El Comercio
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El desconcierto en la izquierda
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-01-2018 | 03:23

Resultado de imagen de pedro sanchez pablo iglesias y alberto garzón

No sólo en Cataluña se escenifica el desconcierto y el descalabro de la izquierda. No sólo en Cataluña, digo, donde el voto mayoritario en muchos barrios obreros fue para doña Inés Arrimadas. Y, ante ello, las preguntas son tan obligadas como inevitables para la izquierda.

Si de Cataluña pasamos al resto del país, las últimas encuestas -con  la prudencia obligada con la que hay que encararlas- no resultan muy favorables precisamente para las fuerzas políticas que se reclaman de izquierdas. Y, en fin, en el contexto europeo,  salvo muy contadas y honrosas excepciones, tampoco se puede decir que corren buenos tiempos para los partidos que  pretenden combatir la desigualdad y la miseria.

Entre las muchas paradojas que viene provocando la crisis, está el hecho de que, a pesar de ella, los partidos de izquierda no vienen cosechando resultados que nos puedan hacer pensar que las personas más desprotegidas socialmente demuestren su confianza en formaciones políticas que, en teoría, están para combatir las causas y los efectos de un empobrecimiento creciente de la inmensa mayoría de la población.

Pero vayamos por partes: si Pedro Sánchez ganó las primarias en su partido fue porque la mayoría de la militancia socialista estaba harta de que, con siglas de izquierdas, se practicasen políticas de derechas donde viene gobernando el PSOE o que, desde la oposición, se permitiese gobernar al PP. Pero, tras esa batalla ganada por el actual secretario general socialista, queda un largo recorrido pendiente lleno de dudas, que pasa por saber  si la ciudadanía estará dispuesta a creer en su proyecto de país, un proyecto de país que, en lo social, en lo económico y en lo cultural, ni puede ni debe ser idéntico al del partido conservador.

De todos modos, el batacazo del PSC en las elecciones catalanas, dando por sentado que las extrapolaciones no deben hacerse alegremente, no le augura al PSOE un panorama despejado para recuperar tantos y tantos votos que se fue dejando en el camino.

Por otro lado, siguiendo con la izquierda patria, tampoco se puede afirmar que Podemos esté atravesando un buen momento: a veces, las circunstancias son muy exigentes y, para sobreponerse a ellas, hace falta algo más que el acierto en los eslóganes.

¿Y qué decir de IU? Ciertamente, es triste que, desde la marcha de Anguita, haya pasado de ser la marca blanca del PSOE, sobre todo en Andalucía y en Asturias, a diluirse dentro de Podemos.

¿Qué hacer y qué decir para que las personas más desfavorecidas vuelvan a depositar su confianza, mayoritariamente hablando, en la izquierda? Tiene que resultar desolador, si de verdad hay un proyecto de país diferente, comprobar que los colectivos a quienes dirigen sus proclamas no depositen su confianza en partidos políticos de izquierdas.

Toca elegir entre la autocrítica y la resignación, una autocrítica que lleve, si no a un cambio claro en el discurso, sí al menos a una serie de apuestas convincentes, apuestas por lo irrenunciable, que no por lo posible.