El Comercio
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Grotesca vida pública
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-10-2017 | 07:45

Resultado de imagen de Hermógenes Fernández Villa, el comercio

Ese rostro airado de don Hermógenes Fernández Villa, amenazando a un fotógrafo de EL COMERCIO, representa, además de otras cosas, lo grotesca que puede llegar a ser nuestra vida pública. Se entiende que a este versallesco ciudadano le incomodase tener que acudir como testigo ante la juez que investiga el origen de la fortuna de su hermano. Estaba en su perfecto derecho de no querer hacer declaraciones a la prensa, es obvio. Pero no es admisible bajo ningún concepto esa actuación tan fuera de lugar.

Alguien dijo que, de entre todas las enfermedades de transmisión sexual, la verdaderamente incurable es la familia. Por eso, nadie está libre de tener familiares impresentables. Distinta cosa es que, tratándose del asunto que aquí nos trae, la sociedad tenga que tragarse lances como el protagonizado por don Hermógenes.

¡Ay, la familia! O sea, que también nos toca sufrir a los familiares de determinados personajes de la vida pública. En algunos casos, por el nepotismo de ciertos mandamases. En otros, por los comportamientos que observan. De verdad, esto no es justo.

No sólo tenemos que padecer las consecuencias, morales y materiales, de todas las corruptelas que en Asturias vienen siendo en los últimos años, sino que además, a todas esas grandes alegrías, se suman espectáculos tan grotescos como el que tuvo lugar el 23 de octubre a las puertas de la Audiencia Provincial. La ciudadanía nada malo les ha hecho. Nada les debemos. Pero nos cae la desgracia de tener que soportarlos.

Así las cosas, nos toca pagar y nos toca como propina tener noticia de episodios que no sólo reflejan la picaresca de la vida pública, sino también la chabacanería a la que se ha llegado.

La imagen de la que venimos hablando, la de este honorable señor con su amenaza, con su ira, se suma a la larga serie de episodios desmoralizadores y de brocha gorda que vienen sucediendo en Asturias en los últimos tiempos.

Al final, lo único que sabemos es que otro familiar del otrora poderoso sindicalista y político, que también acudió a declarar, doña Asunción Fernández Villa, desmiente a don José Ángel, pues, según ella, cada hermano heredó 30.000 euros, cifra sensiblemente inferior a la que señaló el antiguo líder del SOMA.

O sea, que tenemos motivos para la indignación y para el bochorno, por mucho que nos pueda resultar hilarante el circo que se nos brinda.