El Comercio
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DE FALACIAS Y CENIZAS
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-10-2017 | 08:43

«Y el ser viviente sufra el infierno de estar vivo en medio del fuego inicial sin espacio respirable, ése que cuando estaba arriba en su inmediato cielo era lo que ante todo y sin pena alguna se le daba: su morada». (María Zambrano).

El lunes 16 de octubre podría llegar a ser definido, en Asturias y en Galicia, como el día en el que el amanecer se resistió tanto y tanto a manifestarse. La víspera estuvo marcada por los prolegómenos anunciados: la respuesta de Puigdemont al requerimiento del Gobierno de Rajoy.

Víspera de falacias, cuando el Presidente catalán, en un alarde de ceremonial de la confusión, dijo torticeramente que Companys había sido víctima en su momento de la legalidad establecida, cuando en realidad aconteció todo lo contrario: fue el bando de los sublevados contra el Estado Republicano quien decidió dar muerte al expresidente de la Generalitat. Desde luego, no son comparables aquella República y el actual Estado, pero no resulta admisible el planteamiento del dirigente catalán 24 horas antes de su respuesta a Rajoy.

Víspera de falacias y día de fuego y cenizas en Asturias. Sobrecogedor resultó el olor a humo y las partículas grises cubriendo los coches. Desolador fue un amanecer en el que los pájaros no cantaron, en el que la noche no podía irse a resultas de unos incendios horrendos.

La Asturias del suroccidente, esa geografía del abandono a la que me vengo refiriendo desde hace años en mis artículos, está siendo arrasada por el fuego. Colegios cerrados, pueblos cercados, bosques ardiendo. La Asturias del suroccidente en situación similar a la que vienen sufriendo Portugal y Galicia. El fuego es invasor y se cobra víctimas fáciles como son los territorios en los que cada vez es menor la presencia humana.

¿Cómo no recordar cuando ardió el Valledor? ¿Cómo no tener presente que la despoblación creciente convierte el terreno en yesca tan pronto el fuego se le acerca?

Porque, aquí, tenemos dos grandes problemas. Primero, los desaprensivos que parecen gozar quemando lo que es de todos. Segundo, la despoblación creciente que convierte en matorral terrenos fértiles y hasta paradisíacos. Contra los primeros, sólo cabe que la ley se encargue de ellos, una vez mostrada su culpabilidad. Contra lo segundo, resulta desesperante que se hable de políticas contra el declive demográfico, cuando la realidad demuestra que la despoblación no sólo no se detiene, sino que además aumenta cada año. Cuando la realidad demuestra que la madre de todas las reconversiones sigue pendiente en Asturias, esto es, la reconversión de la mal llamada clase política.

Falacias de Pugdemont en la víspera de un día en el que la congoja se adueñó de Asturias: las cenizas llegaron a las localidades más pobladas y céntricas de nuestra tierra. Se diría que eso fue un SOS desesperado y desesperante del suroccidente asturiano, porque, en día como hoy, podría aplicarse el tópico de que el 16 de octubre todos somos esa geografía del abandono, esa agonía lenta y cruel de una Asturias despoblada a resultas, entre otras cosas, de determinadas políticas que, desde hace décadas, no hicieron más que incidir en un aislamiento suicida de determinadas comarcas.

Estamos asistiendo no sólo al circo de una política demencial y falaz, sino que además hoy nos tocó presenciar escenas de un futuro devastado.