El Comercio
img
La Asturias oficial y José Maldonado
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 14-02-2017 | 06:00

Resultado de imagen

Casi nadie lo sabe, pero febrero es, históricamente hablando, un mes republicano. Un 11 de febrero de 1873 se proclamó la 1ª República. Un 20 de febrero de 1937 se produjo el fusilamiento de Leopoldo Alas y García-Argüelles, hijo de Clarín, rector de la Universidad de Oviedo, intelectual y jurista comprometido con la República. Con su asesinato se puso fin a la época más gloriosa de la Universidad de Oviedo. Otro 11 de febrero, en este caso de 1985, falleció don José Maldonado, último presidente de la República en el exilio.

Y, a propósito de recuerdos y olvidos, ¿tiene la Asturias oficial conocimiento del significado de la figura de don José Maldonado? Si lo desconoce, sería imperdonable y desolador. Si, aun conociéndolo, decide no implicarse en lo que se refiere a la recuperación de su memoria, así como a rendirle el homenaje que se merece, más allá de lo imperdonable, nos situaríamos en lo escandaloso e insultante.

Hablemos de don José Maldonado y hablemos en serio. ¿Alguien puede explicarse que, habiendo estado gobernada Asturias durante más de treinta años por un partido que se reclama socialista en sus siglas, la figura de Maldonado no haya sido puesta en el sitio que históricamente le corresponde?

Más allá de la polémica resultante de que la autoridad eclesiástica de turno no haya permitido que se coloque una placa en la tumba del que fuera presidente de la República en el exilio, lo grave y escandaloso es la inhibición de la Asturias oficial a la hora de reivindicar el legado moral de un personaje de la categoría de Maldonado. Y esta inhibición –conviene decirlo muy claro– viene de lejos, tiene un largo recorrido.

Maldonado fallece en Oviedo siendo alcalde de la ciudad Antonio Masip, y es enterrado en la capital. Pero, años más tarde, sus restos se trasladan a La Espina, es decir, la Asturias oficial no se hizo cargo de que don José contase con una sepultura definitiva en el cementerio de Oviedo. Pero una cosa es hacerse la foto y otra muy distinta dar el paso a los hechos.

¿Cómo no recordar aquella exposición en 2011 en el Archivo histórico a cuya inauguración no acudió ningún representante de la Asturias oficial?

¿Por qué la FSA se empecina en dejar que sobre la mejor Asturias siga habiendo olvido y desconocimiento?

Lo dicho: más allá de la polémica que se suscitó entre los organizadores del homenaje a Maldonado y las autoridades eclesiásticas llariegas, lo más inquietante e injusto de todo esto consiste en la renuncia de la FSA, hasta ahora formación política hegemónica en Asturias, a reivindicar y poner en su sitio a quienes, históricamente hablando, representan la mejor Asturias, entre ellos, don José Maldonado.