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Bochorno por partida doble
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-07-2016 | 02:29

«La adulación, bajeza del que adula; engaño del adulado y aún bajeza de los dos; porque su bajeza muestra el que gusta de su adulación, que no se fía en el valor de sus méritos». (Quevedo).

El día de ayer, en el que, entre otros, expusieron sus conclusiones acerca del ‘caso Renedo’ la letrada del Principado y la fiscalía, estuvo marcado por el bochorno, que acaso quiso ser compañero de la letra y música de los discursos.

La señora Otero era en la Consejería de Educación poco menos que Dios, según la abogada de la Administración autonómica, mientras que el señor Riopedre (¿Dios Padre?) estaba muy preocupado por los negocios de su hijo. Y, a resultas de ese amor paterno, según las conclusiones que oímos ayer, la empresa del hijo del  susodicho se benefició de ciertos contratos. La Diosa Otero y el Dios Padre. ¡Cuánta divinidad!

Bochorno, abanicos. Doña Marta Renedo al lado de doña María Jesús Otero. La primera, luciendo bronceado, de vez en cuando, buscaba acomodo en su silla. La segunda, sin embargo, impertérrita. Por su lado, el que fuera Dios Padre de la Consejería estaba en primera línea, con su hieratismo habitual.

Día gris de principio a fin. ¿La educación y la cultura, en lo que toca a sus consejerías en aquellos años, eran un cachondeo? Oficialmente, se admite caos. Pero un caos que resultó pintiparado para los objetivos que persiguieron determinadas personas, objetivos que no estaban lejos del enriquecimiento, nada espiritual. Mucho tendrían que decir al respecto la psicolingüística y la sociolingüística.

Bochorno insufrible. Conclusiones que dejan pocas fisuras que permitan tibiezas. Un dirigente político, Riopedre, que no tendrá

forma humana (ni divina) de librarse del desprestigio. Una alta funcionaria (la señora Renedo) cuyos comportamientos demuestran que los relatos kafkianos no siempre son literatura. Alguien en la que el Consejero de la cosa puso toda su confianza (doña María Jesús Otero) que tendría cabida en la novela de Mendoza,  “La Ciudad de los prodigios”. Unos empresarios (don Víctor y don Alfonso) como personajes de unas vidas paralelas, bajando abismalmente las alturas plutarquianas, que, a su vez, fueron beneficiarios y víctimas de unas políticas marcadas por el despilfarro y el todo vale.

 

Y, como coda, a la letrada de Principado, me permito decirle que el arriba firmante, funcionario de carrera como profesor de Instituto, lo que demanda no es ser defendido por alegatos como el suyo, sino meritocracia y dignidad, al igual que la inmensa mayoría del colectivo docente.