El Comercio
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¿GIRO A LA IZQUIERDA O CEREMONIA DE LOS ADIOSES?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-06-2017 | 14:08

Resultado de imagen de Javier Fernández y Fernando Lastra, el comercio

¡Cuánto daría de sí un análisis perspicaz del lenguaje gestual de Javier Fernández en el último pleno de la Junta! Mientras, hacía su propuesta de «pacto de izquierdas», planteando un número de acuerdos nemotécnico, esto es, siete, faltaban pocas horas para que se hiciese pública la ‘dimisión’ de Belén Fernández y para que uno de sus hombres de máxima confianza pasase del Parlamento al Gobierno, o sea, Fernando Lastra, que se encargará de la consejería a la que le toca gestionar los asuntos medioambientales y las infraestructuras. Seguro que su pulso no temblará.

Atrás se quedó la etapa al frente de la gestora del PSOE. Atrás se quedaron también aquellos años de vino y rosas en los que en la FSA las discrepancias, como mucho, eran anecdóticas. En el momento presente, la militancia socialista asturiana se pronunció mayoritariamente en contra de la candidatura preferida de don Javier. Otro PSOE, pero, sobre todo, otro tiempo.

Y, en esa cuenta atrás nunca reconocida explícitamente, don Javier fue fiel a sí mismo, repitiendo su voluntad de pactar con las fuerzas de la izquierda asturiana, aun a sabiendas de que el entendimiento con Podemos es poco menos que imposible, aun a sabiendas de que, a pesar de la buena voluntad de Llamazares, hay cosas que la coalición de izquierdas no puede apoyar.

Vayamos, telegráficamente, a los siete pactos: presupuestos, fiscalidad, regeneración, área central, demografía, política estatal y la situación en el Ayuntamiento de Gijón. En cuanto al primero, hay una experiencia reciente de fracaso; sobre la fiscalidad, lo acordado con el PP acerca de la rebaja del impuesto de sucesiones hace difícil considerarlo viable. Sobre la llamada área central, habría que ser más ambiciosos, buscando un pacto más amplio, y no perder de vista que tal cosa no podría acarrear el abandono de las restantes comarcas. En el asunto demográfico, el declive es imparable en los últimos años y habría que concretar si existe un proyecto más allá de declaraciones retóricas. ¿Y qué decir en torno a la regeneración de la vida pública? Habría que preguntarse hasta dónde está dispuesto a llegar el presidente en asuntos como las puertas giratorias, las sinecuras, los nombramientos a dedo, y un largo inventario de asuntos que, sin ser ilegales, habría serios reparos que oponer a su supuesta legitimidad.

Que Moriyón sea la regidora de Gijón es algo que no soportan ni la FSA ni el propio don Javier. ¿Pero hay argumentos para demostrar que, en lo social, sería más avanzado e igualitario un equipo de gobierno liderado por el candidato socialista? ¿Estaría dispuesto Fernández a tener la misma generosidad que demostró Taboada en Oviedo, o sea, a que gobernase la izquierda, aunque no fuese el grupo municipal de la lista más votada? O sea, una declaración de intenciones, «sin esperanza, con convencimiento», parafraseando al poeta.

Y, por otro lado, le tocó una crisis en el Gobierno autonómico, con dos consejeros dimitidos.

En medio de todo esto, declaración de intenciones que no puede ocultar una sensación de cuenta atrás con su hartazgo y agotamiento.