El Comercio
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El debate de Ferraz
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-05-2017 | 05:24

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Tras ver el debate entre Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López, la primera conclusión clara que se extrae es que el candidato menos desafortunado fue el exlendakari vasco. Y, por otro lado, cuesta entender que doña Susana presente como uno de sus principales reclamos su admiración a Felipe González y a Zapatero. Es decir, ante todo, el aparato del partido, las baronías, los mandamases. Y, por su parte, don Pedro insistió demasiado en el mayúsculo error que, a su juicio, supuso haber permitido con la abstención socialista que el PP esté gobernado ahora. Estaba fuera de toda duda antes del debate cuál era su posición al respecto. Por tanto, desde mi punto de vista, no aprovechó el tiempo disponible para transmitir qué partido y qué país quiere. ¡Qué decepcionante fue la intervención de doña Susana! Aparte de su adhesión inquebrantable a lo que representa, también en el PSOE, la vieja política, no solo no fue capaz de expresar su proyecto de país, o su bagaje ideológico, si lo tuviere. Dio la impresión ede que su principal objetivo era denostar a sSánchez, pero no seducir y convencer con las supuestas bondades ilusionantes con las que nos encontraríamos en el supuesto de que saliese elegida secretaria general.

Y, dejando aparte sus excesivos argumentos ‘ad hominem’, cuando ataca a Sánchez planteando que sus resultados electorales no fueron buenos, ¿acaso no es consciente de que la caída en picado de este partido empezó con Rubalcaba y que, de no haber sido Sánchez el candidato, con otra persona al frente, ese declive en las urnas se hubiera producido igualmente? Y, al erigirse en ganadora electoral, ¿acaso no tiene presente que los resultados electorales en Andalucía no son extrapolables al resto del país? Es la candidata preferida de la vieja guardia del PSOE, de una vieja guardia cuyas sombras están ahí, y no son pequeñas precisamente.En cuanto a Pedro Sánchez, bien está que ponga de relieve que el PSOE tiene que ser un partido abierto a la militancia y no a las baronías, bien está que recuerde que su historia y sus siglas se sitúan a la izquierda. Pero, como escribí más de una vez, su credibilidad, a poco que observemos la trayectoria que vino siguiendo, se resquebraja fácilmente. Estuvo en su momento más cerca de Ciudadanos de que esa izquierda que ahora reivindica. En la campaña electoral, hizo guiños a la ciudadanía reproduciendo conocidas frases de Adolfo Suárez. Y que ahora sea la quintaesencia de la izquierda en el PSOE no es fácilmente creíble.

Por último, quiero referirme a dos momentos del debate. Uno de ellos fue cuando López le preguntó a Sánchez por el concepto de nación. Tengo para mí que ninguno de los dos candidatos leyó a Renan, ni a Ortega, lo que da cuenta del nivel que tiene nuestra política actual.

Y el otro momento tiene que ver con los reproches, ciertamente de mal gusto, de doña Susana al 15-M. ¿Algún dirigente político puede mirar a los ojos a la juventud de este país y negarles que están sufriendo las consecuencias de un saqueo en el que fueron colaboradores necesarios los grandes partidos?