El Comercio
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Tras las elecciones catalanas: Hagamos números
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-12-2017 | 05:17

 

Lo que en verdad toca, tras las elecciones catalanas, es hacer números, números que dicen claramente que los partidos no independentistas lograron más votos que las formaciones políticas que se decantan por la secesión. Frente a ello, está el dato de que, a la hora de contabilizar los escaños, a resultas de la ley electoral, tienen mayor representación los grupos políticos que están por la independencia.

Pero, ante todo y sobre todo, si se extrapolasen los votos del 21 de diciembre a un referéndum, la independencia no triunfaría. Por tanto, nunca se debe perder esto de vista a la hora de interpretar los resultados.

A partir de aquí, las incógnitas que se plantean son enormes. Habrá que dar por hecho que llegarán a un acuerdo las dos fuerzas independentistas más votadas, esto es, Junts Per Catalunya y ERC y, tras ese acuerdo, necesitarían también el apoyo de la CUP. Por otro lado, no se sabe qué hará el ex Presidente Puigdemont, ni tampoco tenemos noticia del tiempo que seguirá en prisión el señor Junqueras.

¿Toca seguir hablando del conflicto entre Cataluña y España, sin poner sobre la mesa que la madre de todos los conflictos está en la sociedad catalana, ya que lo que dicen los números es que no hay una mayoría aplastante que esté por la independencia ni tampoco por continuar formando parte de España? Y esto último, sobre el papel, debería obligar a un diálogo entre las fuerzas políticas catalanas, buscando un acuerdo que se antoja muy difícil de conseguir, pero que tienen el imperativo de buscar.

Desde luego, el resultado electoral del 21 de diciembre no despeja en modo alguno el panorama. Sin embargo, el no hacer caso a lo que dicen los números se volvería a la larga en contra de quienes se empecinasen en obviarlo.

Por otra parte, el enorme batacazo sufrido por el PP no es atribuible, por mucho que se insista en ello, a la aplicación del famoso artículo 155 de la Constitución. ¿Acaso se puede negar que el partido político que consiguió mayor número de votos y de escaños no sólo apoyó la referida aplicación, sino que fue el primero en pedirla?

Lo que queda por delante es sobre todo incertidumbre. Y lo deseable sería que se abandonasen por parte de todos frentismos que impiden un diálogo que dé salida a un conflicto social y político que amenaza con ir a más, si las partes implicadas se enquistan en la rigidez.

Por último, es irremediable consignar que la debilidad de Puigdemont por el efectismo de sus proclamas le lleva a proferir disparates insostenibles. Por ejemplo, su afirmación de que la República catalana le ganó la partida a la Monarquía del 155. ¿No es consciente el mandatario huido a Bruselas que la vertebración territorial de España va más allá de la monarquía o la república como formas de Gobierno? ¿Acaso no existe un republicanismo no independentista?