El Comercio
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¿Estadistas?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-09-2017 | 04:01

Al final del artículo de opinión más influyente de la historia de España, Ortega hacía una invocación a reconstruir el Estado, o sea, a reinventar España. ¿Cómo no recordar el dramático llamamiento del filósofo en la encrucijada que estamos viviendo? ¿Cómo podemos evitar la desolación ante la ausencia de verdaderos estadistas en nuestra vida pública? Por un lado, tenemos la deriva de un independentismo que no ceja en su empeño de celebrar un referéndum que no podría cumplir las más elementales garantías democráticas. Frente a ello, está un Gobierno central que lo deja todo en manos del ámbito judicial y policial, sin espacio para la política. ¿De verdad alguien puede creerse que el problema catalán es un asunto de orden público, solo de orden público?

¿Tan difícil es percatarse del cúmulo de despropósitos y torpezas que hizo que el independentismo aumentase exponencialmente en Cataluña en los últimos años? ¿Tan difícil es caer en la cuenta del escapismo del discurso nacionalista, cerrado a cal y canto a negociar con el Gobierno y los partidos estatales los cambios necesarios para habilitar un marco político que permita salir de la actual situación?

¿No tendría que haberse acordado ya una propuesta conjunta por parte de los partidos estatales para buscar acuerdos con las formaciones políticas catalanas?

¿Cabe albergar la esperanza de que, tras el uno de octubre, la situación se desbloquee? Aún así, en el caso de que llegue a buen término la más favorable de las hipótesis, siempre habrá que lamentar que se haya tenido que llegar a una situación límite para que se entablen unas negociaciones que pongan fin a una situación de bloqueo que se pudo haber evitado.

Lo cierto que, hasta el momento, ni en la política española, ni tampoco entre las formaciones políticas nacionalistas, se percibe la presencia de dirigentes con visión de Estado. ¿Se merece el pueblo catalán estar sometido a estas prisas y a estos desafíos a resultas de la efervescencia de sus dirigentes políticos? ¿Se merece el pueblo español un Gobierno que en momento alguno haya optado por ejercer mínimamente una pedagogía política que plantease a la ciudadanía catalana opciones y argumentos para que el independentismo dejase de incrementarse de la forma en que lo vino haciendo en los últimos años?

Por desgracia, en lo que se refiere a la mal llamada clase política, no hay hecho diferencial entre la política española y catalana. Por desgracia, les aquejan los mismos males, entre ellos, la alarmante mediocridad que exhiben cada día. Por desgracia, para manejar una situación como ésta, se necesitarían dirigentes con talla y hechuras de estadistas.

Cuando, a finales de 1930, Ortega hizo su invocación a reconstruir el Estado, sí había gentes con esas hechuras fuera de lo que el filósofo llamaba la España oficial. Pero  me temo que ahora habría que buscar como Diógenes a gentes con visión de Estado capaces de superar la situación. Y dudo mucho que la búsqueda resultase exitosa.

Hacen falta estadistas en un país en el que no se quiere aprender del pasado, como en su momento advirtió Azaña. Y, a resultas de ese desconocimiento, toca reinventarse una vez más, pero esta vez sin guionistas ni actores que inviten a la esperanza.

La cita con la historia y con la responsabilidad llama a la puerta, será, insoslayablemente, el 2 de octubre.