El Comercio
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Fecha: mayo 29, 2017
LOS ADIOSES DE JAVIER FERNÁNDEZ Y OTRAS DESPEDIDAS
Luis Arias Argüelles-Meres 29-05-2017 | 7:24 | 0

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En noviembre se cumplirán 17 años de aquel cónclave de la FSA en el que Javier Fernández, tras un excelente discurso, tal y como acaba de recordar Juan Neira en este periódico, se convirtió en el líder del socialismo astur, cerrando una crisis que pudo haber dado al traste con el partido en Asturias. Estaba muy cerca en el tiempo aquella tremenda ruptura en la derecha asturiana en la que Cascos y otros dirigentes entonces muy afines al que fuera secretario general del PP le declararon la guerra a Sergio Marqués. La susodicha crisis en el partido conservador fue duramente castigada por la ciudadanía astur en las elecciones autonómicas y municipales de 1999. A resultas de ello, Areces consiguió su mejor resultado electoral. Pero empezó con muy mal pie su andadura como gobernante al enfrentarse al sector villista del partido con la destitución del señor Menéndez como presidente de Cajastur. No hay que olvidar aquella derrota parlamentaria que sufrió Tini con los votos en contra de muchos parlamentarios de su partido. Y entonces llegó Javier Fernández, cerró la crisis del socialismo llariego y el señor Menéndez volvió a su puesto. Y, poco a poco, las heridas se fueron cerrando y se abrieron puentes de diálogo y acuerdo entre los dos sectores del socialismo asturiano.

Vicente Álvarez Areces estaría al frente del Gobierno asturiano hasta 2011. Y, cuando se decidió que el candidato de los socialistas a presidir el Ejecutivo autonómico, no estalló una nueva crisis en el partido, si bien quedó muy claro que la voluntad de Areces era volver a presentarse.

Y, en 2011, el conservadurismo astur vivió otra ruptura, cuando Cascos fundó un nuevo partido. Dos ingenieros, dos políticos de la misma generación, Fernández y Cascos, Cascos y Fernández, se enfrentaron electoralmente. Y volverían a hacerlo al año siguiente, cuando el ex ministro de Fomento decidió adelantar las elecciones, adelanto que le sirvió a Javier Fernández para ganar aquellas elecciones y ponerse al frente del Gobierno con los apoyos de IU y del único diputado autonómico del partido de Rosa Díaz. Y hay que decir que los muchos enfrentamientos que protagonizaron ambos personajes en la Junta subieron el listón de los debates parlamentarios en Asturias.

En ese mismo año, en el ámbito estatal, comenzaría el declive, hasta ahora imparable, del PSOE. Javier Fernández contó siempre con el apoyo y simpatía de Rubalcaba. Llegaron las primarias del PSOE y en Asturias se apostaba por Madina. No obstante, se mantuvieron las formas hasta que en septiembre del pasado año se produjo la defenestración de don Pedro. Acto seguido, don Javier se puso al frente de la gestora.

Y, como escribí recientemente, esa etapa marcó el canto del cisne en la trayectoria de nuestro presidente autonómico. Con la abstención parlamentaria que promovió, no se convocaron nuevas elecciones, y fue la referencia del partido en los ámbitos estatales.

Y ahora se va. En realidad, también estamos asistiendo a un cambio generacional en la política. En realidad, nos toca presenciar el final de un bipartidismo, en Asturias y en España, hacia el que nos dirigimos, aunque con mayor lentitud de la que cabría esperar.

Y, más allá de las sombras, a veces gigantescas, del periodo en el que Javier Fernández estuvo al frente de la FSA, no puedo dejar de preguntarme por la desorientación que tienen que estar padeciendo sus corifeos mediáticos que tanto lo adularon a lo largo de estos años, pues, de momento, no tienen claro a quién deben dirigir sus loas.

Por otra parte, está claro que Javier Fernández representa al sector más conservador del PSOE y, con ello, a la vieja política, lo cual no quiere decir que sus principales antagonistas dentro de su partido en Asturias atesoren un discurso creíble ni sostenible, pues también representan, en determinados casos muy conocidos, lo que viene siendo la vieja política. Pensemos, por ejemplo, en Adriana Lastra y en María Luisa Carcedo.

Un adiós que significa también un cambio generacional. Unas despedidas de quienes se eternizaron en la vieja política. Unas llegadas que, en algunos casos, presenciamos con escepticismo.

Javier Fernández, profundo según sus aduladores, conservador dentro del socialismo llariego y estatal. Su ceremonia de los adioses no oculta ni puede ocultar sombras, grandes sombras, frente a algún discurso muy trabajado.

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