El Comercio
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Fecha: septiembre 8, 2017
¿Una España plurinacional?
Luis Arias Argüelles-Meres 08-09-2017 | 6:18 | 0

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“Pocas cosas hay tan significativas del estado actual como oír a vascos y catalanes sostener que son ellos pueblos <<oprimidos>> por el resto de España. La situación privilegiada que gozan es tan evidente que, a primera vista, esa queja hará de parecer grotesca. Pero a quien le interese no tanto juzgar a las gentes como entenderlas, le importa más notar que ese sentimiento es sincero, por muy injustificado que se repute”. (Ortega y Gasset en 1921).

Mientras se libran continuas batallas en el Parlamento catalán entre los partidarios del referéndum independentista y sus detractores, está sobre la mesa la propuesta de Pedro Sánchez que aboga por una España “plurinacional”, propuesta que también está suscitando polémicas y chanzas, incluso por parte de gentes de su propio partido. Y, en el momento en el que el líder del PSOE planteó, “al menos”, la existencia de tres naciones dentro de la madre España, hay quienes se hacen oír reclamando que sus territorios también lo son, como es el caso de Andalucía.

Antes del famoso “café para todos” de Clavero Arévalo, se hablaba de una España descentralizada con tres grandes autonomías: Cataluña, el País Vasco y Galicia. Pero se optó por un Estado autonómico, en el que unos territorios alcanzarían su techo competencial antes.

¿Cómo no recordar las declaraciones que hizo en su momento Tarradellas en las que puso de manifiesto que “Cataluña no podía ser tratada igual que la Mancha”?  Aquello originó una fuerte polémica, porque se consideró que el planteamiento del líder catalán significaba que unos territorios tendrían más derechos que otros. Y no se interpretó que los derechos de la ciudadanía son per se, es decir, que no tendrían que sufrir menoscabo alguno en función de dónde se gestionan la sanidad y la educación, que lo esencial sería que esos servicios públicos fuesen de calidad.

El hecho fue que la cuestión terminológica se resolvió al dividir los territorios en “nacionalidades” y “regiones”, terminología que trajo su polémica, pero que, con mayor o menor reparo, se acabó aceptando.

Podría haberse construido un modelo territorial con tres grandes autonomías. No obstante, se optó, como sabemos, por el modelo actual cuya base teórica podría relacionarse con las tesis que en su momento defendió Ortega y Gasset en su ensayo “La redención de las provincias”.

Pero ahora, a la espera de lo que vaya a suceder a partir del 1 de octubre,  toca reinventar la llamada vertebración territorial. Y hay motivos sobrados para poner en duda que un cambio terminológico que hable de “naciones” en lugar de “nacionalidades” vaya a resolver la situación.

Serán muchos los territorios que se reclamen “nación”, considerando que no merecer tal consideración significaría aceptar una inferioridad de condiciones que no estarían dispuestos a aceptar.

Sin embargo, la cuestión es mucho más profunda, pues, de entrada, habría que tener muy claro qué se entiende por nación. Escuchemos a Renan: “Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente; haber hecho juntos grandes cosas, querer hacer otras más; he aquí las condiciones esenciales para ser un pueblo… En el pasado, una herencia de glorias y remordimientos; en el porvenir, un mismo programa que realizar… La existencia de una nación es un plebiscito cotidiano”.

Escuchemos a Ortega y Gasset: “Repudiemos toda interpretación estática de la convivencia nacional y sepamos entenderla dinámicamente. Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”.

Pregunta retórica: ¿Están nuestros políticos a la altura de plantear un proyecto de Estado en el que haya sitio para esos anhelos de nación que se respiran en determinados territorios de España? Desde luego, los conceptos que al respecto desliza Pedro Sánchez son, buenas intenciones aparte, simplistas y ñoños.

¿Alguien defiende un proyecto de Estado en el que no se paguen más o menos impuestos en función del territorio donde se vive, en el que, por el desempeño del mismo trabajo, se perciban sueldos diferentes? ¿No habría que discutir y pactar esto?

La idea de nación puede ser aplicada a más territorios de los que propugna Pedro Sánchez, entre ellos, por supuesto a Asturias, sin que esto signifique que, en nuestro caso, haya una voluntad secesionista. Urge resolver el problema territorial, y la agenda de la vida pública así lo marca.

El problema, como ya escribí, no es que haya unos políticos en Cataluña más o menos desnortados, sino que el independentismo fue creciendo en los últimos años en la ciudadanía de este territorio, y eso, desde una óptica democrática, no se puede soslayar.

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