El Comercio
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Fecha: octubre 7, 2017
Ante la musa del escarmiento
Luis Arias Argüelles-Meres 07-10-2017 | 4:49 | 0

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“A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre”. (Pio Baroja).

Sí, hablo de la musa del escarmiento, la misma que invocó Azaña en uno de sus discursos más sobrecogedores cuando imploraba la paz, la piedad y el perdón. Sí, hablo de esa musa que, en términos históricos, no parece servir de mucho ante el conflicto que se vive en Cataluña. Por ello, ante la incapacidad manifiesta de extraer lecciones de la historia, sólo cabe apelar al escarmiento más reciente, a los tensos momentos que se vivieron el uno de octubre. Escarmiento que debería servirles a los unos y a los otros para percatarse de que el problema en Cataluña no podrá ser resuelto con medidas de orden público y que, sin el diálogo, vamos camino de una encrucijada aún mayor.

Estamos asistiendo a la fractura de una sociedad, a la ruptura de un pacto político que fue operativo durante décadas. Al tiempo que esto sucede, nos vamos acercando peligrosamente a una situación en la que las banderías den paso al odio y a las peleas más pueblerinas. Ese flamear de unas y otras banderas, esos topicazos de los unos contra de los otros. Ese juego tan arriesgado que consiste en valerse de los sentimientos de las personas, sentimientos atávicos y tribales que nos retrotraen a anacronismos funestos.

Tenemos, de un lado, el histerismo de los dirigentes independentistas que están situados en plena “posverdad” en el momento mismo en que el Presidente de la Generalitat se atreve a manifestar que los resultados del referéndum del 1-O son válidos y vinculantes. Frente a ellos, contamos con un Rajoy que sólo supo responder con medidas de orden público y que no tuvo a bien dirigirse a la sociedad catalana con una propuesta mínimamente persuasiva y que, desde hace años, con su torpeza, está colaborando continuamente en que el independentismo catalán se incremente sin cesar. Y, en medio de todos ellos, están los ingenuos que hablan de un federalismo, que no siempre parecen conocer muy bien, como la solución perfecta. A estos últimos, les sugiero un tránsito por la historia para que comprueben que las cosas no son tan simples.

Y, por otra parte, la alocución del Jefe del Estado, en la que no apeló al diálogo, puede que haya servido para acallar los planteamientos que hablaban de su ausencia del conflicto, pero tampoco despeja ningún camino.

Seguramente, esto no haya hecho más que empezar. Seguramente, asistiremos a la declaración de independencia por parte de las instituciones catalanas. Seguramente, habrá más movilizaciones. Y no se vislumbra es escenario alguno de negociación, que calme el histerismo de los dirigentes catalanes y que lleve a las autoridades estatales a otras medidas distintas a las que pusieron hasta ahora en práctica.

¿Hace falta una inteligencia privilegiada para ser conscientes de que el incesante incremento del independentismo en Cataluña no se resuelve sólo con medidas de orden público y con apelaciones a la ley y el orden? ¿Hace falta insistir en el clamor de que lo que toca es la política? ¿Hace falta recordar que aquí se abrió la caja de Pandora irresponsablemente y que  tal cosa les puso las cosas muy fáciles a unos dirigentes independentistas que, en conjunto, no son menos mediocres que los políticos estatales?

Llega la hora de la Política con mayúsculas. Lo peor de todo es que necesitaríamos unos políticos que estuviesen muy por encima de la mediocridad que predomina en este momento.

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