El Comercio
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Fecha: diciembre, 2017
¿LA REFORMA CONSTITUCIONAL COMO PUENTE?
Luis Arias Argüelles-Meres 16-12-2017 | 7:47 | 0

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«Es urgente respetar el principio básico de la igualdad ante la ley en materia territorial»

Me sorprende que no se haya reparado en la metáfora que supone que los fastos constitucionales vayan asociados a un puente, toda vez que dos días después del día de la Carta Magna se rinde culto a la Inmaculada Concepción. La coincidencia, teniendo en cuenta el fervor mariano de España, es innegablemente llamativa, pues se une una efeméride cívica a una festividad religiosa. Esto, a Ganivet, no le hubiese pasado desapercibido.

Parece indiscutible que hay que reformar la Carta Magna y adaptarla al momento presente, corrigiendo y actualizando muchas cosas, que eviten, además de los desgarros y rupturas en el ámbito territorial, el desapego hacia la vida pública por parte de la ciudadanía que se viene incrementando en los últimos años.

Desde luego, una de las cuestiones más urgentes es ese principio básico, teóricamente irrebatible, de la igualdad ante la ley también en materia territorial. Se está debatiendo acerca de lo que debería ser un nuevo sistema de financiación. Pues bien, antes que ninguna otra cosa, lo que se pone de manifiesto es que se acaben las diferencias en materia impositiva, así como en los sueldos de los funcionarios públicos, por territorios. No es de recibo que, en la práctica, en asuntos de este calado, se rompa ese principio de igualdad.

Otro aspecto transcendental es la igualdad en materia de servicios públicos. En su momento, Maragall, siendo presidente de la Generalitat, habló de «un federalismo asimétrico». Esto habría que traducirlo con toda claridad: el busilis del asunto no está en quién y dónde gestione esos servicios públicos, sino en su calidad. Podría aceptarse que no todas las comunidades autónomas haya la mismas competencias, pero sería innegociable que hubiese diferencias en la calidad de los servicios públicos como la sanidad o la enseñanza.

A todo esto, debería añadirse otro asunto de la máxima urgencia, como es la necesidad de una regeneración política. ¿Sería mucho pedir que se alcanzase un pacto para acabar con los privilegios de la mal llamada clase política? ¿Acaso no es prioritario que en instituciones y organismos públicos como el Consejo General del Poder Judicial y RTVE, entre otros muchos, dejasen de ser los partidos políticos los que decidan unos nombramientos que despiertan sospechas acerca de la necesaria neutralidad que exige que no haya condicionamientos?

El problema está no solo en la capacidad de llegar a acuerdos necesarios, sino también en la voluntad de corregir y de evitar situaciones que llevan al desapego y al escepticismo. Sin duda, se podrían apuntar otras muchas necesidades de cambio y reforma, pero, como punto de partida, me limito a señalar lo que considero más urgente.

Así pues, no estaría mal plantearse la reforma constitucional como un puente hacia los acuerdos que demandan los tiempos para una mejora imprescindible de nuestra vida pública.

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¿Puigdemont tiene un plan?
Luis Arias Argüelles-Meres 09-12-2017 | 6:07 | 0

Resultado de imagen de Puigdemont manifestación en Bruselas,

¿Habrá leído Puigdemont a Hegel? ¿Entre sus asesores, alguien le habrá explicado lo que significa «el espíritu objetivo» dentro del sistema del pensador alemán? ¿Se dará cuenta el sucesor de Artur Mas de que, a fuerza de repetir la expresión ‘Estado español’, como algo opresivo y tiránico, está incurriendo en el error democrático de considerar que el Estado viene a ser un lastre para los derechos y libertades?

Desde luego –y perdón por la perogrullada– hay Estados totalitarios. Desde luego, cualquier Estado democrático es manifiestamente mejorable. Pero estar contra el Estado sin matices solo es sostenible desde el anarquismo, lo que no creo que tenga mucho que ver con la ideología del señor Puigdemont.

Y, a este propósito, la arenga de Puigdemont en Bruselas, apostando por la Europa de los ciudadanos, frente a los Estados, aparte de la carga demagógica que ello implica, pone de manifiesto que parece desconocer por completo cuál es el papel del Estado, democráticamente entendido, como garante de los derechos y libertades. ¿Cuántos Estados fuera de la Unión Europea son un modelo de perfección democrática? O dicho de otro modo: ¿acaso los Estados de la Unión europea, con todos sus defectos y limitaciones, no son democráticos? ¿Acaso encontraría Cataluña su democracia pluscuamperfecta fuera de la Unión Europea?

¿Puigdemont tiene algún plan que vaya más de improvisar continuamente? ¿En algún momento piensa tomarse la molestia de explicar a la sociedad catalana por qué se volvió atrás a la hora de convocar elecciones, lo que habría evitado la aplicación del famoso artículo 155? Si va a hacer su campaña electoral desde Bruselas, ¿regresará a Cataluña cuando le toque tomar posesión como diputado del Parlament? ¿O lo hará antes con lo que conseguiría una baza importante para el victimismo?

Por otra parte, da la impresión de que Puigdemont no solo no reconoce sus errores, sino que además – lo que es aún mucho peor– no parece haber aprendido gran cosa de ellos. Si la hoja de ruta es la independencia, o, en todo caso, consiste en que la ciudadanía catalana en su conjunto tenga la oportunidad de pronunciarse acerca de su continuidad en España, queda un largo camino por recorrer. Y, de entrada, de nada sirve enrocarse en argumentos a todas luces inconsistentes, sobre todo, seguir sosteniendo que en el referéndum del día 1 de octubre el pueblo catalán se manifestó claramente por la independencia. El problema de ese referéndum no fue solo su ilegalidad, sino también las condiciones en que se celebró, condiciones que no permiten considerarlo válido democráticamente. Lo único que se puede argüir al respecto es que el Gobierno de Rajoy se negó a negociar sus condiciones y celebración.

Lo dicho: a Puigdemont y a todo el independentismo catalán les queda un largo camino por recorrer, y no es de recibo reanudar la hoja de ruta con actuaciones circenses, con negación de los errores y con silencios injustificables a la hora de explicar derivas y bandazos.

Mientras tanto, sería muy conveniente que Puigdemont se documentase sobre «el espíritu objetivo» del que habló Hegel.

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Malestar en la docencia
Luis Arias Argüelles-Meres 05-12-2017 | 4:16 | 0

Profesores y alumnado de los institutos Vallín, Jovellanos y Jimena se concentran a las puertas de este último centro. / CITOULA

«En nuestro país, haría falta que el maestro fuera el primer hombre de la aldea, que supiera responder a todas las preguntas del mujik, que los mujiks reconocieran en él una fuerza digna de atención y de respeto, que nadie se atreviera a gritarle, a humillarlo como lo hacen todos: el policía, el tendero rico, el pope, el comisario y este funcionario al que llaman inspector de escuelas, pero que sólo se preocupa de si se cumplen escrupulosamente las circulares de su distrito y no de mejorar la educación» (Extracto de una carta de Chéjov a Gorki).

Leo en EL COMERCIO que el profesorado asturiano se moviliza reivindicando que se regrese a la situación anterior a 2012 en lo que se refiere a las horas lectivas semanales que le toca impartir a cada docente. Y es que, por mucho que hasta ahora se siga hablando de recuperación económica, sus consecuencias no se tradujeron en eliminar los recortes que el primer Ejecutivo de Javier Fernández aplicó en consonancia con lo dictado por el Gobierno central.

¿Cómo olvidarnos de aquellos recortes que, entre otras cosas, supusieron pérdidas de puesto de trabajo de docentes, además de un aumento en muchos centros del número de alumnos por aula? Así pues, sobraron profesores, pero no cargos políticos digitales. ¡Faltaría más!

Y, a propósito de ese aumento de carga lectiva que se lleva soportando en los últimos seis cursos académicos, incluido el actual, siempre me pregunté cómo llevarían esto nuestros supuestos representantes sindicales, exonerados de dar clase, pues todo el tiempo del mundo es poco para defendernos. Seguramente, ampliaron también en dos horas su presencia en los despachos, porque, en la mayor parte de los casos, apenas van por los centros y cuando lo hacen suelen desearnos suerte vendiendo lotería de sus respectivos sindicatos. No todo iba a ser defensa laboral, también el espíritu calvinista debe ser compartido. ¡Qué bien!

Asimismo, según leí en este periódico, se cuadriplican las amenazas y agresiones a nuestro colectivo. Esto completa la situación límite que se vive en la docencia. O sea, en 2010, al igual que al resto de los empleados públicos, se nos bajó el sueldo, que estuvo congelado a partir de ahí unos cinco años. En 2012, como acabamos de consignar, se aumentó la carga lectiva. Y, por si todo ello fuera poco, las condiciones de trabajo no dejan de empeorar.

Así las cosas, sin ánimo de incurrir en victimismo, es lógico que se viva un malestar creciente y que haya un hartazgo grande al ser tratados profesionalmente como el muñeco de pimpampum.

Por otro lado, alguien tendría que preguntarse qué se puede esperar de una sociedad que dispensa un trato cada vez más desfavorable a su profesorado, qué se puede esperar de la mejoría de un sistema educativo en el que, además, no se cuenta con el criterio de los docentes. Y, por otra parte, no deja de ser desolador que un Gobierno que se reclama de izquierdas no solo haya aplicado los recortes, sino que, cinco años después, a pesar de pintarnos un panorama optimista de estar remontando la crisis, no tenga a bien eliminar esos recortes, ni tampoco se esmera a la hora de defender los acosos y ataques crecientes que padece el colectivo de la tiza.

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