El Comercio
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¿Se estrecha el cerco a Villa?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-07-2017 | 04:57

¡Qué abismal está siendo la caída de maese Villa! ¡Cómo impresiona la imagen del otrora ex poderoso sindicalista apoyándose en los suyos camino de los juzgados! Y, en efecto, todo parece indicar que se estrecha el cerco judicial sobre este personaje, al haber rechazado la Fiscalía la solicitud de incapacidad que planteó por la familia de don José Ángel.

A esto hay que añadir que no solo se está investigando la gestión que hizo con los dineros del sindicato, sino también todo lo relacionado con la llamada ‘operación Hulla’, que, por lo que se viene publicando, parece un culebrón que no cesa.

En cuanto a su gestión al frente del SOMA, me permito seguir preguntándome cómo fue posible que, a lo largo de tantos años, nadie en ese sindicato se preguntó qué estaba pasando, nadie le pidió aclaraciones, al menos no constan públicamente.

Es lo de siempre: aquí nadie sabía nada, ni en las instituciones que aprobaron los dineros para la construcción del geriátrico de Felechosa, ni tampoco en el sindicato que en este momento comparece como acusación particular. Y, por supuesto, nadie en su partido sabía ni sospechaba nada.

Y es que, más allá de las condenas unánimes que se vienen dando desde que Villa cayó en horas bajas, hay algo que no debemos soslayar, y es que, con esta escandalera, se pone de manifiesto también lo malparada que sale una época de la vida pública asturiana en la que el mostachudo personaje atesoró un inmenso poder en Asturias, pues no solo tenía un enorme mando en plaza en su partido y en su sindicato, sino que además mantuvo unas excelentes relaciones con los líderes conservadores llariegos y con distintos ámbitos de poder público. Hablamos asimismo de una época que se alargó durante décadas. Una época que, por tanto, queda en entredicho.

En efecto, se estrecha el cerco a Villa, y, con ello, a toda una época en la que este personaje fue objeto de continuas lisonjas, en la que este personaje fue decisivo en Asturias.

¡Qué mal se digiere esto!