El Comercio
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Fecha: junio 17, 2017
Tras la moción de censura
Luis Arias Argüelles-Meres 17-06-2017 | 12:10 | 0

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Irene Montero, desde la indignación, desplegó todos sus argumentos para dejar claro que el PP, salpicado de continuo por casos de corrupción, no debe continuar en el Gobierno. Pablo Iglesias, además de abundar en lo mismo, planteó las líneas básicas de lo que sería su proyecto de país. Además, se percibió claramente una diferencia en el tono. Pasaron de la asamblea o el mitin al discurso parlamentario propiamente dicho.

Y, a la hora de valorar lo que supuso la moción de censura, es obvio que no se trata de considerar que fracasó por el hecho de haber cosechado muchos menos votos a favor que en contra. Lo que hay que preguntarse es si el líder de Podemos se ha ganado mayor confianza entre la ciudadanía.

Por otro lado, el señor Ábalos no solo no defraudó, sino que además sus planteamientos acerca de la Transición facilitaron un debate muy necesario, precisamente en un momento en el que se cumplen cuarenta años de aquellas primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977. No le faltó razón cuando habló de lo que era el afán de aquel momento: la necesidad de reconciliación de aquellas dos Españas de las que había hablado Machado en un memorable poema, poema que, por cierto, citó. Distinta cosa es que, a pesar de aquel afán de reconciliación, sin duda alguna necesario, el sistema político que se vino construyendo haya permitido la desafección política que ahora padecemos, así como un desprestigio creciente de la mal llamada clase política. Y, por otra parte, ni el señor Ábalos –ni ningún líder socialista– puede desconocer que el PSOE permitió y alentó una forma de hacer política que, en determinados episodios, trajo corrupción y enfangó la vida pública. No lo pueden desconocer, pero tampoco es previsible que lo reconozcan.

En otro orden de cosas, cuando tuvo lugar el enfrentamiento dialéctico entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, se confirmó una vez más la falta de entendimiento entre los dos líderes de los partidos que, sobre el papel, encarnan la nueva política, por mucho que compartan la urgencia de regenerar nuestra vida pública. Va en el guion que no se pongan de acuerdo en cuestiones socioeconómicas, pero cabría esperar que hubiese una mayor sintonía frente a la llamada vieja política.

Por último, la intervención del señor Hernando no solo fue inoportuna, sino que contribuyó a agriar y a crispar innecesariamente. Su falta de elegancia solo puede volverse en su contra. ¿Tan difícil es mantener las formas?

Tras la moción de censura, se intuye un mayor entendimiento entre el PSOE y Podemos a la hora de hacer frente al PP, lo que no significa que desparezcan los recelos y los antagonismos entre dos partidos que compiten por los votos del mismo espectro político. Y se pone también de manifiesto que toca hacer propuestas para intentar desbloquear los abismos que hay en lo que se refiere a la vertebración territorial del país.

No fue solo circo. Y tampoco cabria hablar de éxito, pero sí de expectativas.

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