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Fecha: agosto, 2016
A vueltas con el tango
Luis Arias Argüelles-Meres 31-08-2016 | 11:22 | 0

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«El tango es un pensamiento triste que se baila». Enrique Santos Discépolo.

«El tango nos da a todos un pasado imaginario, todos sentimos que, de un modo mágico, hemos muerto peleando en una esquina del suburbio». Borges.

Ahora –¿quién nos lo iba a decir?– es Borges quien nos mete de lleno en una referencia musical de la que nunca hemos salido. Hablamos del tango. No deja de ser paradójico que el literato más anglosajón en lengua castellana se ocupe de algo tan argentino, tan arrabalero, tan ajeno en su origen a lo que fueron las fuentes borgianas. Pero, ante todo y sobre todo, más allá de lo que puedan decir los expertos en el tango, lo que constituye un auténtico regalo al público lector es la palabra de Borges, provocativa, ingeniosa, irónica, sutil. Y, más que ninguna otra cosa, genial.

A vueltas –nunca mejor dicho– con el tango, con «el pensamiento triste que se baila», según acertó a decir Discépolo. A vueltas con una creación musical genuinamente argentina que, sin embargo, se universalizó en París. A vueltas con unos acordes que, tan pronto los oímos, no podemos no imaginar un baile, sí, un baile.

Un baile con la garra de lo desgarrado y desgarrador. Un baile donde la sensualidad es la cera que arde, donde el deseo se desparrama como lava volcánica. Un baile contra el mundo, contra el tiempo, contra la realidad. Un baile donde el deseo lo acaba apoderando todo. Un baile cuya atmósfera resulta tan poderosa que aísla a sus protagonistas, entregados a una danza del deseo. Un baile donde ese mismo deseo se convierte en la versión musical de ese Grito con mayúscula que en su momento nos regaló Munch. Es ‘El Grito’ del Arrabal.

A vueltas con el tango. Piernas infinitas de la bailarina. Miradas encendidas e incendarias entre quienes lo bailan. Medias que cristalizan muslos de ensueño. Tacones que se deslizan por lo tórrido. Brillo de un parqué o de unas baldosas por el que los pies de quienes bailan recorren un itinerario que los lleva al delirio y al frenesí.

Y, en el fondo, un lamento, una protesta, un chillido, un desgarro, un malestar, una rebeldía, un cabreo infinito, que se conduce musicalmente, que va y viene del deseo más rompedor.

A vueltas con el tango. Una mujer y un hombre escenificando una de las grandes creaciones musicales que, con independencia de sus orígenes, se hizo universal. Un lenguaje único, distinto y distintivo.

En este libro inédito de Borges, que recoge sus conferencias sobre el tango, se habla –y no muy favorablemente– de Carlos Gardel, el que, según los argentinos, «cada vez canta mejor». Seguro que habrá teorías que se opongan a lo que Borges opina de «Carlitos». Seguro que, en la trayectoria del tango, hay puntos de inflexión que se nos escapan a quienes no estamos empapados de erudición al respecto. Pero, en todo caso, es una delicia leer a Borges y recordar esa creación suprema que es el tango.

¿Cómo olvidar la escena del tango que baila Al Pacino en la película ‘Esencia de mujer’? ¿Cómo olvidar a aquel Marlo Brando, encarnando a un personaje sórdido y decrépito en la película ‘El último tango en París’, película de bajos fondos, del lado oscuro, de los arcanos más inconfesables, de lo que alguien llamó, no sin cierta petulancia, «los ínferos del alma»?

A vueltas con el tango. El espectáculo está servido, leyendo a Borges y escenificando tangos memorables, vistos o imaginados, bailados en esa realidad ardiente que es el deseo, en esa zarza en llamas.

¡Qué orfandad sentiríamos sin el tango! ¡Qué balsámico resulta leer a Borges! Conferencias díscolas sobre una música que tuvo y tiene en lo transgresor su ley, su deseo, su desgarro, su no sé qué desgañitándose mientas se baila.

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Cuando llegue septiembre
Luis Arias Argüelles-Meres 24-08-2016 | 4:26 | 0

Vista general del hemiciclo del Congreso de los Diputados, sin apenas actividad.

Si no sucede lo inesperado, en la investidura prevista para el 30 de agosto, Rajoy no será elegido Presidente, pero, a trancas y barrancas, habrá cumplido con el trámite de presentarse. Mientras, los mensajes envenados al PSOE no tienen otra importancia que no sea la de cumplir el guion.

Si no sucede lo inesperado, la sesión de investidura despidiendo agosto no será más que una pantomima, más bien una farsa, valleinclanesca en el contenido que no en la forma. Porque, en realidad, los ojos de los dirigentes políticos están puestos en septiembre, sobre todo, aunque no exclusivamente, en las elecciones vascas y catalanas. El PP tiene la esperanza de obtener unos buenos resultados en Galicia que refuercen su presión para que el PSOE les deje gobernar, so capa de que en las hipotéticas terceras elecciones seguiría su ascenso.

El PSOE, por su parte, es, en este momento, el partido más obligado a ser cortoplacista.  Primero, manteniendo su negativa anunciada a Rajoy para la sesión de agosto. Hasta ahí, llegarán su vacaciones. Porque, acto seguido, tendrá que afrontar las elecciones gallegas y vascas, al tiempo que las presiones, externas e internas, se irán recrudeciendo, al tiempo que Sánchez tendrá que seguir haciendo equilibrios para seguir liderando el partido. La formación política más veterana del país sabe que tiene ante sí un laberinto y un calvario.

Mientras tanto, Podemos está a verlas venir, al tiempo que intentará recuperarse del mazazo de junio. El partido morado disfruta de la comodidad que supone saber que no le toca iniciar jugada alguna y espera tener mejores resultados en el ámbito autonómico que en el estatal.

En lo que respecta a Ciudadanos, hay que reconocerle al líder de este partido su voluntad por erigirse en una especie de Adolfo Suárez redivivo dispuesto a pactar con todo el mundo, dispuesto a mostrar un talante negociador que salta las alambradas ideológicas, dispuesto a esforzarse por hacer creer que lo primero es que España tenga un Gobierno. Distinta cosa es que eso se traduzca en un apoyo electoral mayor, caso de que adelanten las elecciones.

Cuando llegue septiembre, saldremos de esta modorra. Las cartas se pondrán sobre la mesa. Rajoy, aunque con desgana, tendrá que hacerse cargo de las suyas. Y, por otro lado, los cuchillos largos, dentro de los propios partidos, comparecerán afilados y refulgentes.

Cuando llegue septiembre, el bucle comenzará a desenredarse.

Créanme: lo del 30 de agosto será un entremés. ¿Cervantino?

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En el ochenta aniversario de la muerte de Melquíades Álvarez
Luis Arias Argüelles-Meres 22-08-2016 | 4:19 | 0

«En esencia, los reformistas eran socialdemócratas con un matiz fabiano. Siguiendo el espíritu de Costa, hacían hincapié en la reforma agraria, la tolerancia religiosa, la democracia parlamentaria y la educación laica» (Rockwell Gray).

 

Madrid, 22 de agosto de 1936. España llevaba poco más de un mes de guerra y la barbarie no cesaba. Ese día se dio muerte a Melquiades Álvarez, que había nacido en el mismo año que Unamuno. Como escribí en más de una ocasión, el tribuno asturiano es el político más significativo de la llamada generación del 98. Su partido, el Reformista, que se fundó en 1913, fue el principal vivero del republicanismo. Su partido fue la referencia, entre otras muchas cosas, de una Asturias que estaba entonces en la vanguardia de España, de una Asturias que vivía los esplendores de la modernidad que traían los indianos, de una Asturias en la que Clarín no sólo llegó a ser la figura más importante de la edad de oro de nuestra Universidad, sino que además representó el principal faro de modernidad en la España de su tiempo.

Aquel 22 de agosto, unos desalmados y desaprensivos acabaron con la vida de un personaje público que había despertado la admiración de la mejor España de su tiempo, desde Galdós, que elogió sus dotes oratorias, hasta la generación de 1914, ya que, Azaña, Ortega, Pérez de Ayala y otros intelectuales de su tiempo militaron en el Partido Reformista.

Pocos días antes de su asesinato, se le sugirió que se refugiase en la casa de Sebastián Miranda en Madrid. En aquella capital de España, caótica ante los desórdenes y la sangre, el horror se dio cita. Azaña se hizo eco en sus “Memorias”, de aquel tremendo crimen. Indalecio Prieto dio muestras de desesperación. En aquella España en guerra, lo incontrolable asumía un protagonismo indeseado. No era la España republicana. Era la España en guerra, en la que la violencia tampoco resultaba una característica aislada de nuestro país. Era un mundo de extremismos y odios. la vieja Europa también estaba enloquecida en su mayor parte.

En el 80 aniversario de la muerte de Melquíades Álvarez, son muchas las consideraciones importantes que habría que hacer, empezando por la trayectoria del tribuno gijonés, siguiendo con el significado de la Asturias de su tiempo, de la que el líder Reformista fue su epítome más destacado, continuando por la tragedia que vivió este país durante la guerra civil y concluyendo con el desconocimiento que hay sobre su figura.

En 2012, tuve el honor de coordinar unas Jornadas en el Ateneo Jovellanos de Gijón acerca de Melquíades Álvarez, en la que, entre otras personas, intervinieron su nieta, Sara Álvarez de Miranda, así como Leopoldo Tolivar. Convendría insistir en una convicción que se compartió aquellos días, la convicción de que estamos hablando acaso del personaje histórico más importante de Gijón después de Jovellanos.

A estas alturas –perdón por la perogrullada-, carece por completo de importancia que estemos en mayor o menor medida de acuerdo con los distintos planteamientos ideológicos que sostuvo Melquíades Álvarez a lo largo de su vida. Lo que en verdad cuenta es muy distinta cosa: relacionar la  figura del tribuno con la Asturias de su tiempo que, insisto, estaba entonces en la vanguardia de España, y rescatar del olvido su enorme y profundo significado, estrecha y trágicamente vinculado a un momento histórico que no debemos renunciar a conocer.

En el 80 aniversario de la muerte de Melquiades Álvarez, hay que asomarse a un momento histórico en el que el horror se apropió de la vida pública española, un horror que, repito, no fue exclusivo en nuestro país, un horror que acabó con la mejor España y con la mejor Asturias. Un horror al que hay que mirar cara a cara como el personaje lorquiano a la muerte.

Padre de la República, orador brillante, abogado de prestigio, figura gigantesca de una Asturias y de una España que se encontraron con la tragedia, una tragedia que también reclama su catarsis, desde el conocimiento, desde la verdad.

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Sector público y “chiringuitos”
Luis Arias Argüelles-Meres 21-08-2016 | 4:22 | 0

Javier Fernández le explica a Emilio León sus problemas de garganta al inicio del encuentro que mantuvieron el pasado jueves.

Y nuestros partidos de Gobierno no son más que unas cuantas familias que viven acampadas sobre el país, presidiendo esta orgía, trasmitiéndose de generación en generación, de nulidad en nulidad, los grandes puestos, con una impudicia execrable, que toman en boca los nombres de patria, justicia y libertad para sostener la mentira sin que se quemen sus labios”. (Azaña).

 

¡Qué socorrido le resulta a la FSA erigirse en defensora a ultranza del sector público desde una supuesta ideología de izquierdas que aboga por la defensa de los derechos de los más desfavorecidos! ¡Y qué falaz es el contraste con la realidad! No es que en Asturias haya cada vez más docentes y más profesionales de la sanidad. No es que en Asturias aumente sin cesar el número de personas contratadas para atender los servicios públicos. No, las cosas no son así.

Pongamos un solo ejemplo entre varios: según leo en EL COMERCIO la contratación de profesorado interino irá a la baja para el curso académico que está a punto de comenzar.

Por otra parte, Podemos, para empezar a hablar sobre los próximos presupuestos, plantea, lógicamente, que los chiringuitos, con sus correspondientes nombramientos a dedo, constituyen un serio obstáculo para alcanzar acuerdos.

Sector público y chiringuitos. Ya que tanto se habla de transparencia, no estaría mal que se hiciese público el listado de todas las personas que, habiendo sido nombradas a dedo, cobran de erario público. No estaría mal que se explicasen las funciones de todos esos entramados que se conocen como “chiringuitos”, así como la cuantía de dinero que reciben de las arcas públicas.

Sector público y chiringuitos. Más de una vez me ocupé en mis artículos de los ayudantes de la Junta, cuyo número es muy parejo al de los parlamentarios. Sin ni siquiera poner en duda que los grupos parlamentarios pueden necesitar todo tipo de asesores, ¿no sería mucho más democrático y transparente que se accediese a esos cargos mediante un concurso-oposición? ¿No sería mucho más meritocrático?

Hasta ahora, se planteaba una dialéctica según la cual, los ataques del PP venían dados porque se trata de un partido poco amigo de lo público, lo cual es cierto, pero, escudándose en ello, la FSA vino ejerciendo una continua “dedocracia”.

Acaso haya llegado el momento de hablar claro sobre este asunto. No vale seguir esbozando un discurso de defensa de lo público, al tiempo que sobran docentes y profesionales de la sanidad, y siguen atrincherados tantos cargos nombrados a dedo.

¿Alguien mandará parar?

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¿No es Rajoy el problema?
Luis Arias Argüelles-Meres 20-08-2016 | 4:44 | 0

 

“No existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de los fenómenos”. (Nietzsche).

 

¿Quién les iba a decir a quienes elaboraron una ley electoral  que, a pesar de favorecer tanto a los partidos mayoritarios, no llegaría a impedir, como viene sucediendo desde diciembre, la fragmentación política y, con ella, la ingobernabilidad? ¿De verdad, alguien se puede creer que el PP aceptará una reforma de esa ley, que le resultaría claramente perjudicial? ¿O es que Rajoy está dispuesto a casi todo con tal de seguir como inquilino de la Moncloa, sabiendo que su tiempo se está agotando?

¿No es Rajoy el principal problema de este país, entre otras cosas, por el mazazo moral que supone para la sociedad española en su conjunto que el partido más salpicado por la corrupción sea, al mismo tiempo, la formación política más votada? ¿Acaso es un pretexto sólido argumentar  que el PSOE no debe oponerse a la investidura de don Mariano por el mero hecho de que la jornada de unas hipotéticas elecciones adelantadas sería el 25 de diciembre, cuando tal cosa es consecuencia de la fecha que Rajoy decidió para la sesión de investidura? O sea, que el actual Presidente en funciones intenta cargar sobre los demás la responsabilidad de una medida que decidió el propio interesado. ¡Ay!

¿No es Rajoy el problema, cuando, con independencia de los acuerdos que firme, no puede tener credibilidad como un político que desea la regeneración de la política, toda vez que contó con la oportunidad de llevarla a cabo y no lo hizo? ¿No es bochornosa la presencia de la señora Barberá atrincherada en el Senado? ¿Se da cuenta el señor Rivera de que va a apoyar a un presidente y a un partido que se ganaron a pulso una pérdida de credibilidad proverbial?

¿No es Rajoy el problema? Estamos hablando de un Presidente del Gobierno español que más ahondó en la desigualdad. Estamos hablando de un Ejecutivo, con una ministra rociera, con un ministro del Interior que repartió medallas entre el santoral. Estamos hablando de un ex ministro de Educación que hizo una reforma en la que no fomentó ni el conocimiento ni el esfuerzo, al tiempo que no tuvo a bien consultar sus planteamientos con el colectivo docente. Estamos hablando, en definitiva, de alguien que presidió una suerte de Corte los milagros valleinclanesca.

¿No es Rajoy el problema? Estamos hablando de un tiempo y un país en el que la impunidad es toda una provocación. Pensemos, entre otros, en señores como Pujol y Rato, como Rato y Pujol. ¿Alguien tuvo a bien preguntarse hasta qué extremo se desmoraliza una sociedad que es consciente de que la corrupción política apenas tiene consecuencias si quienes incurrieron en ella son personajes pertenecientes a la élite de la política?

¿No es Rajoy el problema? En un momento en el que se necesita un cambio en profundidad en nuestra vida pública, ¿cómo podemos explicarnos que no haya un pacto alternativo a Rajoy que, aritméticamente, podría darse, en el que se pusiese como máxima urgencia la regeneración política?

¿No es Rajoy el problema? ¿No se preguntan los líderes de los otros partidos el fracaso de sus estrategias políticas al no evitar que el PP sea el partido más votado?

¿No es Rajoy el problema de la sociedad española actual que necesita recuperar la decencia en la vida pública y el respeto hacia una ciudadanía que debe asumir un protagonismo que le fue arrebatado?

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