El Comercio
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Fecha: marzo, 2017
Candidaturas socialistas
Luis Arias Argüelles-Meres 29-03-2017 | 7:37 | 0

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Tras la puesta en escena de Susana Díaz el pasado domingo en Madrid, la cuenta atrás para las primarias del PSOE ya echó a andar. Y lo cierto es que, si se analizan los discursos y las trayectorias de las tres candidaturas, no resulta fácil ver el futuro inmediato del partido más antiguo de España con optimismo.

Empecemos por doña Susana. Que haya tenido en su puesta de largo el apoyo de la vieja guardia es, en el mejor de los casos, un arma de doble filo. De entrada, contar el parabién de Felipe González y Guerra conduce, por un lado, a la época de mayores triunfos del partido, pero también a bochornosos escándalos de corrupción, así como a la traición al legado moral de esta formación política. Para seguir, la presencia de Zapatero (muy sonriente, por cierto), nos retrotrae a sus vaivenes y a su falta de consistencia. De hecho, el hundimiento del PSOE comenzó a producirse tras su último Gobierno.

En una palabra, se diría que la presidenta andaluza quiere estar aupada por quienes representan el pasado del PSOE. A este respecto, hay que preguntarse si esto le puede resultar provechoso, teniendo en cuenta no solo que el escenario político ha cambiado mucho, sino que además los antiguos líderes que la arropan cuentan con importantes episodios negativos que se pueden volver en contra de doña Susana.

Y, a propósito de pasado, cabe preguntarse, cuando la candidata alude a sus afanes contra las injusticias sociales, si el balance en Andalucía, donde su partido viene gobernando desde hace casi cuarenta años, es, en tales materias, satisfactorio, ello por no hablar también de la necesaria autocrítica con determinadas corruptelas sobradamente conocidas.

Y, en cuanto a su discurso, la candidata habla de un PSOE ganador que, al mismo tiempo, no quede fagocitado por Podemos. Entiendo perfectamente que no desee estar al albur de la formación morada. Dicho esto, cabría preguntarse por qué no marca las distancias con no menor ímpetu con respecto al PP. ¿No se plantea doña Susana que una de las causas del desmoronamiento del PSOE puede estar en que, a la hora de la verdad, sus políticas no se diferenciaron tanto del PP? ¿Es necesario recordar quién empezó con los recortes y con las reformas laborales?

Y, en fin, está en su perfecto derecho de desear que el PSOE vuelva a ser un partido hegemónico. Lo que sucede es que los tiempos de las mayorías absolutas, como mínimo, tardarán en volver.

En cuanto a Pedro Sánchez, aun reconociendo, como escribí más de una vez, que la forma en que fue defenestrado lo dotó de motivos para reivindicarse, ahí están también sus vaivenes que le restan mucha credibilidad. Las hemerotecas atestiguan, entre otras cosas, su pacto con Ciudadanos, sus recetas neoliberales, su puesta en escena con eslóganes de Adolfo Suárez en la pasada campaña electoral, su ausencia de autocrítica con respecto al pasado más inmediato del PSOE. Aunque en este momento ocupe el espacio más izquierdista de las tres candidaturas, sus incoherencias están ahí.

Por último, el que menos ruido viene haciendo es Patxi López. Salvo sorpresas, parece el candidato con menos posibilidades. Por una parte, es un político muy vinculado al ‘aparato’ del PSOE. Por otro lado, plantea que no quiere un partido descafeinado, algo que no pequeña parte de la militancia aceptará. En cualquier caso, no parece que haya grandes apuestas en su favor, porque, posiblemente, pese más el pasado que el discurso presente.

Candidaturas socialistas. No es justo echarle la culpa a Sánchez de que, en cada convocatoria electoral, el PSOE haya ido empeorando sus resultados, porque esa cuesta abajo empezó con Rubalcaba, y no hay garantía alguna de que, con otra persona al frente, las cuentas electorales fuesen distintas.

Y, ante las incógnitas que se abren, la más inquietante de todas para el PSOE es que, en esta ocasión, no está garantizada la cohesión del partido ni del grupo parlamentario tras las primarias, ello con independencia de la candidatura que triunfe.

Quede para otra ocasión la necesidad de que el PSOE tenga un discurso ideológico creíble, así como un proyecto de país más allá de las vaguedades y lugares comunes.

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Cherines frente al asturiano
Luis Arias Argüelles-Meres 23-03-2017 | 7:25 | 0

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«Debo de ser una sirena. No tengo miedo de la profundidad, pero temo enormemente la vida superficial» (Anaïs Nin)

La gratitud de Javier Fernández a la lideresa del PP astur, por mucho que se guarde de manifestarla, tiene que ser infinita. Últimamente, le hizo dos regalos de incalculable valor. El primero de ellos fue aprobarle los presupuestos. A resultas de ello, se evitó que un Gobierno en minoría, cuyo apoyo en el Parlamento llariego no llega a un tercio de los escaños, no se haya visto obligado a mostrar su fragilidad teniendo que prorrogar los presupuestos durante dos años consecutivos.

Por si ello fuera poco, doña Mercedes arremetió duramente contra el tímido avance en favor del asturiano que la Consejería de Educación acaba de aprobar, tímido avance que estará circunscrito a muy pocos centros docentes y que además no tendrá obligatoriedad.

Pero, por encima de todo, lo más llamativo del caso es que, a poco que se conozca la trayectoria de don Javier Fernández, sin demasiados esfuerzos, se caerá en la cuenta de que nuestro presidente autonómico no es precisamente un abanderado del asturianismo, sino más bien todo lo contrario.

De modo y manera que la dirigente asturiana del PP consiguió hacer pasar a Javier Fernández por un defensor del asturianismo, y eso, pueden creerme, roza lo milagroso. Tanto es así que, cuando en el último debate en la Junta Cherines arrancó unas palabras en llingua llariega a nuestro presidente, confieso que me quedé, de un lado, boquiabierto y, de otra parte, en un estado de hilaridad difícilmente descriptible.

Por otra parte, dejando de lado el inmenso favor que le hizo a nuestro jefe de Gobierno autonómico, no resulta fácil comprender que a estas alturas un partido político que aspira a gobernar esta tierra siga manteniendo una hostilidad, diría que cavernaria, hacia la llingua llariega. ¿No se puede dar cuenta doña Mercedes que, con su beligerancia hacia el asturiano, lo que provoca es una politización con respecto a la cuestión lingüística que, en lugar de unir separa y resta?

No hace falta ser expertos en sociología para percatarse de que, en el momento actual, el asturianismo está muy lejos de sus etapas más combativas, y que, con esta cerrazón, lo que se suscita es despertarlo con el malestar que tales posturas provocan.

Nunca comprenderé que se considere más apropiado decir ‘mazorca’ en lugar de ‘panoya’, ‘urraca’ en lugar de ‘pega’, ‘higuera’ en lugar de ‘figal’. Nunca entenderé que haya tantas personas en Asturias que se avergüencen de que sus padres o abuelos calzasen madreñes y calasen boinas. Nunca encontraré una explicación convincente a que determinadas personalidades de nuestra tierra le tengan tanta inquina a la llingua que hablaron nuestros antepasados y que muchos deseamos que no desparezca.

En una palabra, solo nos quedaba por ver a Javier Fernández reclamándose defensor del asturiano, usando la llingua en el parlamentín. No era fácil de conseguir, pero Mercedes Fernández lo logró.

¿Hay que darle la enhorabuena?

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Villa y compañía
Luis Arias Argüelles-Meres 15-03-2017 | 7:17 | 0

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Las informaciones que viene publicando Ana Moriyón en EL COMERCIO sobre las múltiples y variadas compras que, según parece, hizo Villa con cargo a su sindicato dan de sí mucho más de lo que parece, pues, chascarrillos y risas al margen, muestran a las claras no solo los usos y costumbres del personaje de marras, sino también el funcionamiento de un sindicato que no parece que se haya caracterizado por el rigor ni tampoco por el más mínimo atisbo de lo que podríamos llamar democracia interna. ¡Madre mía!

Lo tengo escrito más de una vez: ¿Cómo no tener presente la omnipresencia de lo que fueron las empresas públicas franquistas en nuestra tierra? ¿Cómo no reparar en que personajes como Villa y Gabino de Lorenzo forjaron no pequeña parte de sus trayectorias biográficas en empresas públicas del franquismo y, andando el tiempo, adquirieron un gran protagonismo en nuestra vida política, ya en el periodo democrático? ¡Ay!

Y es muy significativo preguntarse a qué pudo obedecer el caudillismo de Villa en su sindicato. De no ser así, alguien habría pedido cuentas de lo que se gastaba, alguien habría exigido rigor. Pero, por lo que se ve, a Maese Villa no se le discutía en la organización social que lideraba con mano de hierro.

Villa y compañía. No solo la pléyade a la que aludí muchas veces de aduladores, escribidores y demás coristas que lo acompañaron y ensalzaron hasta el sonrojo, sino también todos aquellos que, estando bajo su mando, jamás osaron ni siquiera balbucir la más mínima crítica a sus comportamientos.

Villa y compañía. Por lo que leímos en EL COMERCIO, no solo nos encontramos ante un cinéfilo de pro, también ante un melómano muy refinado, sino también ante un personaje que compraba compulsivamente.

Pero aquí echo me menos algo. ¿Se imaginan ustedes que se hubiera publicado una hagiografía sobre Villa? Seguro que semejante cosa estuvo en la mente de alguien, pero, ¡ay!, no hay ningún libro publicado que se titule ‘Villa, ese hombre’, o algo similar.

Pues bien, en ese caso, al lado de los puros, las rosas y otros presentes, seguro que el mostachudo líder sindical llevaría a cada reunión un lote de ejemplares de esa hagiografía para dedicarlos de su puño y letra. ¡No me negarán que, de haberse producido ese lance, sería algo enternecedor!

¿Cómo olvidar aquella movilización última de Villa, en la que, tras una quema de neumáticos, salía su rostro enrojecido? ¿Quién se enrojece ahora, y no precisamente con tintes políticos, sino con tonalidades de vergüenza propia y ajena?

¿Nadie echó de menos que, entre las compras de Villa, no estuviese un libro que le hubiera entusiasmado, me refiero a la ‘Fenomenología del espíritu’, de Hegel? ¿Acaso no iba en el guion que nuestro personaje bucease en esa obra filosófica tan profunda?

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Protesta en Cornellana
Luis Arias Argüelles-Meres 14-03-2017 | 7:18 | 0

No me cansaré de repetir que el occidente de Asturias también existe. No me cansaré de recordar que Cornellana representa sobre todo un territorio que da cuenta de lo que pudo haber sido y no fue. Para ello, es suficiente con darse un pequeño paseo desde el monasterio de San Salvador, siguiendo río arriba, el cauce del río Narcea, donde el paseante se encontrará con los restos de un proyecto ferroviario que nunca llegó a concluirse, proyecto ferroviario que pretendía unir Cangas del Narcea con San Esteban de Pravia, proyecto que, de haberse llevado a término, hubiera cambiado la historia de estas comarcas.

Fíjense: cuando Pepiño Blanco, entonces ministro de Fomento del Gobierno de Zapatero, paralizó las obras de la autovía de la Espina en 2010, las pilastras que se habían instalado para el tramo Doriga-Cornellana de la referida autovía representaron también la Asturias más paralizada. Pilastras de una autovía aún inconclusa, que se prometía terminar en 2009, unidas a ese hormigón de mencionado proyecto ferroviario. Enclave pluscuamperfecto para representar la geografía del abandono.

Pasaron los años, y en 2014, el Gobierno de Rajoy reanudó las obras en el tramo Doriga-Cornellana. Y ahora resulta que, a la salida de este tramo, donde estaba prevista una glorieta, parece ser que se modifica tal cosa, y que habrá una salida peligrosa en lugar de la rotonda, lo que conlleva un peligro innegable para quienes circulen por estos parajes. A resultas de esto, acaba de tener lugar, el pasado sábado, una manifestación en Cornellana, reclamando el fin del oscurantismo en este trazado y la glorieta de marras. Y la referida manifestación estuvo apoyada por el PSOE, Podemos y Foro. Veremos en qué da esto.

De todos modos, estaría muy bien, que doña Mercedes Fernández, tras su aplastante victoria en clave interna en el PP llariego, fuese coherente con lo que declaró en su momento acerca del compromiso del PP con esta autovía y, en consecuencia, plantease al Gobierno de su partido que no racanease en la seguridad de los habitantes de esta zona que sufre un declive poblacional inquietante. Tampoco estaría de más que Foro Asturias se plantease hasta qué punto puede resultar digerible su coalición en el PP mientras el Gobierno de don Mariano sea tan poco sensible a las necesidades de esta tierra. Y, en fin, celebro que el PSOE reivindique la seguridad de este tramo, así como la finalización de esta autovía, cuando fue este partido el que la ralentizó y la paralizó en su momento. Lo cierto es que no andamos muy sobrados de coherencia.

Algún día, Cornellana ofrecerá como atractivo turístico una ruta por lo que pudo haber sido y no fue. Algún día, puede que haya quienes se den cuenta de la potencialidad de esta comarca y de esta localidad, potencialidad que lleva décadas y décadas sepultada en lo que vengo llamando geografía del abandono.

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Félix Millet: Realidad y ficción
Luis Arias Argüelles-Meres 09-03-2017 | 7:20 | 0

«Los pueblos, amigo mío, tienen los gobiernos que toleran, aunque no se los merezcan». (Unamuno)

Lo sé, no es nada novedoso plantear que, en muchas ocasiones, es la realidad la que se empeña en imitar a la ficción; es la realidad la que, a veces, se muestra menos creíble que la inventiva más delirante. Recordemos aquel episodio en el que, compareciendo Jesús Gil en un juzgado, detuvieron a su letrado. Estoy por asegurar ni a Dostoievski ni a Kafka se les habría ocurrido una lance tan grotesco y disparatado. Pero vayamos a nuestra sublime actualidad, al caso Palau, a lo que declaró hasta el momento el señor Millet.

De entrada, el asunto está muy claro. Se supone que hay alguien que se presta a la sublime tarea de hacer de recaudador para el partido político de turno y, claro, como no podría ser de otro modo, en maletas con cierres tan defectuosos, algo se pierde por el camino, volanderos billetes, escurridizas monedas.

De entrada, el asunto está muy claro: este excelso ciudadano tendría cabida –mutatis mutandis– en nuestra literatura picaresca más clásica, también en algunas novelas de Mendoza. ¡Lástima que no lo haya investigado su conocido y descacharrante detective!

Realidad y ficción, digo, de un tiempo y un país (o varios países, tal y como están las cosas) en el que la ciudadanía no castiga con severidad electoral determinados comportamientos que inciden en el saqueo de las arcas públicas.

Realidad y ficción de un tiempo y un país en el que los hechos diferenciales, en lo que toca a la honestidad en el manejo del dinero de todos, por mucho que se quiera negar, no existe.

¡Lo sublime! ¡La música que nos eleva, que nos hace soñar! ¡La armonía de acordes geniales! ¡Las voces que nos transportan a esferas celestiales! Todo eso en el Palau, sí, pero también todo aquello: lo que huele a podrido, los presuntos fraudes, las supuestas comisiones, las sospechadas y sospechosas corruptelas.

Pero no pasa nada: estamos en la sociedad del espectáculo. No habrá ningún terremoto político, vendrán otras escandaleras que taparán ésta, y el señor Millet será uno más dentro de una larga lista de personajes que tienen no sólo sus deudas con lo público, sino también con lo más granado de nuestra literatura picaresca, que, en tales lides, tampoco hace distingos diferenciales.

En un país en el que los casos de corrupción se juzgan varios años después de que estallen, no es posible, aunque lo acabe de sugerir don Mariano Rajoy en el Congreso, no mirar hacia atrás: la propia agenda mediática nos conduce a ese pasado que muchos quisieran borrar.

Al final, tantos por ciento en comisiones. Al final tontos por ciento que lo pagamos y que encima, mayoritariamente hablando, no nos indignamos.

Al final, en lo que toca a decencia y ejemplaridad, no hay hecho diferencial que valga.

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