El Comercio
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Imperturbable Rajoy
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-07-2017 | 02:59

Serenísimo, como si la cosa no fuese con él, de esta guisa compareció Rajoy como testigo en la Audiencia Nacional. Imperturbable don Mariano, que, según declaró, lo suyo no son las finanzas del partido, algo, a lo que se ve, demasiado mundano, de tejas abajo. Lo suyo es la política, la alta política.

Pero lo más llamativo de todo es que se atrevió a afirmar que sus mensajes al ex tesorero del PP carecían de significado. Claro, algo tenía que responderle a su interlocutor, se conoce que fue pura cortesía. Contestaba sin que ello supusiese nada importante. Las palabras, a veces, no valen nada. Hasta podíamos cantarlo como estribillo.

Imperturbable Rajoy. El hecho de que la financiación de su partido esté sometida a un proceso judicial no parece que le desvele a don Mariano. Tampoco le quita el sueño, según podemos colegir, que su ex  tesorero haya hablado de “una contabilidad extracontable”. Nada de eso hay, nada grave sucede, todo en orden.

Cierto es que su partido no es la única formación política cuya financiación ha suscitado actuaciones judiciales y escandaleras mediáticas. ¿Pero puede conformarse con eso para no ruborizarse y no pedir perdón a la sociedad española?

Lo dicho: imperturbable. Lo dicho: no hay que buscar significado a sus palabras, cuando se trata de las que le dirigió a su ex tesorero. Lo dicho: lo suyo es la política. La economía del PP, como otros asuntos mundanos, no fue de su incumbencia.

A decir verdad, hay serenidades aparentes que no suscitan precisamente tranquilidad, sino todo lo contrario. A veces, toca indignarse, o, al menos, aparentarlo, señor Rajoy.

Teniendo en cuenta que Rajoy, al menos desde que Aznar gobernó, siempre fue uno de los principales dirigentes del PP, resulta inadmisible que nunca se haya preocupado por conocer la gestión económica de su partido, que nunca haya pedido explicaciones al respecto, que se desentendiese, al menos teóricamente, de algo tan importante.

Verá, don Mariano, no sólo hablamos de economía, sino también de moral, de moral pública. Un partido político que aspira a gobernar el país, como de hecho está haciendo el PP, no puede tener unos dirigentes que estén totalmente al margen de las finanzas de su formación política. Lo que se predica para la gobernabilidad del país tiene que empezar por aplicarse en la propia casa.

Ustedes, don Mariano, aquel PP liderado por Aznar, que hablaba de la necesidad de regeneración política que tenía aquella España de los últimos años del felipismo, se olvidaron muy pronto de su prédica. De ello, estamos conociendo episodios que así lo demuestran un día sí y al otro también.

¡Cuántas carencias padecemos, don Mariano!