El Comercio
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Fecha: abril 17, 2017
EL CAMPANU, ESE MILAGRO DE NUESTRA PRIMAVERA
Luis Arias Argüelles-Meres 17-04-2017 | 7:27 | 0

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«Mi corazón espera/ también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera». (Antonio Machado).

Luminosa mañana de domingo a orillas del Narcea, para celebrar el día en que se le rinde homenaje al pez más mágico de nuestra tierra, al salmón que entra río arriba, por estos parajes. Es el salmón, máxime en las presentes circunstancias, el milagro primaveral por el que suspiraba don Antonio Machado en su memorable poema dedicado a aquel olmo seco al que, sin embargo, le habían brotado hojas verdes.

Pido permiso para centrarme en mi río, en el Narcea, y, más concretamente, en la capital salmonera que es Cornellana. Pido permiso para compartir el asombro y la euforia que me suscita ver que el bajo Narcea es una fiesta que espera por el milagro primaveral que, por estos contornos, es el Campanu, un Campanu que se resiste a salir en este río, por el que se espera con júbilo y hasta con ansiedad.

Otro milagro de la primavera, digo, sobre todo, en tiempos como éstos en los que cada vez llegan menos salmones, en los que las políticas que deberían velar por el cuidado del río Narcea son tan manifiestamente mejorables.

¿Cómo no sentir nostalgia de aquellos años, que coincidieron con mi adolescencia, en los que el Narcea batía estaba lleno de salmones, en los que determinados pescadores de estas comarcas eran auténticos maestros a la hora de pescarlos, en los que este río rebosaba vida y magia?

¿Cómo no lamentarse del poco cuidado que se tiene con este río, en lo que respecta a los saneamientos pendientes en los pueblos salenses del bajo Narcea, tal y como sucede aquí en Lanio? ¿Cómo no preguntarse por qué no se afrontan políticas para el cuidado de estas aguas?

Dentro de una Asturias envejecida, estas comarcas que –insisto una vez más- representan la geografía del abandono, siguen celebrando, a pesar de todo, el milagro primaveral que simboliza el mágico pez.

Acceder al río Narcea desde estas vegas, cada vez más abandonadas y despobladas, sigue siendo un regalo a la vista. Contemplar los rabiones y los pozos, tanto si se va a pescar, como si se transitan como paseantes, supone una cita con la belleza de un paraíso natural que, por mucho que se intente manifestar oficialmente, necesita, desde el marco institucional, unas atenciones y cuidados que, desde luego, no tiene.

Y, a pesar de todo, cuando se inaugura la temporada de pesca fluvial, Cornellana es una fiesta. Y, a pesar de todo, aunque cada vez menos, los salmones llegan a este río tras una travesía tan larga como mágica.

Entre poeta y poeta, entre Machado y Ángel González, el milagro de la primavera se produce, y la primavera avanza.

Milagro, digo milagro, que todavía suban salmones.

¿Hasta cuándo?

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