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Fecha: septiembre, 2016
En el centenario de Buero Vallejo
Luis Arias Argüelles-Meres 29-09-2016 | 9:24 | 0

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Cuando Buero Vallejo vino al mundo, un 29 de septiembre de 1916, Valle- Inclán estaba a punto de convertirse en «el hijo pródigo de la generación del 98», al decir de Pedro Salinas, mientras que a Lorca le esperaban las glorias como dramaturgo. Es decir, el autor de ‘El Tragaluz’ nace muy pocos años antes de que se fuesen estrenando las obras dramáticas que alcanzarían auténticas cumbres en el género, cumbres que no se habían conquistado desde los llamados Siglos de Oro.

Y, sin embargo, dejando de lado por el momento las circunstancias biográficas de nuestro autor, no perdamos de vista que Valle-Inclán fallece en enero de 1936, mientras que Lorca sería asesinado en agosto de ese mismo año, en plena guerra civil. Y no olvidemos que la última obra dramática de Lorca data de ese mismo año. En efecto, ‘La Casa de Bernarda de Alba’ se estrenaría póstumamente en 1945. Y que en 1936 muere Unamuno, cuya obra dramática, tan difícilmente representable, admiró Buero.

En este caso, veinte años, los que transcurren entre el nacimiento de Buero y el estallido de la guerra civil, son mucho, puesto que estamos hablando de un periodo de tiempo en el que el teatro español vivió grandes glorias y sufrió tremendas tragedias, tragedias que, en este caso, no serían género literario, sino historia, la nuestra, la que siempre termina mal, según Gil de Biedma.

Dicho esto, tengamos en cuenta algo muy esencial con respecto al autor que aquí nos trae: sería Buero Vallejo el dramaturgo que dignificó nuestro teatro a partir del estreno de ‘Historia de una escalera’ a finales de los años cuarenta. Es Buero Vallejo el autor teatral más importante de la segunda mitad del siglo XX en España.

Buero y su teatro. Buero y esa ceguera omnipresente en muchas de sus obras. Buero y su afán irrenunciable de agitar y despertar conciencias. Buero y su continua lucha contra la censura franquista y contra las miserias de la España de su tiempo. Buero y su exilio interior.

Buero y la historia de España, pues por sus dramas desfila lo mejor que hemos tenido: pensemos en Velázquez, pensemos en Larra, pensemos en quienes lucharon por las libertades. Buero, y, por decirlo al unamuniano modo, la intrahistoria de España, justo la que le tocó vivir y sufrir.

Buero y su simbología contra el franquismo. Pensemos, entre otras muchas obras, en ‘La Fundación’. Buero y su posibilismo frente a un Alfonso Sastre que apostaba por lo contrario, pero que terminaría por escribir obras posibilistas.

Buero y su existencialismo, existencialismo que era entonces omnipresente en la literatura que se escribía en Europa y en la propia España.

Buero y su afán por considerar, como Camus, que la literatura tenía que ir más allá de lo que es la exigencia estética propiamente dicha, sin renunciar a ella, y tenía que ir más allá asumiendo un papel de conciencia de su tiempo, de la sociedad de su tiempo.

Buero y el teatro español de la última mitad del siglo XX. Como digo, dignificó el género, llevó a las tablas obras que fuesen mucho más allá del divertimento más frívolo, obras con altura de miras desde la ética y desde la estética.

Buero y la España de su tiempo. Sus años en la cárcel, su militancia antifranquista. Su teatro contestatario al conformismo humano y al régimen franquista que se prolongó durante décadas.

Buero y la España de su tiempo. Al final de su vida, ya en plena transición, fue muy crítico con los apaños que se hicieron, con un PSOE que había renunciado a su legado, con un conformismo que nos haría cada vez más mediocres y estúpidos.

Buero y la España de su tiempo. La cárcel, el exilio interior y la decepción. Su obra refleja esas etapas, esa rebeldía, ese talento, ese compromiso con el género.

Buero, una cumbre en el teatro español de la segunda mitad del siglo XX.

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PAISAJE POLÍTICO TRAS LA DERROTA DEL PSOE
Luis Arias Argüelles-Meres 27-09-2016 | 7:29 | 0

Pedro Sánchez, esta mañana en la reunión de la Ejecutiva del PSOE.

“El que no puede lo que quiere que quiera lo que puede”. (Leonardo da Vinci).

“Ningún problema político tiene escrita su solución en el código del patriotismo”. (Azaña).

 

En la opinión publicada, el clamor es unánime: la principal lectura de los resultados electorales en Galicia y en el País Vasco es el estrepitoso fracaso de Pedro Sánchez. El señor Sánchez no destaca por una asombrosa lucidez, tampoco cabe atribuirle una capacidad de persuasión notable. No demostró ser un buen parlamentario. No resultó convincente a la hora de expresar su proyecto de país, suponiendo que lo atesore. No puede despertar entusiasmo alguien que parece mucho más un jefe de planta de un centro comercial que un líder político. Con todo, se hace necesario pedir objetividad.

El PSOE está yendo de derrota en derrota. Sin duda, la presente deriva de esta formación es la más grave que se recuerda. El discurso que viene manteniendo el secretario general no ayuda mucho a corregir tan decadente tendencia.

Dicho todo ello, se hace obligado recordar alguna que otra obviedad. El PSOE, en el tiempo en el que Rubalcaba fue el secretario general, en cada confrontación electoral a la que se enfrentó, perdió con respecto a la anterior. En segundo lugar, ningún otro candidato a presidir el Gobierno tuvo que enfrentarse electoralmente a Podemos. ¿Y si nos preguntamos por la casuística que facilitó que el partido morado fuese ganando enteros? ¿Acaso no tienen alguna responsabilidad los anteriores dirigentes del partido en la actual hecatombe del PSOE?

A Sánchez, se le reprocha casi unánimemente que no permita, con su abstención, que el PP gobierne. Al respecto, habría que formularse dos preguntas. Primero, ¿hay alguna certeza de que el PSOE hubiese obtenido mejores resultados el pasado domingo en el caso de que en el debate de investidura de agosto se hubiese decantado por la abstención? Segundo, ¿se puede asegurar que la militancia y los votantes del PSOE desean mayoritariamente que se permita gobernar a Rajoy?

También hay quienes apelan a razones de patriotismo para que Rajoy pueda gobernar. Ese argumento se vuelve contra don Mariano, pues se negó a que hubiese un Gobierno en España cuando Pedro Sánchez se presentó a la investidura.

Podemos no existiría si el PSOE, tras gobernar España durante 21 años, hubiese sido de izquierdas en algo más que en sus siglas, pues los votos de la izquierda están ahora mucho más fragmentados, y eso no es responsabilidad política exclusiva del señor Sánchez.

Y resulta, como poco, asombroso que don Fernando Lastra nos haya deleitado declarando que los resultados electorales del domingo demuestran que la ciudadanía apuesta por la estabilidad y el rigor, pues está diciendo que el PP atesora ambas cosas.

Las unanimidades en la opinión publicada no siempre están marcadas por la objetividad, máxime si se concentran en buscar una única causa o un único culpable.

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Durruti, un mito hecho novela
Luis Arias Argüelles-Meres 24-09-2016 | 1:44 | 0

Paco Álvarez ha logrado crear una excelente obra sobre un personaje que fascina

Durruti, un mito, un personaje de leyenda dentro de una historia convulsa y trágica, una muerte que presenta incógnitas e hipótesis a decir verdad, muy agrias. Durruti, la encarnación española de un anarquismo que fue, de principio a fin, de derrota en derrota, con episodios épicos que lo sobrevivieron y sobreviven. No es tarea fácil novelar la trayectoria de un personaje que fascina. Y resulta más difícil aún cuando se sabe que ni siquiera la ficción resolverá determinados interrogantes. Pero les puedo asegurar que Paco Álvarez consiguió crear una excelente novela, alternando diferentes registros narrativos, situando la acción en distintos tiempos, que van desde determinados lances vividos por el protagonista a las pesquisas mucho más cercanas en el tiempo que intentan esclarecer la muerte de Durruti.

A propósito de algunos de los episodios novelados, son ciertamente notables los logros narrativos de los que el lector puede disfrutar en “Lluvia de Agosto”. Pondré como ejemplo el antes y el después del atraco perpetrado en Gijón. Ese antes con una conversación memorable que mantiene con un mendigo cerca del Dindurra. Aquel después en el que aparece un jefe de policía que tendría perfecta cabida en las mejores novelas de Eduardo Mendoza que presentan como escenario la Barcelona en la que tanta presencia tuvo el anarquismo.

A propósito de las pesquisas para esclarecer la muerte de Durruti, es antológico el episodio en el que un testimonio de alguien que vive en la antigua Unión Soviética comparece en la novela dando cuenta no sólo de la decadencia de una revolución, sino también de un fracaso estrepitoso que parece haber sepultado a la izquierda hasta no se sabe bien cuándo.

Por otra parte, no se debe soslayar el mérito que tiene este novela en el sentido de que es muestra palpable de que en asturiano se puede contar una historia sin incurrir en bucolismo alguno, una historia que no sólo recorre la trayectoria vital de Durruti, sino que además se sitúa también en tiempos muy recientes cuando se hacen las pesquisas.

En lo que se refiere a la estructura narrativa de ‘Lluvia de agosto’, es muy notable la versatilidad que el autor demuestra a la hora de pasar de lo que es la narración de la trama novelesca propiamente dicha a lo que podríamos considerar la crónica o el reportaje que cobran vida en las páginas en las que se entrevista a personas que dan cuenta de los lances más decisivos en la vida de Durruti.

Ante un personaje histórico que cautiva, no es fácil construir una novela con oficio sin incurrir en una suerte de hagiografía. Paco Álvarez sale muy airoso de tal envite y muestra al público lector la peripecia de uno de los mitos de la historia contemporánea española de tal forma que entramos de lleno en la trama y, en ningún momento, perdemos la ternura que nos suscitan los afanes y desvelos de un revolucionario que protagonizó una utopía de muy escasa duración, pero que también marcó un hito.

El hito y el mito. El anarquismo y Durriti, envidiablemente novelados.

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El nuevo curso académico y sus retales
Luis Arias Argüelles-Meres 21-09-2016 | 7:17 | 0

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«Principio de educación: la escuela, como institución normal de un país, depende mucho más del aire público en que íntegramente flota que del aire pedagógico artificialmente producido dentro de sus muros. Sólo cuando hay ecuación entre la presión de uno y otro aire la escuela es buena». (Ortega y Gasset)

Para ser precisos, habría que decir que el curso académico que acaba de iniciarse es, ante todo, puro saldo. De entrada, el saldo que queda de una LOMCE que, por fortuna, ni de lejos ha podido ser aplicada en su totalidad, de una LOMCE que pasará a la historia por haber conseguido algo tan difícil como poco envidiable, esto es, haber empeorado el sistema educativo anterior. Una LOMCE que va contra la filosofía y la música, contra lo público y contra la igualdad de oportunidades. Una LOMCE que fue el regalo de uno de los ministros más nefastos que tuvo Rajoy. Tampoco esto último está nada mal en lo que concierne a los retos logrados por don José Ignacio.

¿Qué se hizo de aquella propuesta que llevaba el PP en su programa planteando aumentar el bachillerato un curso más? ¿Qué se hizo de esa apuesta por mejorar la calidad de la enseñanza que va en el acrónimo, sólo ahí, de la ley del ínclito señor Wert? Pero, ante todo y sobre todo, ¿cómo es posible que nadie muestre públicamente su sonrojo, según los casos, propio y ajeno, ante el panorama con que se abre el curso académico que se acaba de iniciar?

¿Qué pasará con las famosas reválidas? ¿Llegarán a efectuarse esas pruebas? En caso afirmativo, ¿cómo se desarrollarán? ¿Alguien ha tenido a bien pensar en lo inaceptable que resulta la situación en la que se encuentra el alumnado de 2º de Bachillerato que, dado que en este momento se desconoce qué medidas se arbitrarán para su paso a la Universidad? Desaparece, dicen, la PAU, de acuerdo. ¿Y con qué criterios se accederá entonces a las carreras universitarias que hasta el momento exigían una alta nota media en el Bachiller para que pudieran incorporarse a ellas? ¿Es de recibo tanta incertidumbre, tanta indefinición cuando estamos hablando no sólo del provenir inmediato de muchísimos estudiantes, sino también del futuro del país?

Miren, aquí no estamos hablando sólo del sesgo marcadamente reaccionario del señor Wert, también de su sucesor en el Ministerio que se estrenó, por cierto, en el cargo ordenado la retirada de un retrato de Unamuno, que igual le molesta y le ofende tanto como a Millán Astray. No estamos hablando sólo de unos ministros que, en momento alguno, tuvieron a bien consultar con el profesorado, pues parece que no existimos. No estamos hablando sólo de alguna de las barbaridades de la nueva ley, entre ellas, como dije antes, la embestida que sufre la enseñanza de la filosofía.

Estamos hablando también de una torpeza manifiesta a la hora de aplicar el calendario de una ley, torpeza cuyas consecuencias pagarán los estudiantes y el futuro más inmediato del país.

Un nuevo curso académico marcado por los saldos de una ley que no se puede aplicar en gran parte y por los retales de un sistema educativo anterior que no encajan con lo que se quiso reformar.

Hay quien habla de lo mucho que apremia un pacto educativo, apremia, sí. La pregunta es si con el actual reparto de actrices y actores del panorama político cabe esperar, primero, el acuerdo. Segundo, en caso de que se alcanzase, ¿hay lugar para la esperanza de que se apueste por la calidad de enseñanza y por una sociedad que no aparque el esfuerzo, el conocimiento, la meritocracia y la excelencia?

Como coda para iniciados, don José Antonio Marina no es Giner de los Ríos.

¡Ay!

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Emilia Pardo Bazán, todo efemérides
Luis Arias Argüelles-Meres 19-09-2016 | 7:23 | 0

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“Tres acontecimientos importantes en mi vida se siguieron muy de cerca: me vestí de largo, me casé y estalló la revolución de septiembre» (Palabras de Emilia Pardo Bazán, hablando de la Gloriosa de 1968).

Hace ciento diez años años, en 1906, doña Emilia Pardo Bazán fue la primera mujer que presidió la sección de literatura del Ateneo de Madrid, esto es, de ‘La Docta Casa’. Hace cien años, en 1916, no solo fue la primera mujer que alcanzó una Cátedra en la Universidad española, concretamente la de Literaturas Neolatinas en la Universidad Central de Madrid, sino que además publicó el ensayo ‘La mujer española y otros escritos’, ensayo que sería lectura obligada para hacerse una idea de la situación de la mujer en aquella España que, en gran parte, quería seguir viviendo a años luz de lo que, dicho al orteguiano modo, empezaba a ser «la altura de los tiempos». Hace 130 años, en 1886, publicó su obra maestra de la narrativa naturalista en España, ‘Los pazos de Ulloa’. Su candidatura a la RAE fue rechazada en tres ocasiones. Y, en fin, nació un 16 de septiembre de 1851.

Mujer pionera en tantas y tantas cosas, entre otras muchas, estamos hablando de la autora de una novela en la que, por vez primera en la literatura española, la protagonista era una obrera, una cigarrera gallega que leía la prensa a sus compañeras de trabajo, en su mayoría analfabetas y que representa los sueños que se vivieron en España durante la Gloriosa, en 1868, año que da nombre a la generación de Clarín, Galdós, Palacio Valdés y de la propia doña Emilia. Hablamos de la novela que tiene por título ‘La Tribuna’, que vio la luz en 1883 y que además es el libro de referencia que se mete a fondo en la intrahistoria de la Primera República.

Doña Emilia Pardo Bazán, todo efemérides, en una trayectoria tan larga, marcada no solo por su excepcional talento literario, sino también por ser una mujer pionera en una España atrasada y aislada. Mujer pionera y gallega que, a su vez, nos remite a Rosalía de Castro, otro regalo que dio su tierra a la lucha de las mujeres y también a la mejor literatura.

Algún día habrá que ocuparse a fondo, entre otras muchas cosas, de la relación de doña Emilia con Asturias, de lo que daré unos brevísimos apuntes. Sería bueno recordar, por ejemplo, que en 1890, creó, con dinero propio, una revista que se ocupaba de la sociedad y la política, revista a la que le dio el nombre de ‘Nuevo teatro crítico’, rindiendo homenaje a su paisano Feijoo, cuya trayectoria vital, como bien se sabe, transcurrió fundamentalmente en Oviedo. Por otro lado, en este mismo orden de cosas, no debemos soslayar que Clarín, en su momento, hizo una crítica muy atinada de una de las novelas de doña Emilia a la que hemos hecho referencia, de ‘La Tribuna’. Y, siguiendo con Clarín, Pardo Bazán, en un ensayo suyo sobre la literatura francesa de su época, a la hora de ocuparse de ‘Madame Bovary’, de Flaubert, con admirable perspicacia, aludía también a ‘La Regenta’, como ejemplo de una novela cuya heroína sufría vicisitudes similares, si bien es cierto que no captó la grandeza de la novela de Alas a la que ponía muy por debajo de la creación flaubertiana.

Emilia Pardo Bazán, una vida consagrada a la literatura, destacando no solo como novelista y como autora de cuentos memorables, sino también como ensayista. Y también cultivó el teatro y la poesía, sin olvidar la traducción y el género biográfico.

Emilia Pardo Bazán, una vida consagrada a la libertad y a la lucha por los derechos de la mujer.

Emilia Pardo Bazán, una vida en la que rompió moldes, descosió costuras, cuyas luchas apasionan.

Emilia Pardo Bazán, una personalidad histórica marcada por aquellos de ruptura que van desde la Gloriosa de 1868 a la proclamación de la Primera República de 1873. La libertad y las mujeres encontraron en ella las voces y los ecos que los tiempos pedían.

Emilia Pardo Bazán, en septiembre y en 2016, efemérides y aniversarios casi incontables en número, contables, muy contables, en obras y en acontecimientos.

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