El Comercio
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Un respeto a la memoria: En el 20º aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-07-2017 | 23:36

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Cuando se cumplen veinte años del asesinato de Miguel Ángel Blanco, se comprueba, una vez más, no sólo la falta de altura de miras en muchos personajes de nuestra vida pública, sino también la ausencia de empatía con el sentir mayoritario de la ciudadanía. Aquel crimen fue la crónica de una muerte anunciada que los medios de comunicación transmitieron al país en su conjunto. Aquel crimen hizo saltar la indignación colectiva. Aquel crimen generó un rechazo tan contundente y generalizado que obligó a la inmensa mayoría de los responsables políticos de entonces a estar a la altura de las circunstancias. Y, ahora, cuando se cumplen dos décadas de aquel suceso, habría que preguntarse si se está escenificando debidamente el respeto que la memoria exige.

¿Cómo olvidar aquellas declaraciones de Atutxa cuando se refirió a la confianza que despertaba el padre de la víctima sólo con verlo? ¿Cómo olvidar que las calles y las casas se convirtieron aquel día en escenarios de indignación? En efecto, a los asesinos y a la muerte se les miró cara a cara y el país entero así lo manifestó.

Un respeto a la memoria. Aquí no vale la mayor o menor cercanía ideológica de la víctima para considerar que su muerte merece mayor o menor muestras de condolencia. Aquí no vale discurso político alguno. No vale escudarse en ningún Dios y en ninguna patria para justificar una canallada de tal calibre que sacó a las gentes de sus casas y de su prudencia, incluso en el País Vasco. Un respeto a la memoria. Desde luego, no se pueden establecer categorías entre las víctimas del terrorismo. No obstante, es cierto que determinados asesinatos tienen mayor repercusión que otros. En este sentido, solo puede hablarse de atentados que sobrecogieron más cuantitativa y cualitativamente hablando. Y que una sociedad debe estar a la altura de las circunstancias no solo cuando se producen esos hechos, sino también cuando se conmemoran.

Un respeto a la memoria. No vale la amnesia ante determinados crímenes, y menos aún la amnesia ideológica. Algo tan obvio como esto deberían tenerlo presente todos los partidos, sin excepción que valga. Un respeto a la memoria, que es una de nuestras asignaturas pendientes, por ejemplo, con respecto a los horrendos crímenes del franquismo, que se alargaron en el tiempo mucho más allá de la Guerra Civil.

Un respeto a la memoria, en este caso, a la que da cuenta de un acontecimiento que provocó el dolor y la indignación de todo un país.