El Comercio
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Ante la sentencia
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-09-2017 | 03:40

Resultado de imagen de Caso Renedo

Aquella mañana de 2011 fue un mazazo encontrarme con la noticia del ingreso en prisión del exconsejero Riopedre, de María Jesús Otero y de la alta funcionaria Marta Renedo, así como de los empresarios de Igrafo y Almacenes Pumarín. Las imágenes no eran menos heladoras que los textos.

En el verano de 2010, José Luis Iglesias Riopedre había dejado la Consejería de Educación, según declaraciones propias, por motivos de salud. También se jubiló entonces la señora Otero.

Pero antes de que Riopedre dejase su cargo, fue inolvidable la batalla que se libró contra el cierre de un colegio rural en Tineo, en los Semellones, alegando que no había alumnos suficientes para mantenerlo abierto. A los niños les tocaba madrugar más para desplazarse a otro centro docente. Aquel Gobierno y aquel consejero decían, para mayor baldón, ser defensores a ultranza de la enseñanza pública. Aquella noticia supuso el mayor mazazo que nos dio la vida pública asturiana, mayor aún que el bochorno que nos produjo el ‘Petromocho’.

Según fue trascendiendo, lo relacionado con Riopedre y con su número dos se conoció a través de escuchas telefónicas que se pusieron en marcha en las investigaciones judiciales a doña Marta Renedo.

De un lado, la implicación de Riopedre y Otero, personajes que parecían ser la sobriedad personificada. De otra parte, la señora Renedo, con sus presuntos manejos que llevaron a que alguien se encontrase, sin saber su origen, con una suma muy abultada de dinero en su cuenta. Lo de Riopedre consistió en operaciones encaminadas supuestamente a favorecer una empresa de su hijo. Lo de doña María Jesús, presuntamente, tuvo que ver con operaciones para sus negocios particulares. Lo de doña Marta, parece ser, se urdió para afrontar unos gastos personales disparatadamente disparados.

En abril de 2016 comienza el juicio. En los interrogatorios, lo más llamativo fue todo lo que salió a relucir en torno a doña María Jesús Otero. Por ejemplo, cómo se fraguó el pago del regalo de cumpleaños a Riopedre, así como las idas y venidas de materiales teóricamente destinados a centros docentes. Tintes dramáticos en las declaraciones del acusado de Almacenes Pumarín. Serenidad pasmosa la de la señora Otero. Parquedad en lo que contestó a su abogado el señor Riopedre. Desparpajo en doña Marta Renedo.

Y ahora, en el inicio del curso académico y político, se hace pública la sentencia. Ahí está el mazazo sufrido por la ciudadanía. Y ahí está también la trayectoria del señor Riopedre: del hábito frailuno, a la filosofía, a Spinoza y Hobbes. De ahí a la política. Y, al final, a este proceso en el que es condenado judicialmente.

¿Queda lugar en Asturias, tras esta sentencia, para la autocrítica y para la asunción de responsabilidades políticas?