El Comercio
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¿Había que llegar a esto?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-09-2017 | 06:27

La noticia de la detención de 12 cargos de la Generalitat por parte de la Guardia Civil, aparte de la extrema gravedad que ello supone, da cuenta de que hemos llegado a una situación que se antoja casi imposible de reconducir. Dejando de lado las cuestiones legales que han llevado a esto, estamos viviendo un momento histórico de un dramatismo tremendo en lo que se refiere a la situación política del país.

Por favor, no nos confundamos. Lo esencial aquí no es desmontar los argumentos de los políticos de turno, tanto del independentismo como de los más ortodoxos defensores de la unidad patria. Para ambas cosas no hace falta demasiado ingenio. Aquí lo que está en juego es que hay una ciudadanía, la catalana, que cada vez está más por la labor de independizarse de España. Y, para resolver el problema, no basta con que se tomen medidas amparadas en el cumplimiento de la ley.

Sería muy sencillo hacer un pequeño recorrido en el tiempo que plasmase el continuo incremento del independentismo entre la ciudadanía catalana. Y, por otro lado, no deja de ser cierto que esto está siendo aprovechado por quienes buscan su huida hacia adelante intentando tapar sus miserias y corruptelas. Pero, insisto, el busilis no está en una trifulca entre políticos, sino en el sentimiento de una ciudadanía que cada vez se decanta más por el independentismo. Y esto –perdón por la perogrullada– no se puede ignorar y cada vez es más difícil de revertir.

Por otra parte, resulta desolador que una situación como ésta se produzca en un momento en el que la vida pública, a ambos lados del Ebro, está marcada por la mediocridad más ramplona.

Victimismo de unos que, como se dice ahora, rentabilizan políticamente. Inmovilismo de otros que, como viene siendo público y notorio, no tienen a bien hacer pedagogía política dirigiéndose a la sociedad catalana. No basta con aplicar la ley desde Madrid si se pretende evitar el creciente desapego. No vale soslayar ahora que se fomentó el anti-catalanismo buscando obtener con ellos más votos en el resto de España.

Desde luego, las patrañas de uno y otro lado resultan intragables. Desde luego, no se es más de izquierdas por reclamarse más nacionalistas. Desde luego, el llamado derecho a decidir no debe ceñirse en exclusiva a los territorios, sino a otras muchas cosas que marcan nuestro día a día.

Desde luego, el haber mirado hacia otro sitio sin haberse tomado la molestia de poner sobre la mesa argumentos convincentes facilitó y está facilitando la tarea de los independentistas.

Desde luego, pase lo que pase, lo más terrible es que todo esto ya llegó demasiado lejos.

Desde luego, pase lo que pase, cuando llegue el 2’ de octubre el panorama estará muy lejos de verse despejado.