El Comercio
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Fecha: enero, 2018
Podemos en horas bajas

Las últimas encuestas ponen de relieve una pérdida de credibilidad de la formación morada. Y, en la opinión publicada, hay un criterio casi unánime al respecto: y es que ello obedece sobre todo a la postura que adoptó el partido de Pablo Iglesias con respecto al conflicto catalán, postura ambigua y tibia que, por otro lado, denunció la propia Carolina Bescansa. No cabe ninguna duda de que Podemos nunca debió perder de vista que es un partido de ámbito estatal al que se le supone un proyecto político para España en su conjunto. Y que incurrió en un error que está muy inveterado en la izquierda española, como es considerar que la izquierda debe apoyar a los nacionalismos más radicales.

Sin embargo, tengo para mí que su tibieza en Cataluña no solo no constituye la única causa del supuesto declive de la formación morada, sino que acaso cabe pensar que no es ni siquiera el principal motivo que lleva a Podemos a su peor momento político desde su puesta en marcha en 2014.

Me atrevería a asegurar que el principal activo de Podemos, es decir, Pablo Iglesias, es, al mismo tiempo, el mayor problema de este partido, sobre todo, por su egocentrismo desmedido. Se puede argüir que dicho ‘problema’ siempre estuvo ahí, algo que es obvio. Ahora bien, desde que se cargaron a Errejón, desde que desapareció esa especie de ‘bicefalia’ en el partido, algo que tuvieron otras formaciones políticas, el egocentrismo de Iglesias vino a más de una forma tan exagerada que influyó lo suyo en esa pérdida de credibilidad.

Y, por otra parte, Podemos no logró evitar que el conflicto en Cataluña orillase otros problemas realmente importantes como la corrupción política, como el combate contra la desigualdad (también en el ámbito territorial, aunque no sólo), como los apremiantes cambios que necesita la Constitución, y así un largo etcétera.

Pero, en todo caso, hay que advertir de que, en esta crisis de credibilidad de Podemos, no solo se pone de manifiesto el delicado momento que atraviese la formación morada, sino también toda la izquierda, incluida la izquierda de siglas liderada por don Pedro Sánchez, esto es, el PSOE. Fíjense: ni Podemos sale beneficiado por la falta de presencia del PSOE en el debate público, ni el partido del que el señor Sánchez es secretario es el receptor, en hipotéticos votos, del desgaste que sufre Podemos.

Tenemos una izquierda que está más en las consignas que en el discurso, que se escandaliza y no escandaliza, que no es capaz de transmitir con claridad un proyecto de país que responda a las desigualdades y a los recortes de derechos. Tenemos una izquierda a la que, por un lado, le afecta la crisis que sufre en todo el mundo occidental, y a la que, por otro lado, la sociedad española en su conjunto no acaba de ver en ella un verdadero factor de cambio y de progreso.

A la nueva política que Podemos representa le aquejan males que afectan a toda la izquierda, y a ello se añade el egocentrismo, las purgas internas recientes, la frivolidad y la ausencia de un discurso que plantee con claridad un proyecto de país, un cambio que ilusione, un cambio en el que creer.

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INTERVIÚ: EROTISMO Y DESCARO
Luis Arias Argüelles-Meres 13-01-2018 | 12:48 | 0

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Fue en 1976 cuando salió esta revista, descarada y descarnadamente erótica. Pero su descaro no consistía solo en las portadas que mostraban tetas y culos, sino también en los artículos de algunos de sus columnistas como Vázquez Montalbán y Umbral, a lo que habría que añadir reportajes, a veces memorables, que ponían (también) al desnudo muchas de las miserias de la España de entonces.

Con el cierre de ‘Interviú’ se escenifica una especie de oración fúnebre de los primeros años de la transición, y no acierto a explicarme cómo es posible que en la opinión publicada no se haya reparado en esto.

¿Cómo no recordar a aquellos personajes rijosos, con sus gafas oscuras, sus gabardinas, sus bigotitos, que compraban la revista ‘Interviú’ a veces al salir de misa y que la ocultaban dentro de periódicos todavía adeptos al régimen?

¿Cómo no recordar a aquellos otros que le decían al quiosquero de turno que la “leían porque había muy buenos reportajes de ciclismo, o de política internacional, o vaya usted a saber de qué?

Interviú: el descaro, porque descaro fue que en aquella España pacata y rancia, un año después de la muerte del dictador pudiesen verse en los quioscos cuerpos desnudos que resultaban provocadores no solo para la libido de más de medio país, sino también para quienes, en muchos casos hipócritamente, predicaban la santa castidad y las no menos santas buenas costumbres.

La historia es muy literaria: al menos en sus primeros años, muchos de quienes devoraban sus imágenes eróticas más o menos a escondidas, abominaban de sus contenidos, rojos e irreverentes hasta la extenuación. Muchos de quienes se divertían de verdad con las columnas de opinión y con los reportajes obviaban lo mucho de erótico que había en la mayoría de los números de aquella revista. O sea, la que fue durante décadas la revista más descarada tenía un público muy variado en lo ideológico pero muy uniforme a la hora de que casi todo el mundo ocultaba ciertas ‘debilidades’ lectoras.

Hablamos también de una época en la que las revistas se vendían masivamente. ¿Cómo no recordar publicaciones semanales como ‘Cambio 16’ y ‘Triunfo’ (cuando no la secuestraban), que empezaron a publicarse en el tardofranquismo y que continuaron varios años hasta que los suplementos semanales de los periódicos les empezaron a hacer la competencia?

‘Interviú’ fue, además de otras muchas cosas, una especie de amalgama entre el descaro político con que informaba ‘Cambio 16’ y el excelente columnismo que había en la revista ‘Triunfo’. De hecho, Vázquez Montalbán y Umbral, entre otros, escribieron en esta última revista y también, como consigné más arriba, en ‘Interviú’.

El cierre de Interviú –insisto– significa la oración fúnebre que se le rinde a los primeros años de la transición.

¿Cómo no recordar la transgresión que supuso el desnudo de la que había sido la niña mimada del régimen, convertida ya en mujer con un marcado compromiso político? Pepa Flores desnuda en la portada de ‘Interviú’ fue una tremenda afrenta a los restos del naufragio de una dictadura que intentaba sobrevivir sin el dictador.

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¿LA NUEVA DERECHA?
Luis Arias Argüelles-Meres 09-01-2018 | 7:29 | 2

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«En preguntar lo que sabes / el tiempo no has de perder… / Y a preguntas sin respuesta, / ¿quién te podrá responder?» (Antonio Machado).

Tras el batacazo electoral del PP en Cataluña, cada vez proliferan más los análisis que plantean que, sin tardar mucho, el PP dejará de ser el partido casi hegemónico del conservadurismo español y que ese espacio político será ocupado por Ciudadanos. De cumplirse esta ‘profecía’, volvería a ocurrir algo muy similar a lo que aconteció en 1982, cuando UCD entró en un proceso de agonía política, ocupando su lugar AP, que, años más tarde, tras un proceso de refundación, pasaría a llamarse PP.

Por supuesto, hay que ser prudentes y sería, como mínimo, arriesgado dar por hecho que el PP empezó un declive imparable, al tiempo que Ciudadanos está llamado a ir a más y a convertirse en el gran partido del conservadurismo en España. No olvidemos que, en su momento, UPyD, al decir de muchos analistas, llevaba camino de convertirse en una formación política decisiva en toda España, y a la vista está lo que sucedió.

Desde luego, si se tiene en cuenta el dato estadístico de la franja de edad de la mayoría de los votantes del PP, no sería descabalado aventurar que, sin tardar, el PP irá menos. Ello por no hablar de los continuos escándalos de corrupción que lo salpican, de los que, por cierto, se habla mucho menos a resultas, sobre todo, de la situación política catalana que viene acaparando incesantemente la mayor atención mediática.

A decir verdad, resulta harto paradójico que, para el PP, el conflicto catalán sea a un tiempo un bálsamo que hace de tapadera de sus episodios de corrupción y que, por otro lado, ponga de manifiesto un declive que lo acaba de convertir en un partido residual en Cataluña. Salvoconducto y, al mismo tiempo, condena. ¡Qué cosas!

Y, en lo que respecta a Ciudadanos, quienes dan por hecho que este partido tendrá un crecimiento exponencial, a partir de su indiscutible éxito en las elecciones catalanas, deberían ser también prudentes. Rivera no es Arrimadas.

Dicho esto, no se puede perder de vista que la formación naranja supone, entre otras cosas, un cambio generacional y que, en el supuesto de que llegase a convertirse en el partido conservador de referencia en España, se pondría fin a algo muy atípico, pues los grandes partidos de la derecha europeos no fueron fundados por exministros de regímenes totalitarios, tal y como viene sucediendo hasta ahora en España.

Por otra parte, estando muy claro que, en lo referente a políticas territoriales, Ciudadanos no es hasta el momento un partido dado a componendas, como las que tuvieron y sostuvieron en su día el PSOE y el PP, habría que saber con precisión y claridad si sus planteamientos en materia socioeconómica y educativa difieren o no significativamente del PP.

¿Es coherente que Ciudadanos, sosteniendo un discurso contundente contra la corrupción, sea el principal apoyo del PP en el ámbito estatal?

En definitiva, hacer profecías es muy fácil, pero también resulta muy arriesgado.

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“Epistolomanía” unamuniana
Luis Arias Argüelles-Meres 06-01-2018 | 11:43 | 0

“Yo no sé hasta dónde llegaría si dejara correr libremente la pluma, llevado de mi espistolomanía”. (De una carta de Unamuno a Clarín en 1895).

La Universidad de Salamanca acaba de publicar el primer tomo del “Epistolario”, de Unamuno que abarca el periodo comprendido entre 1880 y 1899. Se trata de 303 cartas, de las que 60 son inéditas. La edición está al cuidado de los hispanistas Colette y Jean-Claude Rabaté, que en 2009 acometieron la biografía del autor que nos ocupa.

El presente epistolario es imprescindible para quienes sientan interés por comprender cómo se fue forjando el Unamuno poeta, ensayista, novelista  y autor dramático, el Unamuno iberista, interesado también la literatura hispanoamericana, el Unamuno filólogo con puntos de vista realmente originales y llamativos, el Unamuno, en fin, que llegaría a liderar la generación literaria que marcó el camino de lo que se viene llamando la Edad de Plata de nuestras letras.

Cartas que son en muchas ocasiones confidencias propias de un diario íntimo, cartas que son en no menos ocasiones auténticas hojas de ruta de la creación literaria del autor, cartas que son también fidedignas fuentes de información de cuáles fueron las lecturas que más marcaron a nuestro escritor, cartas que son, en fin, inequívocas muestras de cómo interpretó el propio Unamuno acontecimientos que marcaron nuestra historia y su propia vida: pongamos que el Desastre del 98, pongamos que los conflictos sociales y políticos en Cataluña.

En estas cartas  está el primer Unamuno, autor de la novela “Paz en la guerra, la única narración suya en la que describe paisajes, en la que todavía no llegó a lo que más tarde serían sus “nivolas”.

A propósito de su novela “Paz en la guerra”, es digno de mención el hecho de que don Miguel esperaba ansiosamente que Clarín escribiese una reseña de este libro, Sin embargo Alas ni siquiera  le habló al respecto en la correspondencia que mantuvieron ambos escritores, por mucho que Unamuno le había manifestado que anhelaba conocer su opinión al respecto.

Tuvo que conformarse don Miguel, en lo que a nuestra tierra se refiere, con una reseña que escribió Rafael Altamira que en 1897, año de publicación de “Paz en la Guerra”, obtuvo su cátedra en la Universidad de Oviedo, y se integraría en la época dorada de nuestra Alma Máter.

Pero, a pesar del silencio de Clarín sobre “Paz en la guerra”, Unamuno le siguió profesando respeto y admiración tal y como se manifiesta en el conjunto de cartas dirigidas a Leopoldo Alas y que figuran en este volumen.

Y ya que estamos con Unamuno y Asturias en este tomo I del Epistolario, acerca de Palacio Valdés, sólo emite juicios positivos sobre la novela “Maximina”. El resto de la producción novelística del autor de “El Maestrante” la encuentra muy floja.

También es obligado consignar que Unamuno muestra interés por los estudios sobre el bable que se publicaban en periódicos y revistas de nuestra tierra.

Nos encontramos, en definitiva, con un volumen plagado de textos muy valiosos no sólo por la calidad literaria que atesoran, sino también porque nos ayudan a entender la obra y la trayectoria pública de uno de nuestros escritores contemporáneos más prolíficos y de mayor talento, cuya mirada se proyectó también sobre Asturias y sobre los asturianos más ilustres de entonces.

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Sobre el discurso navideño de Javier Fernández
Luis Arias Argüelles-Meres 04-01-2018 | 10:53 | 0

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Para el coordinador de IU en Asturias, el discurso de fin de año de Javier Fernández fue «autocomplaciente, previsible y decepcionante». A mi juicio, fue, sobre todo, un paso más en su ritual de despedida que comenzó tras el resultado de las primarias en el PSOE. Veamos: doy por hecho que cumplirá su mandato hasta 2019, lo que no impide que se vea ya en la fase final de su trayectoria política. Y el tiempo que queda hasta las próximas elecciones autonómicas y municipales será un cumplimiento del deber. Nada más y nada menos. De principio a fin, en la música y la letra de su discurso, la despedida estuvo omnipresente. Enumeró los que son, a su juicio, los retos más importantes de Asturias, entre ellos, el declive demográfico, cuya solución, según manifestó, depende ante todo de España y de Europa. Apostó por la importancia de la industria en Asturias y pidió flexibilidad con la minería del carbón.

Si bien manifestó su preocupación ante las consecuencias del cambio climático, no pareció estar muy alarmado por los altos índices de contaminación en determinadas localidades de Asturias, ni tampoco planteó un fuerte empeño en que se termine la obligada emigración de los jóvenes ante la tesitura de una tierra que apenas les ofrece opciones de puestos de trabajo acordes con su formación.

Javier Fernández y la vieja política. Un matiz: no estoy totalmente convencido de que la nueva FSA sea tan nueva política como a sí misma se reclama. No descarto que pueda haber en esto su no sé qué lampedusiano. No obstante, por razones generacionales e ideológicas, lo que Javier Fernández representa es la vieja política, el bipartidismo, el inmenso poder del SOMA en Asturias, su entendimiento con el PP que llegó hasta los anteriores presupuestos, su apuesta, en el ámbito estatal, por el PSOE más conservador, sin que ello signifique que los nuevos dirigentes del partido sean, de verdad, tan izquierdistas como se autoproclaman.

No hubo tampoco en el discurso de Javier Fernández una apuesta concreta de futuro en la que manifestase entusiasmo alguno. No hubo palabras que nos hiciesen pensar en que está dispuesto, en la medida de sus posibilidades, a que se frene la decadencia en las alas, a que se intenten corregir las desigualdades en servicios públicos que se sufren en esos territorios que forman parte de la geografía del abandono.

Javier de despide sabedor de que a la política asturiana y española llegan otros tiempos y otros discursos, sabedor, por tanto, de que su tiempo se está acabando. En tales circunstancias, el tiempo que le queda al frente del Gobierno asturiano será, como dije más arriba, un cumplimiento del deber.

Así las cosas, no cabe esperar que, en lo que le queda de mandato, «lo mejor esté por venir».

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