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Cherines frente al asturiano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-03-2017 | 06:25

Resultado de imagen de Cherines frente a Javier Fernández, el comercio

«Debo de ser una sirena. No tengo miedo de la profundidad, pero temo enormemente la vida superficial» (Anaïs Nin)

La gratitud de Javier Fernández a la lideresa del PP astur, por mucho que se guarde de manifestarla, tiene que ser infinita. Últimamente, le hizo dos regalos de incalculable valor. El primero de ellos fue aprobarle los presupuestos. A resultas de ello, se evitó que un Gobierno en minoría, cuyo apoyo en el Parlamento llariego no llega a un tercio de los escaños, no se haya visto obligado a mostrar su fragilidad teniendo que prorrogar los presupuestos durante dos años consecutivos.

Por si ello fuera poco, doña Mercedes arremetió duramente contra el tímido avance en favor del asturiano que la Consejería de Educación acaba de aprobar, tímido avance que estará circunscrito a muy pocos centros docentes y que además no tendrá obligatoriedad.

Pero, por encima de todo, lo más llamativo del caso es que, a poco que se conozca la trayectoria de don Javier Fernández, sin demasiados esfuerzos, se caerá en la cuenta de que nuestro presidente autonómico no es precisamente un abanderado del asturianismo, sino más bien todo lo contrario.

De modo y manera que la dirigente asturiana del PP consiguió hacer pasar a Javier Fernández por un defensor del asturianismo, y eso, pueden creerme, roza lo milagroso. Tanto es así que, cuando en el último debate en la Junta Cherines arrancó unas palabras en llingua llariega a nuestro presidente, confieso que me quedé, de un lado, boquiabierto y, de otra parte, en un estado de hilaridad difícilmente descriptible.

Por otra parte, dejando de lado el inmenso favor que le hizo a nuestro jefe de Gobierno autonómico, no resulta fácil comprender que a estas alturas un partido político que aspira a gobernar esta tierra siga manteniendo una hostilidad, diría que cavernaria, hacia la llingua llariega. ¿No se puede dar cuenta doña Mercedes que, con su beligerancia hacia el asturiano, lo que provoca es una politización con respecto a la cuestión lingüística que, en lugar de unir separa y resta?

No hace falta ser expertos en sociología para percatarse de que, en el momento actual, el asturianismo está muy lejos de sus etapas más combativas, y que, con esta cerrazón, lo que se suscita es despertarlo con el malestar que tales posturas provocan.

Nunca comprenderé que se considere más apropiado decir ‘mazorca’ en lugar de ‘panoya’, ‘urraca’ en lugar de ‘pega’, ‘higuera’ en lugar de ‘figal’. Nunca entenderé que haya tantas personas en Asturias que se avergüencen de que sus padres o abuelos calzasen madreñes y calasen boinas. Nunca encontraré una explicación convincente a que determinadas personalidades de nuestra tierra le tengan tanta inquina a la llingua que hablaron nuestros antepasados y que muchos deseamos que no desparezca.

En una palabra, solo nos quedaba por ver a Javier Fernández reclamándose defensor del asturiano, usando la llingua en el parlamentín. No era fácil de conseguir, pero Mercedes Fernández lo logró.

¿Hay que darle la enhorabuena?