El Comercio
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¿Malos tiempos para la socialdemocracia?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-05-2017 | 05:21

Resultado de imagen de Primarias del PSOE, EL COMERCIO

Ya sabemos cómo está el PSOE de maltrecho, no ya desde la defenestración de la que fue objeto Pedro Sánchez, sino más bien desde que Zapatero fracasó estrepitosamente en sus políticas en la última legislatura que gobernó. Y sabemos también que, en la campaña de primarias en la que se encuentra inmerso el partido, la atmósfera está más enrarecida y bronca que nunca, lo que hace presagiar que no va a ser nada fácil que, tras conocerse los resultados, la integración y la armonía vayan a presidir el día a día del partido.

Si vamos por partes, está claro que la pregunta que cabe hacerse es quién ganará las primarias. Pero, a poco que se reflexione sobre el particular, lo más esencial sobre lo que cabe hacer hipótesis es cómo será el día después de las primarias. Vayamos por partes.

Doña Susana se presenta como la candidata del aparato, como ese PSOE que en sus ámbitos oficiales consideran que es el de siempre, soslayando con tal planteamiento la mayor parte de la historia de este partido. Por su lado, don Pedro comparece como el candidato de la militancia, como el político que hará girar al partido hacia la izquierda. Y, por su lado, Patxi López parece quedarse a medio camino entre ambos, al tiempo que su discurso parece el más integrador de puertas adentro. Esto es lo que parece, si bien no estaría de más preguntarse si no nos estamos encontrando, una vez más, con ese juego entre apariencia y realidad que puede acarrear mucha confusión.

Por otra parte, se reconozca o no, está claro que hay un antes y un después tras conocerse el número de avales de las tres candidaturas. Aquí, la confusión no es tan grande, es decir, a resultas de los avales conseguidos, no cabe hacer vaticinios certeros, entre otras cosas, porque está muy claro que es más fácil conseguirlos desde el aparato propiamente dicho que desde afuera.

Pero hay algo más importante aún que no podemos dejar de preguntarnos y que tiene que ver con el asunto ideológico, asunto en el que, de un lado, no todos pueden ser claros, y, de otro lado, no todos se han ganado mucha credibilidad. Partamos de una base muy clara: no es fácil el equilibrio que iría entre no parecerse al PP, pues, para eso, no tiene sentido que se sigan protegiendo bajo unas siglas de izquierdas, y, de otra parte, no competir, en lo ideológico, con Podemos.

En Francia se demostró que un partido que se reclama socialista no puede sobrevivir haciendo las mismas políticas que la derecha. Y, por otro lado, haría falta que se conocieses qué proyecto de partido y de país hay detrás de cada candidatura, proyectos que vayan más allá de obviedades y topicazos.

Sin duda, son malos tiempos para la socialdemocracia, pues no es fácil articular un discurso que no acepte los postulados del capitalismo más salvaje y que, al mismo tiempo, no incurra en demagogias y populismos. Sumemos a ello otra cuestión que no es ninguna fruslería: ninguna de las tres candidaturas tiene una gran credibilidad.

Sin ir más lejos, lo que Susana Díaz representa es al socialismo de siglas que, habiendo gobernado Andalucía desde las primeras elecciones autonómicas, no combatió el paro con éxito, no llevó a cabo una reforma agraria que es una asignatura pendiente en la historia de España y, para mayor baldón, incurrió el PSOE andaluz en corruptelas escandalosas. Por su lado, don Pedro Sánchez empezó teniendo una gran sintonía con Ciudadanos y, desde que fue defenestrado, se fue escorando, en la retórica, a la izquierda. Y, en cuanto a Patxi López, nadie puede negar que siempre fue un político muy involucrado en el aparato del partido.

Vencer en las primarias no significa necesariamente convencer al electorado para ser una alternativa de Gobierno distinta del PP, y con la regeneración como bandera. Vencer en las primarias no significa contar con un grupo parlamentario que se pliegue al ganador o ganadora. Vencer en las primarias no significa detener un declive que empezó con Rubalcaba y que continúa de forma imparable hasta el momento presente.