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Fecha: abril 1, 2017
Azorín y Asturias
Luis Arias Argüelles-Meres 01-04-2017 | 2:40 | 0

“Te hallas, amigo, ahora, en mi amada Vetusta/ La noble, la sarcástica, la devota, la augusta/ Acaso sientes que esta mi ciudad te convida/ En su tácito seno a afincar de por vida”. (Pérez de Ayala. “Epístola a Azorín”).

 

El pasado 2 de marzo se cumplieron cincuenta años de la muerte de Azorín. Y, si tomamos este aniversario reciente como pretexto, acaso pueda resultar interesante recordar lo más esencial de su relación con Asturias.

Si, por un lado, Azorín no tuvo empacho alguno en considerar  que la obra poética de Campoamor representaba uno de los ejemplos de mayor chabacanería en la historia de nuestra literatura, lo cierto es que sintió mucha admiración por Clarín. Y, a su vez, el autor de “La Regenta”, que tampoco se prodigaba mucho en elogios, fue muy generoso con el joven Azorín.

Por otra parte, tiene su interés el poema que Pérez de Ayala le dedicó a Azorín cuando visitó nuestra tierra a  principios del siglo XX.

A  ello vamos.

Azorín y Leopoldo Alas

En 1897, el crítico literario entonces más temido en España, Leopoldo Alas,  hace un encendido elogio de Azorín poniendo de relieve que el escritor alicantino «tiene más enjundia literaria que muchos afectados escritores festivos que hacen alarde de no tener ni pizca de sustancia». Y hay que decir que la fascinación fue mutua, pues el autor de “La Voluntad” escribiría páginas deliciosas sobre Clarín, no sólo sobre su obra literaria, sino también acerca de su día a día, de su talento y de su envergadura intelectual.

En lo que se refiere a la obra literaria de Clarín, es muy significativo que Azorín considerase que la novela “Su único hijo” tenía mayor interés literario que “La Regenta”. Hasta tal punto esto fue así que llegó a afirmar con respecto a esta última que «puede ser reducida a un volumen». A este respecto, conviene tener presente que “La Regenta” no fue considerada una auténtica obra maestra de la narrativa hasta que Cabezas escribió su memorable  e imprescindible biografía sobre Clarín.

Por otro lado, no hay que perder de vista que en la que es quizás la novela más noventayochista de Azorín, “La Voluntad” se puede ver la presencia de nuestro Leopoldo Alas en el maestro Yuste.

Hay que decir también que Azorín se percató de la genialidad de Clarín a la hora de describir paisajes, concretamente el que se puede disfrutar en “Doña Berta”, descripción que es uno de los mejores textos que plasman el encanto de Asturias y que habla de aquel lugar donde ningún invasor ni colonizador puso lo pies. Azorín considera que Clarín en “Doña Berta” «ha expresado el paisaje, el ambiente, el espíritu de Asturias con más hondo sentir».

Por otro lado, Azorín fue uno de los primeros literatos de su generación que percibió la maestría de Clarín como autor de relatos, y en todo momento valoró la envergadura intelectual de Alas, que prodigaba en sus artículos.

Hablamos, claro está, de un joven Azorín, lector entusiasta de Nietzsche y tremendamente crítico con la realidad de su país. Hablamos del primer Azorín.

Pérez de Ayala como anfitrión de Azorín

 

Es en 1905 cuando Azorín visita Oviedo, y escribe deliciosos textos sobre Clarín. Además, en esta visita tiene un anfitrión de lujo que es Pérez de Ayala, quien le dedica un poema en el que habla de Oviedo, en el que manifiesta con ironía y ternura lo que es la vida en  nuestra ciudad. Al referido poema pertenecen los versos que encabezan el presente artículo.

Y, por otra parte, es obligado ocuparse del episodio en el que Pérez de Ayala, Azorín y Melquíades Álvarez caminan por el Paseo de los Álamos.  Veamos lo que consignó tan ilustre visitante:

«Los Álamos es un viejo paseo, dos largas filas de estos finos, esbeltos, sutiles árboles lo bordean. A un lado se extienden unos sombríos jardines. Seis, ocho, diez paseantes marchan lentamente, en silencio, uno de ellos avanza hacia nosotros.
-Querido Melquíades, ¿qué pasa en la ciudad?
-Nada, –dice sonriendo el gran orador que viene todos los días a esta alameda–

La mejor España, la mejor Asturias, intelectual y literariamente hablando. Hablamos de un Azorín descreído y rompedor, del primer Azorín. Hablamos de la talla intelectual de Pérez de Ayala y hablamos también no sólo del sucesor de la Cátedra de Clarín, sino también de un personaje que ya se había ganado la fama de gran orador y que sería el fundador del Partido Reformista, formación política que sería el vivero de la 2ª República, donde militaron Ortega, Azaña, el propio Ayala y Augusto Barcia, entre otros.

En realidad, tanto en el poema ayalino como en la memorable caminata por el Paseo de los Álamos se está homenajeando a Clarín, a su Vetusta, a la ciudad que seguía sesteando.

Una noche en san Esteban de Pravia y en san Juan de la Arena

 

Pero Azorín no sólo visitaría Oviedo en aquella estancia suya en Asturias. En compañía de Pérez de Ayala, iría a San Esteban de Pravia y a San Juan de la Arena  a visitar nada menos que a Rubén Darío, y algunos rincones de nuestra costa serían glorificados literariamente.

José Luis Cano  recuerda el texto en el que Azorín da cuenta de su desplazamiento entre San Esteban de Pravia y San Juan de la Arena a ver al poeta nicaragüense. Hacen la travesía de noche y Azorín habla de que “el chocar de los remos en el agua hacía saltar un reguero maravilloso de chispas fosforescentes, lívidas, que brillaban y desaparecían en un segundo”.

Recordatorio de Clarín, encuentros con Pérez de Ayala y Melquíades Álvarez, y, por último, la noche de verano en la que la magia y la fuerza del Cantábrico se visten de gala para Rubén Darío.

Azorín, pues, es un referente de primer orden a la hora de evocar un tiempo en el que Asturias contaba con grandes literatos como Pérez de Ayala y brillaba gracias al luminoso magisterio, entonces aún reciente, de Clarín.

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