El Comercio
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Fecha: junio 10, 2017
A propósito de Juan Goytisolo
Luis Arias Argüelles-Meres 10-06-2017 | 3:29 | 0

Juan Goytisolo, fotografiado en la Biblioteca Nacional dos días antes de recibir el Premio Cervantes de manos de los Reyes en 2015 (abajo). «Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo», leyó en su discurso al recoger el galardón, que cerró con un «digamos bien alto que podemos».

Más allá de los tópicos que se vienen publicando a raíz de la muerte del autor de “Señas de Identidad”, acaso convenga recordar que, por mucho que se apure y se sintetice una necrológica, conviene no dejar en el tintero aspectos que, además de ser relevantes, dan cuenta de lo más genuino de una obra literaria.

Y es que no sólo estamos hablando, como tanto se insiste, de uno de los principales novelistas que en los años sesenta hicieron profundos cambios en las técnicas narrativas, sino que hay otras cuestiones en la obra de Goytisolo  que no tienen menor transcendencia. Y, por otra parte, cuando se habla de su pensamiento  parece no tenerse en cuenta que no es algo monolítico y firme. Pero vayamos por partes.

Por ejemplo, hay un libro suyo, “La Chanca”, que data de 1962, pero que no se publicó en España hasta casi 20 años después, concretamente, hasta 1981. De “La Chanca”, habría que destacar no sólo la deslumbrante belleza de muchas descripciones, sino también la denuncia de la miseria que se sufría en la España de los años sesenta, concretamente, en la provincia de Almería. Goytisolo denuncia y, al mismo tiempo, no renuncia a una voluntad de estilo que recorre este libro de principio a fin. Miseria de un territorio que hoy vive tiempos muy distintos.

Por otra parte, sin que ello suponga menoscabo alguno para la importancia de su talla como literato, hay que decir que, en lo que se refiere al cultivo de las nuevas técnicas narrativas, el escritor que nos ocupa no sólo no fue el único en ponerlas en práctica, sino que acaso haya que plantear que tampoco nos encontramos ante el novelista más importante en cuanto a esas innovaciones tan decisivas en el género. Y habría que añadir a este respecto que la principal aportación de la novela “Señas de Identidad” no radica en esas nuevas técnicas narrativas, sino en la ruptura social y cultural del autor con su entorno catalán, así como con la clase social a la que pertenecía, novela de búsqueda individual y colectiva, que, a su vez, sería susceptible de incorporarse al manido “tema de España” de nuestra literatura contemporánea.

Y, en otro orden de cosas, cabría hablar también del atractivo que para Goytisolo supusieron determinados literatos que cabrían ser insertados en lo que en su momento Menéndez y Pelayo definió como “heterodoxos”.

En este sentido, la “Reivindicación del Conde don Julián” no sólo es una original interpretación del personaje histórico, sino que, entre digresión y digresión, aprovecha para arremeter contra figuras como Unamuno y Ortega, a los que somete a críticas muy severas.

Y, siguiendo con su pasión por la heterodoxia, habría que referirse también a lo que Goytisolo escribió sobre Blanco White(1775-1841), un escritor español que se mostró comprensivo con los movimientos independentistas que empezaban a brotar en lo que entonces se llamaban colonias de Ultramar.

Y, más tarde, el encuentro entre Américo Castro y Goytisolo, cuyo epistolario fue publicado por la editorial Pre- Textos, tiene un enorme interés y demuestra  la admiración que nuestro novelista sintió hacia una de las principales figuras que estudiaron a fondo nuestra historia desde una pasión intelectual que, al mismo tiempo, sobrecoge y deslumbra.

Y, en 2004, se produce el último gran encuentro de Goytisolo con la heterodoxia, al publicar un ensayo sobre Azaña, titulado “El Lucernario” y que tiene como subtítulo “La pasión crítica de Manuel Azaña”, cuyas tesis, a decir verdad, no son originales, pero que, a pesar de ello, se trata de una reivindicación justa y lúcida de la gigantesca talla intelectual de una figura histórica que sigue siendo odiada por el más rancio reaccionarismo español y que, por otro lado, continua siendo, en lo que a su pensamiento se refiere, un desconocido en la España de hoy a resultas de una amnesia fraguada y programada desde antes de la muerte del dictador.

Y, en otro orden de cosas, no hay que perder de vista que Goytisolo fue también un excelente escritor de periódico, que publicó artículos memorables sobre lo que dio en llamar la censura comercial, y que se pronunció con frecuencia sobre el mundo árabe, sin ocultar su pasión por Marruecos, y –todo hay que decirlo- sin analizar con la profundidad que cabría esperar la barbarie de un terrorismo que nos sigue amenazando y conmocionando.

En definitiva, no hay que quedarse, a mi juicio, con el topicazo de un novelista técnicamente innovador, sino con el conjunto de una obra que, por otro lado, tiene sus desequilibrios, pues publicó en los últimos años novelas que nada aportaron.

En todo caso, su pasión por la heterodoxia, la calidad de novelas como “Señas de Identidad”, su faceta polemista como escritor de periódicos, su lucha por la paz y su inconformismo permanente hacen de Goytisolo un escritor imprescindible y con muchas aristas.

Los tópicos en las necrológicas de urgencia son tan inútiles como empobrecedores.

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