El Comercio
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A propósito de la obra última de Manuel Neila Lumeras
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-11-2017 | 14:24

Una prosa aguda que excluye la estridencia. Una obra poética de largo recorrido desde que García Martín lo incluyó en la antología “Las voces y los ecos”, en 1980, hasta “El Camino original”, que recoge poemas desde 1980 hasta 2012, publicada por la editorial Renacimiento en 1914. Un cultivador reincidente del género aforístico que, además, oficia como editor de este género. A todo esto hay que añadir su faceta como traductor. Y, en fin, estuvo al frente de ediciones críticas de obras de Montaigne, Machado y de José García Vela, hermano de Fernando Vela, el ovetense que fue el alma de la “Revista de Occidente”.

Manuel Neila Lumeras, aunque extremeño de nacimiento, está muy vinculado a Asturias, pues pasó su infancia en el Entrego y Sotrondio y estudió Magisterio y Filología en la Universidad de Oviedo.

A propósito de su vinculación a Asturias, acaba de estar en nuestra tierra presentando sus últimos libros, “Bajo el signo de Atenea”, “Cristóbal Serra en su laberinto” y “La levedad y la gracia”. El primero de estos volúmenes es una selección de aforismos de diez autoras contemporáneas. En cuanto al segundo título, en él se pueden encontrar una serie de cartas que el autor mallorquín remitió a Neila. Cristobal Serra, fallecido en septiembre de 2012, fue un claro ejemplo de lo que se entiende por “escritor de culto”, con pocos lectores, pero admirado por críticos de la categoría de Rafael Conte y por literatos como Octavio Paz. Por su lado, “La levedad y la gracia” puede ser considerado como una especie de manual del género aforístico en el que tienen cabida los grandes maestros contemporáneos del género en lengua española.

Entre los últimos libros publicados por Manuel Neila, es obligado ocuparse  de “Clima de Riesgo” donde se dan cita los viajes, las lecturas, la crisis que en el año 2012 alcanzó una crudeza extrema, los recordatorios a la huelga minera de Asturias del 62, vivida por el autor cuando contaba con doce años de edad. Y, sobre todo, habría que destacar las reflexiones sobre las falacias que van en detrimento de los derechos y libertades. Se trata de un texto ensayístico, que sintetiza en pocas líneas, magistralmente escritas, unos planteamientos para los que otros utilizarían varios párrafos, por lo común, farragosos.

Como el punteo de guitarra, que estremece, como el verso logrado que asombra, como la sentencia moral, que no moralina de refranero, que da en el clavo, buscando la complicidad del lector inteligente. Continuos destellos que nos despiertan señalando claves para entender nuestro mundo y nuestro tiempo, escritos con una envidiable y lograda voluntad de estilo.

Por eso me atrevería a decir que “Clima de Riesgo” es una de las obras cumbres de Neila.