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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Ya no podremos seguir siendo los mismos

Resultado de imagen de Forges, el comercio

«La gente no aprecia la mañana. Se despiertan por la fuerza, con la ayuda del despertador, que destruye su sueño como un hacha y se entregan repentinamente a una lastimosa prisa». (Kundera).

Tras la muerte de Forges, nosotros, los de entonces, ya no podremos seguir siendo los mismos. Tras la muerte de Forges, este país no podrá seguir siendo el mismo ni tampoco lo mismo. Tras la muerte de Forges, la inteligencia, que necesita de la ironía como cauce de expresión, como oxígeno para respirar, sufre una orfandad inevitable.

Como antídoto a tanto ruido y a tanta furia, las viñetas de Forges siempre nos arrancaron esa sonrisa con la que nuestros días mejoraban.

Como referente de primer orden de nuestra educación sentimental, Forges siempre estuvo aquí, siempre estará con nosotros, con más de una generación.

¿Cómo no recordar aquellos «misterios» de varias cifras con los que Forges nos deleitaba a últimos de la década de los setenta y a principios de los ochenta? Los hay memorables, por ejemplo aquel en el que se decía: «El señor López Rodó pide la mano de Nadiuska». ¿Cómo no recordar que aquello que estaba al fondo era Mondoñedo?

Historias de aquí. ‘Historia de aquí’. Nuestro devenir más lejano y también más próximo contados con esa mezcla perfecta de ternura y sentido del humor, sazonado todo ello con su no sé qué de complicidad buscada con el público lector.

Se nos fue Forges con 76 años. Por tanto, está muy cerca, cronológicamente, de la generación sesentayochista, cuyo principal representante en la vida pública es Felipe González. Pero, mire usted, nada que ver. El personaje que aquí nos trae no resiste parangón con aquellos que hicieron todo un discurso continuo del desdecirse. Nada tiene que ver con abrazos aristocráticos ni con traiciones a legados morales e históricos.

A Forges, el poder no lo obnubiló. Lo que hizo fue mofarse de sus usos y abusos. A Forges, jamás le entró eso que otros llamaron realismo, que consistió en abaratar sueños y en incurrir en cinismos más o menos vomitivos.

¡Qué tristeza la nuestra al saber que no nos vamos a encontrar con sus viñetas para alegrar nuestros trabajos y nuestros días! ¡Qué orfandad la nuestra al tener noticia de que tenemos que hacernos a la idea de que su complicidad ya ha dejado de acompañarnos!

Nos queda la infinita gratitud que le debemos por habernos arrancado tantas sonrisas, por haber puesto miel eliminando la hiel. Nos queda preguntarnos cada día cómo sería la viñeta de Forges ante el episodio sainetesco de cada día, ante el esperpento continuo que es nuestra vida pública.

Sin duda, mire usted, a Forges le seguiremos preguntando. A Forges lo seguiremos invocando.

Siempre.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/

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