El Comercio
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Fecha: febrero, 2017
¿Hay debate ideológico en el PSOE?
Luis Arias Argüelles-Meres 27-02-2017 | 10:37 | 1

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Tras el último acto político protagonizado por Pedro Sánchez, sobre la teoría, sabemos que el exsecretario general apuesta por recuperar unas señas de identidad ideológicas que llevan mucho tiempo abandonadas en los desvanes de la memoria. Distinta cosa es que nos merezca credibilidad su discurso, si tenemos en cuenta que semejantes planteamientos no los hizo cuando pactó con Ciudadanos y cuando declaró su admiración por Felipe González.

Por su parte, el otro candidato a la secretaría general del partido, Patxi López, también dice decantarse por un discurso de izquierdas nada descafeinado, al tiempo que puso de manifiesto su desacuerdo con la abstención del PSOE en el Parlamento que facilitó la investidura de Rajoy.

Por otra parte, está por confirmar la candidatura de doña Susana Díaz para liderar el PSOE, si bien no solo se da por hecho que dará el paso, sino que además su discurso estará sustentado en lo que podemos considerar ‘vieja política’.

Desde luego, no sólo es lógico, sino que, además, resulta necesario que el PSOE, en el momento que atraviesa, tenga un debate ideológico. Distinta cosa es la credibilidad de los discursos, no solo por sus imprecisiones y vaguedades, sino también por la falta de credibilidad de quienes los esgrimen. Hay que recordar que, en la anterior campaña de primarias, don Pedro Sánchez no combatía con tanto ímpetu el neoliberalismo económico y se negaba a reconocer errores mayúsculos de su partido desde el felipismo a esta parte. Hay que recordar también que el expresidente del Gobierno vasco no se decantó a lo largo de su trayectoria por plantear postulados de izquierdas en lo social.

Así pues, lo que sucede es que el supuesto debate ideológico que se anuncia no despierte demasiado interés por la falta de credibilidad de quienes dicen estar dispuestos a plantearlo. Y es que el PSOE que salga del próximo congreso tiene, entre otras, dos importantes batallas por delante. La primera de ellas es convencer y entusiasmar a la militancia. La segunda –todavía mucho más dificultosa– es convencer al país, a los millones de votantes que vinieron perdiendo desde 2011 a esta parte.

No solo se trata, insisto, de ganar una batalla interna, sino de recuperar la credibilidad perdida ante la ciudadanía. El reto que tiene ante sí el partido más antiguo de España está muy claro. Lo que sucede es que no parece fácil que las personas que aspiran a liderar el partido sean las más idóneas para ello.

¿Hay un verdadero debate ideológico en el PSOE? ¿Se apuesta de verdad por la socialdemocracia? ¿O se acepta el pensamiento único y no se está por la labor de plantear una Europa distinta en lo que a sus políticas socioeconómicas se refiere? ¿Tiene izquierda socialista confianza en Pedro Sánchez hasta el extremo de que esta corriente no presente un candidato a liderar el partido?

¿Hay un verdadero debate ideológico en el PSOE? ¿Podrá tener futuro este partido si sigue anclado en la vieja política, o si se pone en manos de dirigentes que no vayan más allá de la consigna y de los topicazos?

¿Tan difícil es dejar atrás la vieja política y distanciarse del PP?

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Urdangarín y el sistema
Luis Arias Argüelles-Meres 19-02-2017 | 11:06 | 0

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Habrá quien diga que, con la sentencia que acaba de hacerse pública y que condena al yerno del anterior jefe del Estado, se demuestra que, en efecto, en nuestro país existe la igualdad ante la ley. Habrá quien plantee que se trata de un episodio aislado, siempre inevitable. Habrá quien se frote las manos dando cauce a su afán de linchamiento, por lo común, muy selectivo.

Lo cierto es que, ante todo y sobre todo, no hay que perder de vista que en la inmensa mayoría de los casos de corrupción suele haber vasos comunicantes, y, desde luego, no estamos ante una excepción. En el que nos ocupa, en los presuntos fraudes que se llevaron a cabo hubo, entre otros, colaboradores necesarios que desempeñaban cargos en instituciones autonómicas. Es decir, había un campo abonado o, en todo caso, personas dispuestas a ser secuaces y beneficiarios de fraudes.

Miren, lo que se pone de manifiesto con el caso que nos ocupa es la podredumbre de un sistema con –insisto– sus vasos comunicantes.

Por otra parte, esta sentencia está siendo comentada hasta el hartazgo en la opinión publicada, y, salvo excepciones, nos encontramos, sobre todo, con topicazos que no solo no van al fondo de las cosas, sino que además descuidan también algo no menos importante: las formas.

Sí, las formas. Por ejemplo, el culebrón que supusieron los correos electrónicos filtrados del señor Torres. Por ejemplo, lo que vino diciendo el señor Matas.

Miren, si las formas cumplen los ingredientes del culebrón, estamos ante un sistema marcado estéticamente por la ramplonería, y esta sociedad es cada vez más zafia.

Y es que, desde hace mucho tiempo, nuestra vida pública no es un gran relato, sino un culebrón gazmoño a más no poder. Y, ante semejante panorama, las conclusiones que se pueden extraer no resultan ciertamente nada alentadoras.

Un culebrón, digo. El juez Castro con su moto y su afán de esclarecer y hacer justicia. La puesta en escena en el juicio en la que las cercanías físicas de varias personas imputadas plasmaban lejanías anímicas tremebundas. La acusación particular y todo lo que se supo después.

Y, en fin, por mucho que se esté cumpliendo el guion a la hora de declarar el respeto absoluto por las decisiones judiciales, el busilis del asunto está en preguntarse acerca de las salpicaduras que el llamado ‘caso Nóos’, es decir, hasta qué punto es un mazazo para la Monarquía en particular o para todo el sistema político en general.

La podredumbre está ahí, por mucho que se quieran aislar las responsabilidades, por muchos topicazos que se suelten, por grande que sea el afán de focalizar toda la crítica en personas individuales.

Y la asignatura pendiente por excelencia, esto es, la regeneración de nuestra vida pública, no llega ni de momento se le espera al menos en el horizonte más inmediato.

Mientras tanto, continúa (y continuará) el espectáculo.

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La Asturias oficial y José Maldonado
Luis Arias Argüelles-Meres 14-02-2017 | 7:00 | 0

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Casi nadie lo sabe, pero febrero es, históricamente hablando, un mes republicano. Un 11 de febrero de 1873 se proclamó la 1ª República. Un 20 de febrero de 1937 se produjo el fusilamiento de Leopoldo Alas y García-Argüelles, hijo de Clarín, rector de la Universidad de Oviedo, intelectual y jurista comprometido con la República. Con su asesinato se puso fin a la época más gloriosa de la Universidad de Oviedo. Otro 11 de febrero, en este caso de 1985, falleció don José Maldonado, último presidente de la República en el exilio.

Y, a propósito de recuerdos y olvidos, ¿tiene la Asturias oficial conocimiento del significado de la figura de don José Maldonado? Si lo desconoce, sería imperdonable y desolador. Si, aun conociéndolo, decide no implicarse en lo que se refiere a la recuperación de su memoria, así como a rendirle el homenaje que se merece, más allá de lo imperdonable, nos situaríamos en lo escandaloso e insultante.

Hablemos de don José Maldonado y hablemos en serio. ¿Alguien puede explicarse que, habiendo estado gobernada Asturias durante más de treinta años por un partido que se reclama socialista en sus siglas, la figura de Maldonado no haya sido puesta en el sitio que históricamente le corresponde?

Más allá de la polémica resultante de que la autoridad eclesiástica de turno no haya permitido que se coloque una placa en la tumba del que fuera presidente de la República en el exilio, lo grave y escandaloso es la inhibición de la Asturias oficial a la hora de reivindicar el legado moral de un personaje de la categoría de Maldonado. Y esta inhibición –conviene decirlo muy claro– viene de lejos, tiene un largo recorrido.

Maldonado fallece en Oviedo siendo alcalde de la ciudad Antonio Masip, y es enterrado en la capital. Pero, años más tarde, sus restos se trasladan a La Espina, es decir, la Asturias oficial no se hizo cargo de que don José contase con una sepultura definitiva en el cementerio de Oviedo. Pero una cosa es hacerse la foto y otra muy distinta dar el paso a los hechos.

¿Cómo no recordar aquella exposición en 2011 en el Archivo histórico a cuya inauguración no acudió ningún representante de la Asturias oficial?

¿Por qué la FSA se empecina en dejar que sobre la mejor Asturias siga habiendo olvido y desconocimiento?

Lo dicho: más allá de la polémica que se suscitó entre los organizadores del homenaje a Maldonado y las autoridades eclesiásticas llariegas, lo más inquietante e injusto de todo esto consiste en la renuncia de la FSA, hasta ahora formación política hegemónica en Asturias, a reivindicar y poner en su sitio a quienes, históricamente hablando, representan la mejor Asturias, entre ellos, don José Maldonado.

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El discreto encanto de Javier Fernández
Luis Arias Argüelles-Meres 09-02-2017 | 7:28 | 0

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Rajoy no es Giménez y Fernández, ni siquiera estoy convencido de que don Mariano tenga conocimiento de la trayectoria de aquel político de la CEDA. Desde luego, nuestro Javier Fernández, todo un hombre de orden, no es Azaña, ni puede ni quiere serlo. Confieso, sin embargo, que, al tener noticia del último sondeo del CIS que, entre otros resultados, pone de manifiesto que nuestro presidente llariego es el líder político mejor valorado, recordé una anécdota que Azaña consigna en sus ‘Memorias’, cuando le dice al señor Giménez y Fernández que los de la CEDA «no se dan cuenta de que la derecha de la República soy yo, y ustedes unos aprendices». No está nada mal recordar esto, vive el cielo que no.

Y se da la circunstancia añadida de que, según este sondeo, don Javier también sale muy bien parado entre los votantes del PP, que lo aprueban. ¡Casi nada! Y, por otro lado, siguiendo con el susodicho sondeo, tal y como publicó EL COMERCIO, los votantes de Ciudadanos en Asturias le dan más nota a don Javier que los propios votantes del PSOE. Así pues, no hay duda, don Javier es un hombre de orden.

Pero vayamos a los datos en el ámbito estatal. Está claro que el país en su conjunto tiene la percepción de que fue Javier Fernández, en tanto presidente de la gestora socialista, el principal artífice de que el grupo parlamentario socialista facilitase con su abstención la gobernabilidad a Rajoy. Y, por otro lado, sus posiciones beligerantes frente al independentismo catalán y al radicalismo de Podemos lo convierten también en un referente que tranquiliza al mundo conservador.

Pues bien, dejando de lado que sigue sin saberse si la militancia del PSOE está o no conforme con la abstención socialista que permite a Rajoy gobernar, lo cierto es que esa valoración estatal de nuestro presidente llariegu, se funda en la gestión de Javier Fernández al frente de la gestora, que no en su trayectoria política en Asturias, trayectoria inseparable de lo que ha venido siendo la FSA en esta tierra, donde, a decir verdad, las sombras no son pocas ni pequeñas.

El discreto encanto de Javier Fernández tiene mucho que ver con la vieja política, con un líder que se afana y se desvela por alargar la vida del bipartidismo. Y, por otro lado, ante el periodismo declarativo que está tan en boga, el especial cuidado que pone nuestro presidente en cuidar la frase, en enmarcar lo obvio mediante una retórica tan formal, contribuye, sin duda, a esa valoración tan favorable en el ámbito estatal.

Y, en fin, aunque el PSOE haya recuperado un porcentaje de votantes con respecto a la última consulta del CIS, el hecho es que se encuentra por detrás de Podemos, que es tercera fuerza política por vez primera desde la transición a esta parte. Y es que el lamentable episodio de últimos de septiembre no hizo más que añadir desprestigio a una formación política sin discurso y sin proyecto.

Y, en estos tiempos de tribulación, ser y parecer un hombre de orden da prestigio, aunque no se sabe bien ni el hasta qué ni el hasta cuándo.

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TRAS LA COMISIÓN SOBRE LAS LISTAS DE ESPERA DE LA SANIDAD ASTURIANA
Luis Arias Argüelles-Meres 06-02-2017 | 8:15 | 0

Tras la comisión sobre las listas de espera en la sanidad pública asturiana, acudió a mi mente un verso genial de Lope de Vega: «Creer sospechas y negar verdades». Cierto es que el bueno de Lope se refería a muy distinta cosa al escribir esto, se refería al amor, pero, en todo caso, tan feliz hallazgo poético es perfectamente aplicable al asunto que nos ocupa. Y digo esto, sobre todo, porque tuve la impresión de que un número no pequeño de comparecientes se dedicó a echar balones fuera, seguro que por distintas razones según los casos. Pero, sin duda, ello contribuyó a que las cosas no se clarificasen todo lo que se podía desear.

Seamos claros: el prestigio de la sanidad asturiana está fuera de duda. No era eso lo que, según interpreto, se dirimía en la mencionada comisión, sino que se trataba de analizar la gestión de las listas de espera gracias a los testimonios de personas que tuvieron cargos de responsabilidad en ello, y, a decir verdad, no todo el mundo estuvo a la altura de lo esperado y no todo el mundo hizo propuestas que pudieran resultar útiles en este sentido.

Y es que, partiendo de la base del prestigio y buen funcionamiento de nuestra sanidad pública, algo que nos llena de orgullo, es indudable que, a mayor transparencia en la gestión de las listas de espera, las luces superarán con mucho a las siempre inevitables sombras.

Lo más pintoresca de la comparecencias fue, a mi juicio, la del exconsejero de Foro Asturias: a lo que parece, la causa de todos los males que padece la sanidad asturiana viene dada por la rojez ideológica tan reticente ella a desviar pacientes a la sanidad concertada, o sea, privada. ¡Madre mía!

Por otra parte, la presencia en la comisión del exconsejero de Sanidad don Faustino Blanco que, si no estoy mal informado, se sitúa últimamente en posiciones muy críticas con la gestora del PSOE, me hizo recordar a aquel primer Gobierno de Javier Fernández que aplicó con rapidez los recortes impuestos por Rajoy en materia sanitaria y en materia educativa. Y, más concretamente, me hizo recordar aquella huelga de médicos como respuesta a determinadas medidas del susodicho Ejecutivo autonómico.

Y, en fin, dejando de lado todo lo que pudo alterar el funcionamiento de la sanidad asturiana el traslado al HUCA, no estaría nada mal que, previa consulta a los profesionales, se diesen los pasos para tomar una serie de medidas que, además de reducir en lo posible los tiempos en las listas de espera, fuesen útiles y eliminasen las congojas resultantes de unas esperas que, en determinados casos, pueden estar al límite.

Uno de los parlamentarios más jóvenes de la Junta removió conciencias y nos hizo ver carencias que deberían ser subsanadas.

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