El Comercio
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Preguntas tras el horror
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-08-2017 | 18:00

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«Las grandes ideas llegan al mundo tan suavemente como las palomas. Quizás, entonces, si escuchamos con atención, oiremos, en medio de la conmoción producida por imperios y naciones, un tenue aleteo, al tímido despertar de la vida y la esperanza». (Albert Camus).

Tras el terrorífico atentado de Barcelona, más allá del dolor y del desgarro, más allá del mazazo colectivo del que acaso nunca nos repondremos del todo, viendo las reacciones y valoraciones del circo nuestro de cada día en la vida pública, además de la indignación y del estupor que muchas veces provocan, se suscitan preguntas tan amargas como inevitables.

Platón en su diálogo ‘Protágoras’ sostenía a través de Sócrates que la virtud no es enseñable. Habría mucho que decir al respecto. No obstante, lo que los hechos muestran con crudeza es que no resulta difícil convertir a determinados individuos en máquinas de matar.

Saber conducir una furgoneta y seguir las sanguinarias consignas. No conceder valor alguno a las vidas ajenas y a la propia. Todo ello, tras un adoctrinamiento terroríficamente acelerado.

Y, ante todo y sobre todo, toca preguntarse, ante muchas de las reacciones que se están produciendo, si la mayor parte de los planteamientos que s eesbozan tienen una base sólida.

No solo estamos hablando de una matanza horrorosa, que, según parece, pudo haber sido mucho mayor, estamos hablando también de un discurso que pretende no solo segar vidas, sino también fulminar derechos y libertades. Y, ante ello, es obligado preguntarse hasta dónde puede y llegar la tolerancia a la hora de analizar una situación como ésta.

En efecto, ahí están los viveros del odio, que son muy fácilmente reconocibles: la miseria y la ignorancia, fundamentalmente. En efecto, ahí está una política internacional de los países occidentales con respecto al mundo árabe que es manifiestamente mejorable. En efecto, ahí está la marginación y la desesperación.

Con todo, no sobra preguntarse por las responsabilidades personales de quienes asesinan. Con todo, no está fuera de lugar el recordatorio de que el discurso que hay detrás de esta especie de guerra santa es la negación absoluta de derechos y libertades.

¿Procede, ante esto, ser tolerantes a la hora de valorar la situación?¿no es hora ya de una política europea común ante lo que está sucediendo? ¿No es hora ya de mostrar un verdadero empeño por acabar con la maldita guerra de Siria, que tantas muertes está generando, también en la huida del horror? ¿No es hora ya de dejar bien claro que se acaba la política internacional que pueda favorecer a estados que, según se dice, están financiando el terrorismo?

¿No es hora ya de dejar la consignas, las candideces ñoñas y los tópicos a la hora de pronunciarse ante lo que está ocurriendo?

¿Es de recibo mostrarse comprensivos y dialogantes con discursos que pretenden acabar con los derechos y las libertades que, por otra parte, tanto costó conseguir?