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Fecha: abril 8, 2017
Sobre el “tijeretazo” en la enseñanza concertada
Luis Arias Argüelles-Meres 08-04-2017 | 4:24 | 0

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Sé que hay planteamientos que levantan sarpullidos y que, por tanto, lo más cómodo sería no abordar ciertos temas cuando se tienen las ideas muy claras sobre el particular. Sin embargo, uno no escribe para contentar a todo el mundo, sino para exponer  -y argumentar- sus convicciones, que, en el caso que nos ocupa, las tengo muy claras.

Verán: uno de los “argumentos” que más se repiten en pro del sostenimiento de lo que se conoce como enseñanza concertada es la libertad de los padres para elegir el centro educativo que consideren mejor para sus hijos. Ante esto, por lo menos, cabe oponer un razonamiento la mar de sencillo, y es que esa libertad de elección del centro escolar no la tienen las familias del mundo rural donde no hay colegios privados, puesto que no son rentables. O sea, estaríamos hablando de familias de primera y de familias de segunda en función de la localidad donde residan. Si esto no es discriminatorio, que venga Dios y lo vea.

Ante el declive demográfico que sufre Asturias, cada vez son más los colegios rurales que se cierran por falta de alumnos, lo que ocasiona que, en no pocos casos, tengan que desplazarse a otros centros, con los consiguientes madrugones para acceder al transporte escolar que les corresponde. Y esas familias afectadas no reivindican el derecho a elegir centro, se conformarían con que estuviese abierto el más cercano a su domicilio. Ya ven.

Por otra parte, parece que se ha olvidado que los convenios con los centros concertados se produjeron en el momento en el que los centros públicos no podían atender al conjunto del alumnado, eran los tiempos de aquel fenómeno demográfico que se conoció como baby boom. Desde luego, esa realidad se quedó muy atrás.

Y alguien tendría que preguntarse si es de recibo que se cierren colegios en los pueblos, a veces, porque falta un alumno para tenerlos en funcionamiento al tiempo que se destinen dineros públicos a  centros privados en localidades en las que los colegios e institutos públicos podrían atender a muchos más alumnos.

Pongamos un ejemplo. Si en un momento dado, la sanidad pública no pudiese hacerse cargo de todos los enfermos que necesitasen sus cuidados, no sería ilógico que se llegase a acuerdos con hospitales privados para ocuparse de los enfermos que la sanidad pública no podría asumir en su totalidad, pero se trataría de algo coyuntural, que no definitivo.

¿Para qué está el dinero público, señores míos? ¿Acaso para destinarlo a un colegio concertado en detrimento de un centro rural que se cerrase por falta de recursos? ¿Dónde queda el teórico principio de la igualdad ante la ley?

¿Alguien piensa en esos niños y adolescentes que se tienen que levantar dos horas antes del comienzo de las clases para subirse al transporte escolar? ¿Alguien piensa en esos niños y adolescentes que se ven obligados a residir en alguna Escuela Hogar para poder asistir al colegio o al instituto todos los días? ¿Alguien levanta la voz cuando se cierran centros rurales?

De verdad, no es de recibo que no se tenga en cuenta que no todas las familias pueden elegir centro de enseñanza. De verdad, no es de recibo que no se tenga en cuenta que, existiendo una enseñanza pública a la que se puede acudir, quienes opten por la enseñanza privada la pagasen de su bolsillo, del mismo modo que lo hacen quienes optan por la medicina privada.

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