El Comercio
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Máquinas de matar
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-08-2017 | 03:38

Los cuatro principales sospechosos para los Mossos d'Esquadra.

«El club con más socios del mundo es el de los enemigos de los genocidios pasados. Sólo tiene el mismo número de miembros el club de los amigos de los genocidios en curso» (Jean-François Revel).

Por favor, dejemos los tópicos, los mensajes encapsulados, los lugares comunes. Dejémoslos, y, así, nos toca hacer frente a la barbarie cara a cara. A esa barbarie que se sirve de las máquinas de matar que produce, máquinas de matar que parecen haber salido del laboratorio más tenebroso. Máquinas de matar a quienes se les inocula odio.

Y es que, entre los muchos aspectos terroríficos que se manifiestan tras un atentado como el de Barcelona, resulta desolador pensar que acaso, en determinadas circunstancias, no sea más difícil moldear máquinas de terror que forjar ciudadanos cabales y responsables. Máquinas de matar alimentadas por el odio, por el odio hacia el mundo occidental que, con todas sus imperfecciones y miserias, representa la civilización frente a la barbarie.

No se trata solo de asesinar a ciudadanos que en modo alguno se pueden sentir culpables de los grandes males que aquejan a la humanidad, se trata de exterminar a quienes representan un mundo en el que, a pesar de todos los pesares, los derechos y libertades existen y se ejercen. Se trata de asesinar a turistas y viajeros, a personas que recorren los enclaves más atractivos de una ciudad abierta al mundo como es Barcelona y que atesora tanto y tanto. Asesinar a viajeros y turistas, a ciudadanos que pasean y se mueven en sus horas libres. Arremeter contra el ocio y el bienestar, arremeter contra las mejores y más grandes conquistas de la humanidad.

Máquinas de matar que lo hacen utilizando la técnica de esa civilización a la que tanto odian y a la que pretenden exterminar, tal y como explicó muy bien magistralmente André Glucksmann en su libro ‘Dostoievski en Manhattan’.

Barbarie, horror que, como la réplica de un terremoto devastador, tuvo un segundo conato por la noche en Cambrils tras lo ocurrido durante la tarde en Barcelona. Y, por lo que se informa, se preparaban atentados de mayor alcance. ¿Cómo acabar con la fábrica y con los fabricantes de odio? ¿Cómo responder a estos sangrientos episodios más allá de los tópicos?

La civilización se defiende y tiene que defenderse, y en algún momento esa factoría de odio tendrá que darse cuenta de que nunca podrán acabar con un modo de vida que, insisto, con todas sus imperfecciones, es lo mejor que hemos tenido y que tenemos.

Somos, pese a todo, muy vulnerables frente a un terrorismo que no tiene miedo a su propia muerte. Pero también somos, pese a todo, conscientes de que la civilización no sucumbirá ante esta barbarie.

Un paseo por Las Ramblas que acabó en masacre. Una masacre que nos sobrecoge. Nos duele, como diría el poeta, hasta el aliento.