El Comercio
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Fecha: mayo 23, 2017
Tras las primarias del PSOE
Luis Arias Argüelles-Meres 23-05-2017 | 7:18 | 0

«Lo más difícil de administrar es una victoria política» (Azaña).

La militancia socialista derrotó al aparato y, en este sentido, Pedro Sánchez no fue más –ni menos– que un instrumento del conjunto de afiliados del PSOE. Por ello, el acento, a mi juicio, hay que ponerlo en que se manifestó el descontento de las bases de un partido político con unos dirigentes que, a la hora de hacer política, cada vez se vinieron diferenciando menos del PP.

Y, por otra parte, la necesidad más apremiante que se puede plantear desde la izquierda es la regeneración política. Pues bien, si doña Susana puso todo el énfasis en que ella representaba al PSOE de siempre, léase al felipismo, estaba muy claro para muchas de las personas que votaron en las primarias socialistas que la regeneración política no podía estar liderada por alguien que no tuvo a bien desmarcarse de Roldán, Mariano Rubio, Filesa, etcétera. Y ello por no hablar de algo más reciente como los ERE en Andalucía. Esto es, si después de veintiún años de gobiernos socialistas, se esgrime el discurso de que en España solo hay un partido corrupto, o sea, el Partido Popular, se está negando una evidencia de un modo tan intragable que ofende, inevitablemente, a una militancia que quiere un partido honesto, o que, al menos, se desmarque de episodios bochornosos, en lugar de soslayarlos, insultando a la memoria y a la inteligencia.

Por otro lado, hay otra clave esencial para interpretar la victoria de Pedro Sánchez, y es la cuestión ideológica. Vaya por delante que, como ya escribí en más de una ocasión, tengo todas las reservas del mundo en lo que se refiere a la fiabilidad que me merece el nuevo secretario general. Primero, por lo bandazos que vino dando. Segundo, porque, hasta el momento, no dio muestras de ser un político con un discurso profundo ni convincente. Pero el hecho de que, tras la defenestración de Pedro Sánchez, se hubiese permitido gobernar a Rajoy por parte de los dirigentes de la gestora hizo que la militancia se sintiese, cuando menos, defraudada. O sea, políticas parecidas a las del PP cuando se gobierna, y cuando se pierde, se allana el camino al partido, teóricamente, antagónico. De ahí que la militancia haya mandado parar.

Y, aunque sólo sea mencionarlo, no podemos obviar lo sucedido en Asturias, donde el aparato de la FSA se acaba de llevar el mayor batacazo de su historia más reciente. Cuando escribo estas líneas, lo que predomina es el silencio por parte de los dirigentes socialistas llariegos. Pero, mudos o no, el antes y el después de las primarias del PSOE es innegable, y lo peor que podrían hacer sería no dar acuse de recibo de ello. Veremos.

En una palabra, victoria de la militancia. Habrá que ver cómo la digieren y administran don Pedro Sánchez y su equipo de leales.

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