de no haberse avenido a un acuerdo, al tiempo que consideró poco consistentes las pruebas que se muestran contra su patrocinada. Por su lado, el letrado que defiende al señor Muñiz alega posibles defectos de forma provenientes de las escuchas telefónicas al señor Riopedre, en un momento en que el ex consejero estaba aforado.   Es decir, artillería pesada y esa técnica de la aspersión de culpabilidad hacia otros, obviando la responsabilidad de cada cual. Imagino que, dadas las circunstancias, se considera que esta línea de actuación puede ser la más adecuada.

 

Se trata de poner de manifiesto no sólo hipotéticos defectos de forma, sino también la realidad de una Administración que no destacó precisamente por su rigor y diligencia. Así, los personajes que se están juzgando vendrían a ser eslabones de una maquinaria deficiente desde arriba. Todo ese argumentario tiene, a mi modo de ver, una carencia importante, cual es la responsabilidad individual que no queda a salvo, moralmente hablando, por un funcionamiento inoperante y, si se quiere, perverso. Tremenda fue la alusión al estalinismo que condena a terceros. Tremenda y sobrecogedora. Con todo, seguimos con las responsabilidades individuales que nunca pueden dejar de asumirse.

 

En medio de todo ello, de las estrategias de defensa y de lo que sabemos de lo que vino aconteciendo, uno no puede dejar de preguntarse cómo es posible que en las altas instancias del Gobierno autonómico no hubiera la más mínima sospecha de lo que estaba sucediendo, un Gobierno autonómico que en su momento destituyó con muy malos modos a Pepe el Ferreiro, alegando que el creador del Museo de Grandas llevaba una gestión desorganizada. Desde luego, los hechos demostraron no sólo la honestidad del señor Naveiras, sino también el caos en la Consejería que lo defenestró con tan malos modos.

 Artillería pesada, decibelios ensordecedores. Antesala todo ello, de algo que está cada vez más cerca de encontrarse visto para sentencia, y que certificará sonrojantes corruptelas y chapuzas en nuestra vida pública llariega.

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La agonía de Foro Asturias
Luis Arias Argüelles-Meres 27-07-2016 | 5:08 | 0

“Sólo pretendo testificar en la crónica sentimental de una época y un sucedido que tuvo enorme trascendencia en la historia de estos lugares. El mío es un realismo comarcal» (Manuel Vázquez Montalbán. “Recordando a Dardé”).

Hasta donde sé, los ediles valdesanos de FAC que han sido requeridos notarialmente por el que hasta el momento había sido su partido político no incurrieron en el transfuguismo si por tal se entiende haber pasado con armas y bagajes a otro grupo municipal en una operación de trueque y estafa a sus votantes. Hasta donde sé, Foro Asturias concurrió a las elecciones municipales y autonómicas de 2015 con un discurso propio en el que aún se conservaba lo que en su momento apuntó el propio Cascos, es decir, reivindicar “el orgullo de ser asturianos” frente a un bipartidismo estatal que, desde hace décadas, nos ningunea y nos ignora.

 Y es que, desde que se produjo la coalición entre el PP y la formación casquista, se diría que depositó en el desván toda reivindicación asturianista, o, para ser más precisos, ya no cuenta el abandono que viene sufriendo esta tierra por parte del Gobierno de Rajoy desde 2011. Y es que, desde que se produjo la referida coalición entre las formaciones conservadoras, las relaciones del partido casquista con sus correligionarios en el ámbito municipal están muy tocadas. Lo extraño sería lo contrario. No es fácil que puedan aceptar hacer de secuaces de un partido al que se enfrentaron en sus respectivas campañas electorales.

En lo que llevamos de verano, ante el abandono de los servicios que deberían prestar los trenes de FEVE, me vengo preguntando continuamente qué queda de Foro Asturias, cómo es posible que asistan a algo así sin darse por enterados. Ya no se trata sólo de que se haya dejado de denunciar el llamado “pacto del duernu” en nuestro ámbito llariego, sino que además se mira para otro lado ante los incumplimientos del Gobierno estatal con Asturias. ¿O es que ya no urge la variante de Pajares, o es que carece de importancia que los viajeros de FEVE tengan que quedarse en tierra y se vean obligados a utilizar otros medios de transporte?

 Con todos los respetos a las personas implicadas, me tomo la libertad de manifestar que sería más digno haber disuelto el partido en lugar de asistir a esta agonía marcada por renuncias tan desoladoras como inexplicables. Me llamó mucho la atención que Martínez Oblanca, cuando se hizo público el nombramiento de doña Ana Pastor como Presidenta del Congreso, se viese obligado, con la boca pequeña, a recordar las infraestructuras pendientes del Ministerio de Fomento con Asturias.
¿Se imaginan ustedes lo distinto que hubiera sido su discurso antes de que FAC se entregase al PP?

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Bochorno por partida doble
Luis Arias Argüelles-Meres 26-07-2016 | 4:18 | 1

«La adulación, bajeza del que adula; engaño del adulado y aún bajeza de los dos; porque su bajeza muestra el que gusta de su adulación, que no se fía en el valor de sus méritos». (Quevedo).

El día de ayer, en el que, entre otros, expusieron sus conclusiones acerca del ‘caso Renedo’ la letrada del Principado y la fiscalía, estuvo marcado por el bochorno, que acaso quiso ser compañero de la letra y música de los discursos.

La señora Otero era en la Consejería de Educación poco menos que Dios, según la abogada de la Administración autonómica, mientras que el señor Riopedre (¿Dios Padre?) estaba muy preocupado por los negocios de su hijo. Y, a resultas de ese amor paterno, según las conclusiones que oímos ayer, la empresa del hijo del  susodicho se benefició de ciertos contratos. La Diosa Otero y el Dios Padre. ¡Cuánta divinidad!

Bochorno, abanicos. Doña Marta Renedo al lado de doña María Jesús Otero. La primera, luciendo bronceado, de vez en cuando, buscaba acomodo en su silla. La segunda, sin embargo, impertérrita. Por su lado, el que fuera Dios Padre de la Consejería estaba en primera línea, con su hieratismo habitual.

Día gris de principio a fin. ¿La educación y la cultura, en lo que toca a sus consejerías en aquellos años, eran un cachondeo? Oficialmente, se admite caos. Pero un caos que resultó pintiparado para los objetivos que persiguieron determinadas personas, objetivos que no estaban lejos del enriquecimiento, nada espiritual. Mucho tendrían que decir al respecto la psicolingüística y la sociolingüística.

Bochorno insufrible. Conclusiones que dejan pocas fisuras que permitan tibiezas. Un dirigente político, Riopedre, que no tendrá

forma humana (ni divina) de librarse del desprestigio. Una alta funcionaria (la señora Renedo) cuyos comportamientos demuestran que los relatos kafkianos no siempre son literatura. Alguien en la que el Consejero de la cosa puso toda su confianza (doña María Jesús Otero) que tendría cabida en la novela de Mendoza,  “La Ciudad de los prodigios”. Unos empresarios (don Víctor y don Alfonso) como personajes de unas vidas paralelas, bajando abismalmente las alturas plutarquianas, que, a su vez, fueron beneficiarios y víctimas de unas políticas marcadas por el despilfarro y el todo vale.

 

Y, como coda, a la letrada de Principado, me permito decirle que el arriba firmante, funcionario de carrera como profesor de Instituto, lo que demanda no es ser defendido por alegatos como el suyo, sino meritocracia y dignidad, al igual que la inmensa mayoría del colectivo docente.

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