El Comercio
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Fecha: abril, 2017
Moción de censura en ciernes
Luis Arias Argüelles-Meres 29-04-2017 | 9:22 | 0

«Usted puede saber lo que dijo, pero nunca lo que el otro escuchó» (Lacan).

Pablo Iglesias, rodeado de la cohorte resultante de su éxito tras el último cónclave de Podemos, anuncia su propósito de plantear una moción de censura a Mariano Rajoy tras las últimas –e insufribles– escandaleras mediáticas. Así las cosas, declara que piensa establecer contactos con partidos políticos y sindicatos para acercar posturas. Con semejante iniciativa, adquiere un protagonismo mediático que le entusiasma.

Y, en principio, parece haber unanimidad de casi todos los partidos a la hora de rechazar la propuesta del líder de Podemos. Por un lado, hay quienes ponen de manifiesto que la moción de censura de marras está abocada al fracaso. Por otra parte, se califica (más bien, se descalifica) tal iniciativa. Hay quien dice que es «una charlotada». Hay quien afirma que es «puro circo». Hay quienes le recuerdan que hace un año estuvo en su mano que se formase un Gobierno que no estaría presidido por el PP.

En cuanto a lo primero, casi todo el mundo parece haber olvidado que, en su momento, Felipe González encabezó una moción de censura contra Suárez. Perdió la moción, sí, pero se ganó un prestigio que influyó no poco en el triunfo electoral irrepetible de octubre de 1982. Y, por otra parte, Hernández Mancha, haciendo bueno aquello de que la historia, si se repite, termina en comedia bufa, desafió a González con una moción de censura en la que incurrió en un patinazo memorable cuando parafraseó un soneto muy conocido de Lope de Vega («¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?») confundiendo de forma imperdonable la autoría del poema.

Y, en lo que se refiere a la mayor o menor pertinencia de la convocatoria de una moción de censura, el problema de fondo no radica, a mi juicio, en que no sea oportuna e incluso necesaria, sino en las dudas que se suscitan a la hora de dilucidar si se trata de un intento desesperado de que la corrupción política tenga su castigo en el Parlamento, o si estamos ante operaciones mediáticas y de imagen que lo que buscan es desestabilizar aún más a la oposición, al tiempo que fortalecerían aún más al PP.

En este sentido, a nadie se le escapa que la hipotética moción de censura coincidiría en el tiempo con la campaña de las primarias en el PSOE. Por tanto, cabe preguntarse si lo que se pretende es liderar la oposición, pretendiendo diezmar aún más a un PSOE en horas bajas, o buscar un pacto de amplio espectro en pro de la acuciante necesidad de regeneración política.

El fin y los medios, los medios y el fin. Lo que se dirime no es nada nuevo, a decir verdad.

Y es, como mínimo, inquietante que la llamada nueva política padezca en tan poco tiempo, por méritos propios, problemas de credibilidad.

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El señor del ático y otras celebridades
Luis Arias Argüelles-Meres 20-04-2017 | 7:18 | 0

Por mucho que la corrupción forme parte desde hace décadas del paisaje político, los petardazos informativos no dejan de causar bochorno y hasta pavor. Veinticuatro horas después de tener noticia de que todo un presidente del Gobierno tiene que declarar como testigo ante un juez que investiga la presunta financiación irregular de su partido, que, para mayor baldón, es el gobernante, sabemos que ha sido detenido un expresidente autonómico, concretamente don Ignacio González, sucesor de Esperanza Aguirre al frente del Ejecutivo madrileño. Todo un mazazo, todo un sonrojo.

¿Cómo no recordar aquel culebrón que relacionaba a este ejemplar ciudadano con la propiedad de un ático que tantos ríos de tinta provocó? ¿Cómo no horrorizarse ante lo que se está destapando en Valencia y en Madrid y que tiene que ver con las prácticas del celebridades del PP en ambos territorios?

Se habla de un blanqueo de capitales desde un ente público conocido como Canal Isabel II, que –¡oh, sorpresa!– tiene que ver, como el propio nombre indica, con el agua.

Sé que nadie se acuerda ya de aquellos venerables regeneracionistas que tanto incidieron en la escasez de lluvias en España como una de las causas de nuestra pobreza. Seguro que en su peores pesadillas ni siquiera se imaginaban que la gestión del agua iba a ser una fuente de corrupción.

El señor del ático y otras celebridades. ¿Cómo no recordar aquella fugaz retirada de la política de doña Esperanza Aguirre que la llevó, según sus propias declaraciones, a ser contratada para captar grandes talentos? ¡Madre mía! Desde luego, a la hora de elegir colaboradores políticos y sucesores, se cubrió y se sigue cubriendo de gloria.

El señor González, al que se le cerró la puerta para ser el candidato a presidir la Comunidad de Madrid por parte del propio PP, es otro peso pesado de la etapa de Esperanza Aguirre al que presuntos delitos de corrupción le pasan factura.

Pero dejemos por un momento los nombres propios. ¿Cómo es que un partido como el PP, tan amante de lo privado y tan escéptico ante lo público, pudo incurrir en supuestas triquiñuelas desde una empresa pública? ¡Ay!

Un partido, digo, que «externaliza», esto es, que privatiza, y, sin embargo, no le hace ascos a empresas públicas que, según parece, no se gestionaron de una forma modélica.

Días, digo, de petardazos informativos. Noticias de Rato, noticias del juicio sobre la financiación del PP, noticias de la Comunidad de Madrid, todas ellas relacionadas con los días de vino y rosas de aquel partido que, capitaneado entonces por Aznar, decía tener voluntad de regenerar la vida pública española tras los episodios más oscuros del felipismo, con un jefe de los guardias huyendo y con un gobernador del Banco de España ingresando en prisión.

¿Hasta cuándo seguiremos soportando tanta escandalera? ¿Hasta qué?

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EL CAMPANU, ESE MILAGRO DE NUESTRA PRIMAVERA
Luis Arias Argüelles-Meres 17-04-2017 | 7:27 | 0

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«Mi corazón espera/ también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera». (Antonio Machado).

Luminosa mañana de domingo a orillas del Narcea, para celebrar el día en que se le rinde homenaje al pez más mágico de nuestra tierra, al salmón que entra río arriba, por estos parajes. Es el salmón, máxime en las presentes circunstancias, el milagro primaveral por el que suspiraba don Antonio Machado en su memorable poema dedicado a aquel olmo seco al que, sin embargo, le habían brotado hojas verdes.

Pido permiso para centrarme en mi río, en el Narcea, y, más concretamente, en la capital salmonera que es Cornellana. Pido permiso para compartir el asombro y la euforia que me suscita ver que el bajo Narcea es una fiesta que espera por el milagro primaveral que, por estos contornos, es el Campanu, un Campanu que se resiste a salir en este río, por el que se espera con júbilo y hasta con ansiedad.

Otro milagro de la primavera, digo, sobre todo, en tiempos como éstos en los que cada vez llegan menos salmones, en los que las políticas que deberían velar por el cuidado del río Narcea son tan manifiestamente mejorables.

¿Cómo no sentir nostalgia de aquellos años, que coincidieron con mi adolescencia, en los que el Narcea batía estaba lleno de salmones, en los que determinados pescadores de estas comarcas eran auténticos maestros a la hora de pescarlos, en los que este río rebosaba vida y magia?

¿Cómo no lamentarse del poco cuidado que se tiene con este río, en lo que respecta a los saneamientos pendientes en los pueblos salenses del bajo Narcea, tal y como sucede aquí en Lanio? ¿Cómo no preguntarse por qué no se afrontan políticas para el cuidado de estas aguas?

Dentro de una Asturias envejecida, estas comarcas que –insisto una vez más- representan la geografía del abandono, siguen celebrando, a pesar de todo, el milagro primaveral que simboliza el mágico pez.

Acceder al río Narcea desde estas vegas, cada vez más abandonadas y despobladas, sigue siendo un regalo a la vista. Contemplar los rabiones y los pozos, tanto si se va a pescar, como si se transitan como paseantes, supone una cita con la belleza de un paraíso natural que, por mucho que se intente manifestar oficialmente, necesita, desde el marco institucional, unas atenciones y cuidados que, desde luego, no tiene.

Y, a pesar de todo, cuando se inaugura la temporada de pesca fluvial, Cornellana es una fiesta. Y, a pesar de todo, aunque cada vez menos, los salmones llegan a este río tras una travesía tan larga como mágica.

Entre poeta y poeta, entre Machado y Ángel González, el milagro de la primavera se produce, y la primavera avanza.

Milagro, digo milagro, que todavía suban salmones.

¿Hasta cuándo?

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ENTRE LA ARENA Y SAN ESTEBAN DE PRAVIA
Luis Arias Argüelles-Meres 16-04-2017 | 10:56 | 1

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Acostumbrados, que no resignados, estamos en el Occidente de Asturias a que las asignaturas pendientes, más que prolongarse, se perpetúen. Sin embargo, hay ocasiones, excepcionales, en las que la ciudadanía concernida toma la palabra y plantea sus exigencias. Es el caso de la reivindicación de que se haga ya una plataforma que comunique San Esteban de Pravia con San Juan de la Arena, algo que en su momento se había aprobado y hasta presupuestado, pero se quedó sin hacer. La referida plataforma –perdón por la obviedad– sería beneficiosa para ambas localidades, pues permitiría que se pudiesen visitar con comodidad. Estamos hablando, además, como bien se sabe, de dos villas no solo muy atractivas por su belleza, sino que además tienen distintos encantos que, mediante la referida plataforma, permitirían ser disfrutados por sus visitantes y que redundaría en la riqueza de ambas.

¿Cómo no recordar aquellas travesías en motora entre San Juan de la Arena y San Esteban durante mi infancia? ¿Cómo no tener presente la belleza de ese paraje en el que el Nalón acaba de entregarse al Cantábrico? ¿Cómo no tener en cuenta, asimismo, las estancias de Rubén Darío en ambas villas, cuando Azorín, en compañía de Pérez de Ayala, visitó al gran poeta nicaragüense? ¿Cómo no añorar aquellos tiempos en los que San Esteban de Pravia era el apeadero en el que tenía parada y fonda el mineral que tanto protagonismo tiene en la historia de Asturias? ¿Y qué decir de aquel proyecto ferroviario entre Cangas del Narcea y Pravia, que nunca llegó a hacerse, proyecto del que quedan sus restos por estas comarcas del bajo Narcea, que atestiguan, insisto una vez más, lo que pudo haber sido y no fue?

Así pues, entre tantos proyectos que nunca llegarán a concluir, la plataforma ciudadana que está reivindicando la pasarela entre San Juan de la Arena y San Esteban de Pravia, aparte de plantear algo que es muy necesario y conveniente, pone de manifiesto que, en ocasiones, la única forma de conseguir que no seamos de principio a fin una geografía del olvido es la exigencia ante las instituciones. Y –ojalá no me equivoque– esta vez la demanda ciudadana va a ser atendida, y no por una concesión magnánima de las instituciones implicadas, sino por atender a algo tan elemental como es cumplir el papel de quienes dicen representarnos.

Pasear por San Esteban de Pravia es transitar un enclave esencial de nuestra historia contemporánea, es algo muy didáctico y provechoso con su no sé qué de romanticismo. Pasear por San Juan de la Arena supone un placer para los sentidos, que buscan su encuentro con el mar. La pasarela que sirviese de abrazo entre los dos pueblos significaría un sueño cumplido no sólo para sus habitantes, sino también para quienes nos gusta visitar y disfrutar uno de los lugares con mayor encanto de Asturias.

No solo la belleza del paisaje, no solo la historia que tanto enseña. También este presente nuestro en el que la dignidad ciudadana, excepcionalmente, se hace oír.

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EL PCE, 40 AÑOS DESPUÉS
Luis Arias Argüelles-Meres 12-04-2017 | 4:05 | 0

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Había sido la principal oposición, por no decir la única, al régimen. El Partido con mayúsculas era el comunista. Durante el franquismo, junto a la masonería, esa formación política encarnaba todos los males. Se repetía hasta la saciedad que el Caudillo y la Providencia, que, por supuesto, iban juntos, nos habían librado de caer en sus garras. Es muy amplia la bibliografía que existe sobre la historia del PCE, al tiempo que no estaríamos hablando, en esencia, del mismo partido, según el momento histórico que se aborde. En cualquier caso, como oposición al franquismo, la historia del partido político que nos ocupa fue omnipresente y está plagada de heroísmo y coraje.

Pero vayamos al momento en el que fue legalizado el PCE, a aquel Sábado Santo de 1977. Aquello sorprendió al país, no tanto el hecho mismo de la legalización, sino más bien el cuándo, en plenas vacaciones. Por un lado, Santiago Carrillo venía dando muestras de una moderación incontestable desde aquella detención más o menos pactada, con la peluca como apéndice estético a anotar. Su discurso distaba mucho de ser prosoviético, ni tampoco revolucionario.

Lo cierto fue que aquella legalización no dejó de levantar sarpullidos por partida doble. De un lado, por parte de los entonces llamados «poderes fácticos». De hecho, ahí estuvo la dimisión del entonces ministro de Marina, así como un comunicado de la plana mayor del Ejército en el que se habló de «repulsa» por semejante medida gubernamental. Y, por otra parte, las concesiones que hizo Carrillo, aceptando la Monarquía y fotografiándose con la bandera oficial, obligó a tragar mucha saliva a la militancia del partido.

Carrillo y Suárez, Suárez y Carrillo, que se habían entendido entre el humo de los continuos cigarrillos que se fumaron en sus encuentros. Un líder histórico del PCE pactando con un político de orígenes azules. Un exministro del Movimiento, legalizando al PCE. Se diría que se rompían tabúes y clichés, que, en este país, lo que parecía imposible meses atrás, se tornaba posible.

Pocos meses después, en junio del 77, se celebraron las primeras elecciones democráticas, a las que, por cierto, no pudieron concurrir los partidos republicanos. Y los resultados para el PCE no fueron, ni mucho menos, los esperados. Un PSOE, casi ausente, durante la dictadura como oposición al franquismo, obtenía un número de escaños muy superior al PCE. La lucha contra el franquismo y la teórica adaptación a los nuevos tiempos, eurocomunismo incluido, no fueron aval suficiente para que el país pusiese a este partido a la cabeza de la izquierda en España. Poco tiempo después vendrían las escisiones, las rupturas, las crisis. El partido quehabía sido todo un modelo de cohesión y de disciplina interna se convertía en todo lo contrario.

Está por escribir la historia de la militancia comunista que no tardó decantarse por el PSOE que los recibió con los brazos abiertos, o por el desencanto, según los casos. En todo caso, es indudable que la lucha del PCE contra el franquismo no tuvo su compensación en votos, que el Partido con mayúsculas quedaría siempre por debajo del PSOE, y así, desde 1977, fue de crisis en crisis, hasta hoy, que parece que se convertirá en marca blanca de Podemos. Y ello, tras serlo del PSOE en Asturias y en Andalucía, desde que Anguita abandonó la primera línea política.

Alguien escribió recientemente sobre el particular lamentando el desperdicio de tanta lucha. ¿Qué se hizo de ella?

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