El Comercio
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Fecha: noviembre, 2017
La campaña electoral catalana
Luis Arias Argüelles-Meres 21-11-2017 | 4:17 | 0

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Podría decirse que ya estamos en vísperas del comienzo de la campaña electoral en Cataluña, de unos comicios autonómicos que surgen a partir de la aplicación del famoso artículo 155, que cuentan con un ex presidente de la Generalitat de Cataluña fugado en Bruselas, que cuentan también con varios exconsejeros en prisión y que, en fin, habría que añadir a todo ello las declaraciones de la señora Rovira, auténticamente explosivas, una declaraciones que se hacen sin aportar datos que muestren credibilidad.

Serán, así las cosas, las elecciones del artículo 155 y también las elecciones de la ‘posverdad’. Se puede dar por hecho que, a medida que el tiempo avance, según nos vayamos acercando al 21 de diciembre, seguirá habiendo petardazos declarativos, y habrá que ver si los candidatos que ahora están fugados o en prisión terminen por incorporarse a la campaña habiendo dejado atrás la situación actual. Todo se andará.

Y, por si todo esto fuera poco, las encuestas que vamos conociendo tampoco aclaran demasiado las cosas. No hay que descartar que vuelva a producirse una mayoría parlamentaria independentista, aunque, aun en ese caso, estaría por ver si llegan a un acuerdo todas las fuerzas políticas soberanistas. Tampoco hay que excluir la posibilidad de que, al final, se configure un Parlamento que, por falta de acuerdos en cualquiera de los frentes, haga ingobernable Cataluña y haya que repetir las elecciones. Y, en ese supuesto, el esperpento continuará.

Se puede asegurar que quienes condujeron a la actual situación no están dispuestos a hacer autocrítica. Me refiero, sobre todo, a los partidos soberanistas, pero también a Mariano Rajoy en el sentido de que el exponencial crecimiento del independentismo en Cataluña se debe, en parte, a no haberse tomado la molestia de combatir los argumentos de los partidarios de la secesión, o, al menos de haberlo intentado.

Y, por otra parte, habrá que ver cómo afrontan los independentistas su fracaso en política internacional, su DUI virtual, efímera y simbólica y su sentido de la realidad. ¿Con qué discurso se dirigirán a quienes confiaron en ellos, a quienes creyeron que su proyecto saldría adelante y sería apoyado internacionalmente?

Más que épica, lo que hay es comedia bufa. Y –lo que es aún peor– ni en las previsiones más pesimistas se podía prever que Cataluña y España, que España y Cataluña tuvieran que llegar a vivir una situación tan bochornosa que, me temo, está lejos de terminar.

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Para después de un debate
Luis Arias Argüelles-Meres 18-11-2017 | 10:55 | 0

Acaso hayamos asistido al Debate de Orientación Política más atípico de los últimos años. Primero, con un presidente del Gobierno cuya despedida ya está anunciada. Segundo, con un nuevo secretario de la FSA que, aunque presente en la sesión, y siguiendo lo esperado, hizo de convidado de piedra. El cambio generacional que representa en la FSA el ex alcalde de Laviana supone, entre otras cosas, aparcar para la nueva legislatura un programa político que, al menos sobre el papel, será sustancialmente distinto al que intenta seguir Javier Fernández. Tercero, desde el primer momento, dio la impresión de que por parte del actual presidente hay un intento, al menos retórico, de desandar el camino e intentar de nuevo un pacto entre las tres formaciones de izquierdas que suman en la Junta una mayoría abrumadora que probablemente no se repetirá en lo sucesivo.

Mientras esto sucede, se pone claramente de manifiesto la desconfianza de Podemos e IU con respecto a los planteamientos de Javier Fernández. Desconfianza que, en el caso de la formación morada, no es ninguna novedad, pues desde el comienzo mismo de la legislatura se vio una falta de entendimiento total con la FSA; pero, en el caso de IU, podría decirse que esta desconfianza se vino forjando desde entonces, pues, según manifestó el propio Llamazares, el llamado pacto de investidura no fue cumplido por el Gobierno de Javier Fernández.

Aún así, al menos en materia presupuestaria, son posibles una serie de pactos que hasta ahora no se habían alcanzado, si bien, por parte del grupo parlamentario que apoya al Gobierno, está claro que ponen muchas reservas a la gratuidad de las escuela de 0 a 3 años, y que discrepan aún más con las propuestas del partido morado en materia sanitaria.

Por otro lado, el PP solo contó con el apoyo de Ciudadanos en su propuesta de rechazo a la oficialidad del asturiano.

Dos grandes soledades, la de un Gobierno que se va y la de un PP que ni siquiera tiene el apoyo de Foro Asturias en una de sus propuestas más rotundas en este debate.

No habrá oficialidad del asturiano mientras gobierne Javier Fernández, pero, ante la nueva ejecutiva de la FSA, también se descarta que el PP y el PSOE repitan su pacto presupuestario.

Lo que pudo haber sido y no fue, la imposibilidad de un gran pacto entre los partidos de izquierda, una atmósfera de ritual de despedidas.

A todo ello hay que sumar la incertidumbre en torno a modelos de financiación autonómica que se están pergeñando fuera de aquí.

Para después de un debate. Asignaturas pendientes que pasan su trámite de examen, sin esperanza y sin convencimiento.

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¡QUE CEDAN ELLOS!
Luis Arias Argüelles-Meres 15-11-2017 | 6:53 | 0

Un aire frío que cortaba; un cielo luminoso que, sin embargo, no servía para crear un ambiente cálido. A la puerta de la Junta, protestas de los bomberos contra el partido gobernante. Intramuros, todo en orden, para escuchar el discurso de un presidente que, sobre todo en el tono de su perorata, parecía estar ya con un pie en el estribo.

Desde ese planteamiento, advirtió al resto de los grupos parlamentarios que se acababa el tiempo para alcanzar acuerdos. Tal mensaje iba sobre todo dirigido a los partidos de izquierdas. Tras haber pactado con el PP los presupuestos en el ejercicio anterior, invocó a Podemos y a IU a que esta vez el acuerdo fuese entre ellos. Ahora bien, no parecía muy dispuesto a ceder en lo que a su programa electoral se refiere. Se diría que les tocaba a los otros renunciar, si bien se mostró dispuesto a aceptar una de las propuestas de Podemos referida a la puesta en marcha de una Unidad Anticorrupción. Veremos.

Desde luego, las invocaciones a la consecución de acuerdos fueron continuas. También es cierto que, aun con autocomplacencias en la letra que no compaginaron mucho con el tono, no eludió enumerar los problemas más graves de Asturias, entre ellos, el declive demográfico. A este respecto, habló de las propuestas de su Gobierno, que, esperemos, tengan utilidad, porque lo cierto es que hasta ahora la despoblación sigue aumentando y cada vez son menos los alumnos que se matriculan en los centros docentes.

Sin necesidad de que lo reconozca, lo cierto es que, año tras año, perdemos población. Pues bien, si en el año y medio largo que le queda al frente del Gobierno lograse paralizar el referido declive, podría darse por satisfecho. Desde luego, fácil no lo tiene.

También se refirió a la necesidad de estructurar el área metropolitana, algo que está en la mente de todo el mundo, pero que ahí sigue como asignatura pendiente. Para ello, no solo habría que contar con el apoyo mayoritario del Parlamento autonómico, sino también con los ayuntamientos implicados. Y esto debería llevarse a cabo sin menoscabo de las alas. El equilibrio al respecto no está nada fácil.

Por otro lado, me parece muy optimista considerar que es historia el aislamiento de Asturias en lo que se refiere a las infraestructuras, del mismo modo que se echó de menos que fuese un poco más autocrítico en materia de políticas medioambientales, teniendo en cuenta no solo las alarmas por contaminación, sino también que, al mismo tiempo, se pretende promocionar Asturias como el Paraíso Natural del que tanto se viene hablando durante décadas.

Y, en fin, Javier Fernández, ya con un pie en el estribo, se quiere ir de la política pactando con la izquierda, con una izquierda que desconfía de su discurso. No tuvo a bien reconocer que pudo formar Gobierno gracias a IU, ni tampoco se tomó la molestia de admitir la incoherencia que supuso haber pactado con el PP los presupuestos.

Por último, una mera cuestión de cómputo. Al asturiano le dedicó unas pocas palabras, a la autocrítica, diría que ninguna, mientras que con la cuestión catalana se explayó a gusto.

Pues eso, ¡que cedan ellos!

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EL LARGO CAMINO DE LA OFICIALIDÁ DEL ASTURIANO
Luis Arias Argüelles-Meres 14-11-2017 | 3:54 | 0

La oficialidad del asturiano vuelve a demandarse en el Día de Les Lletres

Si no recuerdo mal, fue en 2008 cuando se planteó la oportunidad de modificar el Estatuto de Autonomía de Asturias, planteamiento que no fue más allá de una mera declaración de intenciones, pues la referida reforma no llegó a hacerse. No obstante, en las primeras reuniones de aquella tentativa, se acordó que el asturiano fuese considerado «patrimonio lingüístico». Como se ve, la originalidad de tal aserto es deslumbrante.

Pues bien, en pleno ecuador de lo que será la última legislatura de Javier Fernández al frente del Gobierno llariego, la nueva Ejecutiva que salió de la FSA se marca como objetivo que la ‘oficialidá’ del asturiano llegue a tener carta de naturaleza. Entre otras cosas, está muy claro que tal cosa no ocurrirá durante el mandato del actual presidente del Ejecutivo autonómico, que nunca estuvo a favor de la ‘oficialidá’. Y, más allá de cualquier otra consideración, el cambio que esto supone en el discurso de la FSA da muestras del final de un ciclo político, que se remonta a los inicios de nuestra autonomía, pues, como bien se sabe, el PSOE viene siendo el partido hegemónico en Asturias. Y, según las últimas noticias que vamos conociendo, esa oficialidá tendrá un largo camino antes de que llegue a ser aprobada.

Ciertamente, a estas alturas, lo único que no hay al respecto es prisa, y sería muy deseable que ello no suscitase agrias polémicas y que fuese el resultado del mayor acuerdo posible. Tengo escrito en muchas ocasiones que, con respecto al asturiano, sobran prejuicios. No hay ningún motivo para considerar inapropiado que tenga carácter oficial una lengua que está tan cerca del latín y que su uso se encuentra tan cercano a nosotros en el tiempo. Y, desde luego, la mejor manera de evitar su desaparición es la ‘oficialidá’.

Sobran prejuicios, digo. Quienes argumentan que el asturiano académico no existe, tendrían que preguntarse antes cómo es posible que se hayan escrito novelas, relatos, poemas y obras teatrales, parte de ellas de gran calidad literaria, en un idioma inexistente. Ante quienes aducen la variedad del asturiano, hasta en los libros de texto de la ESO y Bachillerato, se habla de las diferencias diatópicas que se producen en cualquier idioma.

Ante quienes arguyen que es mucho más práctico aprender inglés que asturiano, convendría que reparasen en el hecho de que en las comunidades autónomas en las que existe cooficialidad, los alumnos no tienen un nivel inferior en su manejo de cualquier lengua moderna por el hecho de estudiar también su lengua autóctona. Los datos están ahí.

Ante quienes ponen el grito en el cielo advirtiendo de los enormes costes que provocaría la ‘oficialidá’, estaría bien que echasen un vistazo a los territorios con dos lenguas oficiales, comprobando que en ninguno de ellos la cuestión lingüística causa bancarrota en sus cuentas.

Prejuicios aparte, dado que el camino será largo, sería deseable que, en lo posible, se evitasen las polémicas enconadas, sin perder de vista que la ‘oficialidá’ del asturiano no tiene por qué seguir al pie de la letra lo que está legislado en otras comunidades autónomas. Se trataría de buscar el acuerdo internamente.

Y, como punto de partida, desde mi punto de vista, habría que dejar muy claro desde el principio que el castellano es tan nuestro como el asturiano, es decir, no se trata de confrontaciones, sino de sumas.

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¿INDEPENDENTISMO DE FICCIÓN?
Luis Arias Argüelles-Meres 07-11-2017 | 10:53 | 0

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Vicente Verdú, en el ensayo que tiene por título ‘El estilo del mundo’ (‘La vida en el capitalismo de ficción’), plantea que el capitalismo, desde la caída de la antigua Unión Soviética, aspira, sobre todo, a fabricar realidad, una realidad que sirva para el entretenimiento, que no está marcada en modo alguno por el rigor ni por la veracidad. Y lo cierto es que esta tesis podría extrapolarse, sin demasiado esfuerzo, al independentismo catalán. No sería en modo alguno inapropiado hablar de un independentismo de ficción, ficción en la que muchas personas han creído y siguen creyendo.

Se viene hablando del «relato independentista». ¿Relato? Si aceptamos el término, habría que añadir que tiene un componente muy fuerte de mito y de leyenda. Un territorio sofocado por un Estado asfixiante y que además se muestra intolerante con su lengua, con sus tradiciones, con su identidad. Como guinda, un Estado que es injusto a la hora de hacer balances económicos. Esto en el presente. Y, en cuanto al pasado, tienen referentes a la hora de hacer comparaciones, sobre todo la figura de Companys.

Todo parecía ir en serio, especialmente en el Gobierno de la Generalitat y en el Parlament. Todo desembocó en esa DUI tan rocambolesca que, al final, no la proclamó el Ejecutivo presidido por Puigdemont, sino el Parlament en una votación supuestamente secreta.

¿Y la realidad? Más allá de la aplicación del famoso artículo 155 de la Carta Magna, que suspendió al Gobierno de la Generalitat y que convocó elecciones, más allá de la fuga del señor Puigdemont a Bruselas, más allá de los encarcelamientos de Junqueras y otros consejeros, encarcelamientos que favorecen el llamado relato independentista, ¿qué se espera que acontezca a partir de las elecciones de diciembre?

Desde luego, el llamado relato independentista no llegó, ni mucho menos, a su fin. Desde luego, todo parece indicar que se trata de un relato sin desenlace, en el mejor de los casos, con un final abierto, que, antes de que concluya, se parece mucho más a un culebrón.

Desde luego, el nacionalismo catalán, históricamente hablando, tuvo sus héroes y su épica, pero aquello no era ficción, no era relato, sino tragedia. Y ya se sabe lo que puede pasar con la tragedia en el caso de que la historia se vuelva a repetir: más bien, una comedia bufa o un culebrón.

Puigdemont en Bruselas, probablemente candidato de su partido para presidir el Gobierno de la Generalitat. Exconsejeros en prisión, no sabemos durante cuánto tiempo. Clamores independentistas en las calles de Cataluña. Todo ello alentado por un independentismo de ficción que se viene fabricando desde hace décadas.

El ‘relato’ continuará. Servirá para que se hable menos de corrupción generalizada en toda la piel de toro. Servirá para fabricar héroes y villanos, que se intercambian sus papeles a ambos lados del Ebro. El ‘relato’ continuará, la comedia bufa también, usurpación de mitos, apropiación indebida de admirables personajes históricos. Para ellos, la historia y la realidad política no van en serio, pues forman parte de la ‘posverdad’.

¿Habrán leído a Gil de Biedma? ¡Ay!

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