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¿El testamento político de Villa?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-03-2017 | 06:44

«Apaga la vela, que no necesito ver el color de mis ideas». (Zola).

Tras leer de principio a fin las respuestas de Maese Villa a las preguntas de su abogada, publicadas en EL COMERCIO, en la comparecencia en sede judicial del que fuera todopoderoso líder sindical en Asturias, no puedo decir que me haya sorprendido la sordidez que se desprende de sus palabras, pero sí debo y quiero asegurar que para cualquier persona que conozca mínimamente el devenir político de esta tierra en los últimos años tiene que ser muy duro aceptar la realidad, esto es, que el exsecretario general del SOMA haya tenido tanto poder en Asturias.

Puros, rosas, coches, firmas supuestamente amañadas, puestas en escena chabacanas. ¿Y qué más? ¿El mundo minero asturiano, históricamente hablando, con su épica y con su lírica, se merece un representante así?

¿De qué puede sentirse orgulloso este ciudadano, aparte de hacer alardes retóricos del inmenso poder del que disfrutó? ¿Y qué hizo con ese poder, aparte de quitar y poner a unos y a otros, y no sólo en el sindicato?

Dice estar escribiendo sus memorias. ¿Qué libro de cabecera tendrá para ello? Desde luego, no será ‘Germinal’, de Zola, pues cabría en lo posible que la ira resucitase al novelista francés.

¿Y cómo serán esas memorias, lo que lleva escrito de ellas? ¿Podrá haber algo más que intrigas y gazmoñerías? Y, aparte de eso, no habrá sitio para grandeza alguna, aunque sí todo el grandonismo que se quiera.

¿El testamento político de Villa? ¿Qué estarán pensando, sintiendo y hasta padeciendo todos aquellos que lo adularon de forma estomagante, que le escribieron discursos y artículos de prensa, que tomaron la palabra en distintos ámbitos para describir al señor Villa como un hombre providencial para Asturias?

¿El testamento político de Villa? Imaginemos, aunque solo sea por un momento, que llega a escribir esas memorias y que encima, bien se trate de un borrador o de una versión definitiva, se publican. Estoy por asegurar que serían muchas las personas que irían, con temor y temblor, al índice analítico, porque, aparte de otras muchas consideraciones, no olvidemos que las relaciones de este ejemplar ciudadano con gentes de la derecha asturiana fueron excelentes.

¿El testamento político de Villa? Fíjense, ni siquiera entro ya en el origen de su fortuna presuntamente irregular. Me es suficiente con su palabra para caer en la cuenta de inmediato de esa sordidez que lo envuelve a la que hice alusión más arriba.

¿Qué podrán estar pensando los personajes que, políticamente hablando, se lo deben casi todo a Maese Villa? ¿Y qué puede estar pensando la ciudadanía asturiana en su conjunto al saber que estamos hablando de un personaje que gozó de un poder tan enorme en nuestra historia más reciente?

Lo dicho: sordideces, que alcanzan y salpican nuestra vida pública.

¿Y si nos preguntamos cómo se juzgará en el futuro una etapa política en la que alguien como Fernández Villa tuvo tanto mando en plaza?

¿No es para sonrojarse?